Por Enrique Pfaabpfaab.enrique@diariouno.net.ar
Momentos de terror vivió una familia de Rivadavia. El docente Mauricio Lancellotti contó que " lo único que pienso es que estamos todos vivos y sanos. El resto se recupera" después de que derribaran la puerta de su casa a las patadas.
“Les pedía que no le hicieran nada a las nenas y uno de ellos contestó: ‘Tranquilo, yo también soy padre’”
“Yo les pedía que no le hicieran nada a las nenas y uno de ellos me contestó: ‘Quedate tranquilo, que yo también soy padre’”.
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El docente rivadaviense Mauricio Lancellotti (40) estaba increíblemente tranquilo, pese a que antenoche cuatro hombres armados le abrieron la puerta de su casa a patadas, lo maniataron a él, a su esposa, María Elena (38), y a sus hijas Guadalupe (11) y María Paz (8), y en una hora y media les desvalijaron totalmente la vivienda y huyeron en su auto.
“Es que después de esto lo único que pienso es que estamos todos vivos y sanos. El resto se recupera”.
“Patearon la puerta y se metieron. No hubo tiempo para nada. Uno me puso la pistola en la cabeza y nos dijeron que nos quedáramos quietos. Tenían las cabezas cubiertas con las capuchas de la campera y las caras tapadas con pañuelos. Eran jóvenes y sabían bien lo que hacían”. Uno de los delincuentes, todos estaban armados, sacó un puñado enorme de precintos.
A razón de tres por mano, ataron a Mauricio y a su esposa a las sillas, y les pusieron cinta de embalar en la boca.
Después se dedicaron a revolver todo y a cargar en el auto Renault Clio azul todo lo que encontraron: desde la computadora, hasta las mochilas de las nenas. Desde las ollas y sartenes, pasando por $500 en efectivo, hasta un kilo de milanesas que estaba en la heladera.