En una bulliciosa ciudad de China, enero de 2015 fue el escenario para un doble ataque a un mismo pene. Un caso que habla de infidelidad, toxicidad y claro que un poco de bizarro.
Le cortó el pene a su novio infiel, se lo volvieron a colocar en un hospital y se lo volvió a amputar
El insólito doble ataque contra el pene del hombre terminó con la mujer detenida y juzgada
Feng, una mujer de 30 años, descubrió la infidelidad de su esposo, Fan Lung, de 32 años, no con un perfume extraño o un mensaje casual, sino usando el teléfono de su marido para enviarle un correo ardiente a su amante.
Hasta ahí, una historia de infidelidad de las que hay millones entre parejas. Pero lo que siguió fue un acto de furia que dejó a Fan sin su virilidad, dos veces, y convirtió un drama doméstico en un escándalo nacional.
El doble ataque al pene
La mujer había notado cambios en la rutina de su pareja: las noches largas en "el trabajo", el teléfono siempre cargando. Pero fue el descuido de Fan lo que selló su destino. Olvidó cerrar sesión en su cuenta de correo, y Feng, con una mezcla de rabia y cálculo frío, redactó un mensaje explícito dirigido a Zhang: "Te extraño, ven esta noche". Al día siguiente, cuando la tercera en discordia respondió con entusiasmo, tuvo su prueba irrefutable.
La noche del ataque, el 10 de enero, Fan se acostó exhausto tras una discusión menor sobre finanzas. Feng esperó a que el sueño lo venciera. Armándose con unas tijeras de cocina afiladas, cortó el pene de su esposo de un tajo preciso.
Fan despertó en agonía, sangre empapando las sábanas, mientras Feng lo observaba impasible. "Por lo que me has hecho", murmuró ella, según reconstruyó la policía de China. Fue trasladado al Hospital Central de Shangqiu, donde un equipo de urólogos, en una cirugía de emergencia de ocho horas, logró reimplantar el órgano.
Pero Feng no había terminado. Obsesionada con la traición, planeó su segundo ataque. Dos días después, disfrazada con una bata de enfermera robada, se infiltró en el hospital con las tijeras ocultas y repitió el acto: un corte rápido y el pene, recién suturado, cayó al suelo. Esta vez, en un arrebato final, lo recogió y lo lanzó por la ventana del tercer piso.
Fan, despertando en un charco de sangre, gritó hasta que las enfermeras irrumpieron. Corrió desnudo hacia la recepción, persiguiendo a su pareja, quien forcejeaba con él en el vestíbulo. "¡Me lo merecía!", chillaba ella mientras la seguridad la sometía. El caos alertó a todo el hospital: un hombre desnudo golpeando a una mujer, sangre por todas partes.
La búsqueda del pene perdido fue digna de una comedia negra. Médicos y policías rastrillaron el callejón con linternas, interrogando a testigos y revisando contenedores de basura. Nada.
Feng fue arrestada esa misma noche y acusada de "lesiones corporales graves intencionales", un delito que en China prevé hasta 10 años de prisión. Durante el interrogatorio, no mostró remordimiento: "Me humilló frente a mis hijos. Merecía perder lo que usó para traicionarme". Su juicio, en marzo de 2015, duró solo 2 días. El tribunal de Shangqiu la condenó a 8 años de cárcel por el doble ataque al pene.






