Dominique Scharf nació en 1960 en São Paulo, en el seno de una familia de élite de Brasil: su padre era norteamericano y su madre alemana, lo que le permitió crecer rodeada de lujos, educación en colegios exclusivos y un entorno de privilegios que contrastaría drásticamente con su futuro criminal.
La intelectual adinerada que se convirtió en una criminal profesional
La apariencia de esta mujer de Brasil nunca hizo pensar que estaba vinculada al mundo del crimen
Desde adolescente mostró inclinaciones hacia pequeños robos en casa y en tiendas, pero la escalada criminal se aceleró tras la muerte de su padre y el distanciamiento de su madre.
A los 21 años, en 1981, fue detenida por primera vez, marcando el inicio de una trayectoria delictiva que la llevaría a acumular decenas de procesos en Brasil. Su inteligencia, encanto y dominio de varios idiomas la convirtieron en una figura singular: una mujer culta y sofisticada que usaba su apariencia y astucia para delinquir.
La criminal camuflada
A lo largo de las décadas de 1980 y 1990, Dominique Scharf se especializó en estafas y robos. Uno de sus métodos más notorios fue el llamado “Golpe del Amor”, donde seducía a hombres casados o adinerados, los fotografiaba en situaciones comprometedoras y luego los chantajeaba.
También aplicaba estafas en hoteles y restaurantes de lujo —hospedándose sin pagar o insertando objetos extraños en platos para evadir cuentas—, vendía joyas falsas y falsificaba cheques.
Su habilidad para crear múltiples identidades y moverse en círculos altos la hizo famosa en la policía de Brasil como una estafadora profesional. En los años 90 ya acumulaba una ficha con múltiples condenas.
La violencia entró en su historial cuando, en 2003, durante un robo a un vendedor de joyas, fue acusada de tentativa de homicidio doblemente calificado. Este hecho agravó su situación penal. A pesar de su perfil “intelectual”, su carrera incluyó episodios audaces: fugas espectaculares de prisiones -como escalar un muro de 6 metros- y hasta incidentes menores como arrojar colillas en tazones de comida en la cárcel.
Con más de 20 procesos unificados, su pena total alcanzó los 57 años, aunque el sistema brasileño limitaba la prisión efectiva a 30 años en ese momento. La criminal pasó gran parte de su vida adulta tras las rejas. En septiembre de 2025, a los 65 años, fue liberada tras 32 años de prisión efectiva.






