Policiales Miércoles, 26 de septiembre de 2018

La de Bordón fue la primera condena en el mundo contra el Próvolo

Cayó el velo, se quebró el pacto de silencio. Las denuncias de los ahora ex estudiantes del instituto, quienes revelaron haber sido víctimas de violaciones y todo tipo de abusos sexuales cuando eran menores, son finalmente ciertas.

Es de noche en el instituto católico Antonio Próvolo para niños sordo mudos, en Carrodilla, Mendoza. Jorge Bordón (62), encargado del albergue nocturno, ingresa junto con los sacerdotes Nicola Corradi y Horacio Corbacho a la habitación de un alumno menor de edad. Lo despiertan y lo obligan a practicarles sexo oral. Así reza una de las 11 acusaciones que, contra todo pronóstico, admitió como verdadera uno de los acusados.

Cayó el velo, se quebró el pacto de silencio. Las denuncias de los ahora ex estudiantes del instituto, quienes revelaron haber sido víctimas de violaciones y todo tipo de abusos sexuales cuando eran menores, son finalmente ciertas.

Cuando nadie se lo esperaba, Jorge Bordón, uno de los 15 imputados, conocido en la escuela como el Monaguillo, porque supo desempeñar esa función, se declaró culpable ante la Justicia en 11 hechos de abusos sexuales contra cinco víctimas, a cambio de negociar la condena.

Finalmente acordó con la fiscalía y las querellas, una pena de 10 años de cárcel por abuso sexual con acceso carnal (obligado a los menores a practicarle sexo oral), abusos gravemente ultrajantes, abusos sexuales simples y corrupción de menores.

La primera en el mundo

Se trata de la primera sentencia de prisión en todo el mundo contra un miembro del Próvolo, cuyo Instituto ha sido arrasado internacionalmente en los últimos dos años por denuncias de abusos sexuales contra chicos hipoacúsicos, tanto en Italia, como en La Plata, Provincia de Buenos Aires y en Mendoza.

Para el fiscal Gustavo Stroppiana y los querellantes, Sergio Salinas de la ONG Xumek y Oscar Barrera, es una victoria que no esperaban ahora.

El juicio oral y público que está por venir estaba lleno de peligros. Las defensas de los acusados hicieron todo lo posible para desacreditar a los intérpretes de las víctimas durante la investigación penal.

De izquierda a derecha, el fiscal Stroppiana y los abogados querellantes Salinas y Barrera. Foto: Fernando Martínez.
De izquierda a derecha, el fiscal Stroppiana y los abogados querellantes Salinas y Barrera. Foto: Fernando Martínez.

Intentaron sin éxito la nulidad de la tarea de los interpretes que habría hecho caer todos los testimonios.

Hasta denunciaron una confabulación de los ex alumnos sordomudos para enriquecerse a través de demandas judiciales con las arcas de la Iglesia Católica.

La sentencia, impuesta ayer por el juez Marcelo Gutiérrez del Barrio, deja muy mal parados de cara al juicio oral y público, a los sacerdotes Nicola Corradi y Horacio Corbacho, el primero, jefe máximo del Instituto en Mendoza y el otro su segundo.

También complica al resto de los imputados, que son 14 en total, entre curas, monjas, personal docente y de maestranza, y profesionales que prestaban servicio en el colegio.

Todo surgió inesperadamente en la audiencia preliminar que se realizó contra los cuatro principales acusados, Corradi, Corbacho, Bordón y Armando Gómez. El resto tramitan en un segundo expediente que todavía no llega a esta instancia.

El infierno en la casita de Dios

El caso del padre Corradi, quien tiene 82 años, es emblemático porque las denuncias en su contra de haber violado menores lo persiguen desde Italia y también desde La Plata, donde estuvo a cargo antes de llegar a Mendoza como el jefe máximo. Un historial de abusos sexuales de más de 30 años.

Uno de los principales apuntados. El cura Corradi, con arresto domiciliario por su salud.
Uno de los principales apuntados. El cura Corradi, con arresto domiciliario por su salud.

Hace algunas semanas, la Justicia bonaerense allanó el Instituto Próvolo de La Plata, a partir de las revelaciones que salieron a la luz de un ex alumno platense que declaró en la causa mendocina.

En aquella declaración, la víctima del Próvolo de La Plata, que ya es un varón adulto, acusó al padre Nicola Corradi de abusos sexuales reiterados y de haber montado un infierno en aquel establecimiento. El relato era similar a lo denunciado aquí.

El Próvolo de Carrodilla también era un infierno. Violaciones, abusos sexuales cotidianos, intimidaciones, amenazas, un cuadro de flagrante esclavitud sexual.

Los alumnos que pernoctaban allí era atacados en sus habitaciones, filmados desnudos en las duchas, obligados a ver materiales pornográficos y forzados a todo tipo de práctica sexuales.

Estaban además las sesiones especiales en "la casita de Dios", como llamaban al altillo el personal religioso y de maestranza.

No se trataba de ir a rezar sino de realizar orgías descontroladas en donde los menores sordomudos eran transformados en esclavos sexuales de los religiosos y empleados que participaban en conjunto.

"La casita de Dios" era una mazmorra con cadenas agarradas a la pared. Allí los depredadores encadenaban a los menores para abusar de ellos, castigarlos y golpearlos.

La inspección judicial al altillo permitió hallar y secuestrar esas cadenas como así también determinar donde se amuraban.

Escuela en la mañana, albergue de retiros espirituales en fines de semana y el infierno en las noches, donde el calvario era para los niños y no los religioso que juraron ante la cruz.

-De 10 a 50 años era la pena de prisión que arriesgaba el confeso Jorge Bordón de ir a juicio. Con el acuerdo consiguió la mínima. Para la fiscalía y la querella Bordón viene a confirmar que los hechos existieron.