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Destruidas y con el rostro desfigurado, Yamila Monje y una de sus hermanas no tienen consuelo ante el asesinato de su madre y su sobrinito perpetrado por el policía José Ontiveros. Piden justicia.

Habló la esposa del policía que mató a su suegra y su sobrino: “Lo único que importa es que él pague lo que hizo”

Por Catherina Gibilarocgibilaro@diariouno.net.ar

“No vamos a hacer declaraciones. Sigan escribiendo lo que quieran, total mi mamá y mi sobrinito están muertos. Lo único que importa es que ahora él pague por lo que hizo”.

La frase pronunciada con mucho dolor pero con fuerza es de Yamila Monje, ex esposa del efectivo José Ontiveros (34), acusado de asesinar a balazos a su suegra, Gabriela Beatriz Fernández (44), y a su sobrinito Benjamín Yamil Monje (8). Fue el domingo en horas de la tarde, en el barrio Solares de San Antonio, de Guaymallén, delante de la vivienda de los suegros, ubicada en la manzana H casa 32. Abuela y nieto fueron velados en la calle Maipú 636 de Ciudad, donde el lunes numerosas personas fueron a darles el último adiós.

Las escenas de dolor de las tres hermanas y su padre son indescriptibles.

Pero también en los ojos de todos aquellos que estaban allí -muchos de ellos policías- las lágrimas eran una constante. Especialmente cuando se acercaban al pequeño cajón blanco de Benjamín. Cerca de las 10.30 de ayer, el cortejo fúnebre llevando abuela y nieto partió hacia su morada final en el Parque de Descanso. El lunes en la escuela Alem de San José de Guaymallén, adonde concurría Benjamín, decretaron un día de duelo y ahora los pequeños compañeritos volverán a las aulas, seguramente con asistencia psicológica y con gran contención que les brindarán sus maestras.

Ayer al atardecer, Yamila, quien es policía al igual que su hermana Gabriela (madre del niño, quien era hijo único) estaba con la mirada perdida en la puerta de la vivienda de sus padres, en cuya vereda se consumó la grave tragedia que enlutó a toda su familia. Con ella estaba una de sus hermanas compartiendo la misma tristeza. Sus rostros reflejan el inmenso dolor frente a un suceso que las golpeó sin piedad. Porque nada hacía presagiar algo semejante, tan impensado, cual es el doble crimen de dos inocentes, pese a que Ontiveros había tenido prohibición de acercamiento a Yamila, dictado por un tribunal de familia.

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