Nicolás Gil Pereg, acusado de asesinar a su madre y a su tía en su casa de Guaymallén, podría tener pediculosis debido a su gran de falta de higiene, por lo que deberán evaluar su situación. Además, continúa con sus conductas desagradables, como la de no hacer sus necesidades en el inodoro.

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Desde que está detenido, en enero pasado, se niega a bañarse. A pesar que una vez lo hicieron a la fuerza, ya saben que no pueden obligarlo, y Gil Pereg empeoró cada vez más su aspecto.

Con pelo y barba largas, sumado a que usa casi la misma ropa desde que fue detenido en enero pasado, su falta de higiene preocupa a las autoridades del Servicio Penitenciario.

En las últimas semanas notaron que se rasca mucho la cabeza, por lo que sospechan que podría tener piojos, por lo que tiene que ser evaluado por personal de Sanidad del penal Boulogne Sur Mer.

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Además, también está en juego la salubridad de los penitenciarios que tratan con él, que hacen los traslados o lo asisten, por lo que analizan si es necesario cortarle el pelo, aunque estiman que él se negará.

Otra de las situaciones que sigue preocupando al personal es que no defeca en el inodoro, por lo que todos los días deben limpiar su celda directamente con hidrolavadoras.

Las últimas veces habría hecho sus necesidades sobre un televisor que tiene en su celda, otra vez en una mesa, y en otra oportunidad directamente lo hizo sobre su cama.

A pesar de estas desagradables situaciones, el Servicio Penitenciario debe garantizar que su alojamiento en el penal, donde permanece solo en una celda por estas conductas, esté limpio, a pesar que él se niegue a bañarse y a mantener ese orden.

La causa

Nicolás Gil Pereg está preso desde enero de este año, luego de denunciar la desaparición de su tía Lily Pereg y su madre Pyrhia Saroussy, un día después de haber llegado desde Israel. Su madre no lo veía hacía 10 años, y su tía nunca había estado en Mendoza.

Una semana después, sus cuerpos fueron encontrados enterrados en el gran predio que tenía Gil Pereg en la calle Roca, frente al cementerio de Guaymallén, donde vivía con decenas de gatos, rodeado de basura y mugre, en muy precarias condiciones.

Su tía fue asesinada a tiros, mientras que si madre fue ahorcada. Luego de muertas, las dos fueron atravesadas con hierros, y las enterró en un sector en construcción que tenía.

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El imputado por el doble crimen siempre negó tener algo que ver con lo ocurrido, e incluso, antes que los cuerpos de las víctimas fueran trasladados a Israel, le pidió a la fiscal Claudia Ríos ver a su madre para despedirse.

Con el avance del tiempo se fueron conociendo detalles escabrosos, como que quería tener hijos y había averiguado para realizar inseminación artificial. Pero su deseo era que su propia madre engendrara a su hijo.

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