En abril de 2024, en Nueva York, de destapó uno de los casos de maltrato infantil más graves en la historia reciente de Estados Unidos. Robert Buskey, de 35 años, cometió el crimen de su propia hija tras dejarla varios meses encerrada en su habitación con total ausencia de comida, agua o cualquier otra necesidad básica.
Encerró a su hija durante meses en la habitación y la condenó a morir de hambre
Un ex luchador de artes marciales mixtas fue declarado culpable y recibirá una dura pena por lo que le hizo a su hija en uno de los hechos de negligencia paternal más graves

El hombre que sometió a su hija a un calvario.
Cuando se descubrió el caso, la menor de 5 años yacía acurrucada en posición fetal dentro de un pequeño corralito para bebés demasiado estrecho para su edad. A pesar de que la casa estaba llena de comida y agua, Robert Buskey había mantenido a su hija aislada del mundo exterior durante meses, sin permitirle salir, comer o beber adecuadamente.
También su hijo de 3 años fue hallado en una jaula improvisada en el comedor. Ambos niños habían dado positivo por cocaína tras las pericias que se realizaron luego del crimen de la niña.
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Tortura y crimen a su propia hija
Robert Buskey, exluchador aficionado de artes marciales mixtas, se declaró culpable en enero pasado por el crimen. Según los fiscales, mientras sus hijos sufrían, él pasaba el tiempo consumiendo drogas y jugando videojuegos, ignorando por completo sus necesidades básicas.
Su hija había escapado una vez de la habitación, por lo que el padre reforzó el candado con cinta adhesiva para asegurarse de que no pudiera salir. La niña no asistía a la escuela ni recibía atención médica, y su aislamiento fue total durante un período prolongado. El hijo menor también mostraba signos severos de desnutrición y había sido confinado de manera similar.
El 3 de abril pasado, un juez condenó a Robert Buskey a la pena máxima permitida por el acuerdo de culpabilidad: 27 años a cadena perpetua. Durante la audiencia de sentencia, el acusado reconoció su responsabilidad y declaró ante el tribunal: “Me lo merezco. Entiendo por qué todos me ven como un monstruo”.
El juez rechazó los argumentos de la defensa sobre problemas de adicción y salud mental del padre, describiéndolo como un “narcisista absoluto, egoísta y sin empatía” que condenó a su hija a morir de hambre y sed detrás de una puerta cerrada. Destacó la ironía de que en prisión Robert Buskey tendrá cama, comida y agua, condiciones mucho mejores que las que sufrió la víctima del crimen.