Crónicas de la infamia: "Operativo Abril de 1977" – Capítulo I

Por UNO

*El siguiente relato es extraído del expediente del noveno juicio por delitos de lesa humanidad durante la última dictadura militar*

Ya había pasado 1976. La parte más cruda. El año en que la mayor parte de los nombres desaparecieron. Pero no era suficiente. Nunca lo fue para ellos. Corría 1977 y en la calle todavía había "subversivos residuales". Les decían así porque eran algunos pocos que habían logrado escapar al olfato de los secuestradores.

Pedro Ulderico Ponce era uno de ellos. Y lo sabía. Fue uno de los primeros Montoneros en Mendoza, aunque a esa altura se había alejado de la militancia.

El primer aviso llegó en 1974. Un juez federal había ordenado su detención. Ese juez era Luis Miret. La historia lo recordaría después no por impartir Justicia sino por morir condenado a prisión perpetua como cómplice civil de las atrocidades.

Ponce había nacido en La Consulta, un pueblo tranquilo del Valle de Uco. En su juventud se afincó en el Gran Mendoza, donde se casó y tuvo dos hijos. Consiguió trabajo en el Estado. Todas las mañanas se dirigía a la Biblioteca San Martín. Ese 4 de abril del '77 no fue la excepción.

A las 7.20 ingresó. A las 12 salió. Por última vez. La luz del día alumbraba la Alameda en esa fría jornada. Pedro se topó con un compañero de estudios. "Hola" va, "hola" viene. El diálogo se vio interrumpido por un grupo de personas. Tenían armas largas, vestían de civil pero aseguraban ser de la Policía Federal. 

"¿Quién es Pedro Ponce?", preguntó uno. Seguramente sabiendo lo que iba a pasar y sin tener escapatoria, su último acto fue de valentía. "Soy yo", dijo, firmemente, sin negar su identidad. Fue subido a un furgón y ésa fue la última noticia que se supo de él.

En los próximos meses, su esposa, sumida en una depresión, recordaría aquel jovencito con problemas mentales que jugaba a las bolitas todos los días en la esquina de su casa. No lo vio nunca más. "Era un poli infiltrado", le aseguraron.

Pedro no fue la única víctima. Durante los cinco días siguientes, 15 personas más caerían en manos militares.