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Un homicidio ocurrido este jueves en Malargüe y un accidente de tránsito que tuvo lugar el martes en Maipú tienen similares y curiosos antecedentes.

Coincidencias familiares en un hecho policial y tristes antecedentes en un bar

Por Sebastián Salassalas.sebastian@diariouno.com.ar / @sebasalas_

Muchas veces, las crónicas policiales tienen ciertas semejanzas y puntos en común. En algunas ocasiones, estos entretejidos dejan de ser casualidad e influyen en la investigación de los casos con el entrecruzamiento de datos. En otras, sólo quedan como una anécdota.Esta semana hubo dos curiosas coincidencias. Un accidente en un auto en Maipú y un homicidio en el departamento más austral de la provincia tienen antecedentes demasiado similares. ¿Casualidad o causalidad? Será cuestión de los pesquisas determinarlo.
El bar de la muerte Daniel Alejandro Corales tenía 29 años cuando fue ultimado en las primeras horas de este jueves. El hombre recibió un disparo en la cabeza en la puerta de un bar en Malargüe. Horas después, aproximadamente a las 10, murió por la pérdida de masa encefálica que sufrió. Daniel Corales fue asesinado de un disparo en la cabeza.En los primeros avances investigativos, los sabuesos policiales aseguraron que la víctima fatal protagonizó una pelea en el interior del bar Sayonara –cuya traducción del japonés es "Adiós"-, ubicado en calle Villa Nueva al 1773.Desde 2013 hasta esta parte, el asesinato de Corales es el tercero que tiene como factor en común el mismo teatro de los hechos donde se desarrolla una riña.El 19 de mayo de 2013, cerca de las 21.30, Eduardo Torres Lara (26) ingresó al pub, saludó a algunos amigos y se sentó en una mesa ubicada al lado de José Amadeo Bravo (46). Repentinamente, el Chino, tal como lo conocen al agresor, tomó un arma blanca y apuñaló al hombre sin mediar palabras.Bravo perdió la vida tras recibir una herida profunda en el abdomen y, a fines de ese año, Torres fue condenado a 11 años y medio de prisión por el homicidio.Una historia similar tuvo lugar en la madrugada del 28 de marzo pasado. Ese sábado, Waldo Vera (50) se encontraba en Sayonara junto a uno de sus hijos. Cuando procedieron a retirarse, el hombre fue atacado por una patota de jóvenes por diferencias que mantenían entre las familias.De palos y puños fueron los golpes que recibió el hombre, mientras su hijo escapaba del lugar, atemorizado por la situación. Luego que los agresores escaparon, un hombre que circulaba por la zona lo auxilió y lo trasladó a un nosocomio cercano, pero igualmente perdió la vida. Por el hecho hay cinco personas imputadas que esperan el juicio oral por el crimen. Waldo Vera, asesinado en marzo.El karma familiar de la calle Miguel Olmos (71) es un reconocido empresario de Maipú, ya que su familia es dueña de la Avícola Luján de Cuyo. El hombre protagonizó un accidente vial en las últimas horas del martes pasado que pudo costarle caro, pese a que resultó ileso.El empresario circulaba en una Toyota Hilux por calle Paso cuando, a pocos metros de la intersección con Maza, impactó contra el guardarrail y casi cae por un precipicio.Si bien no sufrió lesiones ni debió intervenir la Oficina Fiscal porque no se radicó denuncia, el hombre aseguró que otro vehículo le tocó la rueda trasera y produjo que perdiera el dominio. Por el contrario, Miguel Carreño, el conductor de otra camioneta, aseguró que Olmos lo encerró.Hace más de cinco años, un hermano del empresario sufría otro incidente en la misma intersección, aunque en ese caso fue con consecuencias fatales. Se trata del recordado crimen de Juan Manuel Olmos (59), que tuvo como resultado la detención de dos menores de 12 y 14 años.En ese hecho ocurrido el 10 de noviembre de 2009, la víctima también circulaba en una camioneta por calle Paso cuando una piedra atravesó el parabrisas e impactó en su rostro. El vehículo terminó cayendo a un zanjón y Manuel Olmos falleció minutos después en el Hospital Central.El fiscal Fernando Giunta –ahora se desempeña en Las Heras-Lavalle- ordenó medidas tutelares contra los niños de 12 y 14 años, que aseguraron haber arrojado la piedra “por diversión”.

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