Son primos. En 2019 fueron detenidos y luego condenados por integrar una banda que se dedicaba al narcotráfico en el oeste de Ciudad. Pero ahora, a poco tiempo de cumplir las condenas en su contra, se cree que continuaron con la venta de drogas incluso dentro de la cárcel federal. La investigación que llevaba más de un año con un estricto secreto de sumario desembocó en múltiples allanamientos en las últimas semanas.
Cayeron los narcoprimos sospechados de liderar desde la cárcel una banda de drogas, armas y autos robados
Están presos desde hace 6 años tras ser condenados por narcotráfico, pero ahora creen que no dejaron de vender estupefacientes incluso dentro de la penitenciaría de Cacheuta
Héctor Horacio Troncoso y su primo Fernando Andrés Troncoso fueron detenidos en agosto de 2019. Los investigadores policiales los venían siguiendo, especialmente con escuchas telefónicas, porque comercializaban cocaína y marihuana en la zona de La Favorita y el barrio San Martín, en el oeste de Ciudad. Incluso tenían cocinas donde estiraban esa droga para sacarle mayor ganancia.
En septiembre de 2022 fueron condenados a 8 y 6 años de prisión, respectivamente. Ambos pasaron a cumplir la pena en el Complejo Penitenciario Federal VI ubicado en Cacheuta, aunque desde hace un tiempo que Fernando Troncoso había obtenido el arresto domiciliario. Sin embargo, ahora quedaron envueltos en otra investigación por narcotráfico.
Drogas en la cárcel federal
La nueva pesquisa nació en agosto de 2024 gracias a una denuncia entre presos, porque uno de ellos había amenazado de muerte a otro. Esa fue la punta del iceberg que destapó una banda que se dedicaba a ingresar droga a la cárcel federal, pero también al mercado negro de armas de fuego y de autos adulterados fuera de ella. Y los primos Troncoso eran los cabecillas, según sostiene el fiscal federal Fernando Alcaraz.
El llamado Operativo Alcatraz se manejó un estricto secreto de sumario durante todo este tiempo. De esta forma, el 14 y 24 de marzo pasados se realizaron un total de 21 allanamientos, algunos dentro del módulo 3-A de la cárcel federal y otros en distintos puntos del Gran Mendoza. El resultado fue exitoso: una decena de detenidos -algunos ya estaban alojados en la penitenciaría- y secuestro de varios elementos de importancia para la causa.
Por ejemplo, se encontraron un centenar de semillas de marihuana, así como varias plantas de esa droga y también medio kilogramo de cocaína. Las armas de fuego también estuvieron a la orden del día: pistolas, revólveres, municiones y hasta dos réplicas de un subfusil y una escopeta.
Tanto la investigación como los allanamientos fueron realizados en una colaboración entre personal de Gendarmería Nacional, la Policía de Mendoza y el Servicio Penitenciario Federal.
El modus operandi de la narcobanda
Pese a ya haber sido detenidos y condenados por narcotráfico, la investigación sostiene que los primos Troncoso continuaban con las actividades ilícitas. De hecho, encontraron una nueva veta: ingresar la droga a la cárcel federal para comercializarla entre los presos. Para ello contaban con otras personas de su entorno de confianza y hasta familiares directos.
Los narcotraficantes aprovechaban las visitas de menores de edad y mujeres embarazadas, donde se dificulta la tarea de requisa, para ingresar las dosis de marihuana, cocaína y hasta teléfonos celulares. Llegaban ocultos entre sus prendas de ropa o en el interior de raciones de comida.
Dentro de la cárcel, quien mandaba era Héctor Troncoso. Fuera de los muros, cumpliendo prisión domiciliaria en una casa del barrio Colina del Oeste, Fernando Troncoso también dirigía la batuta. Tenían un lugar llamado el Puesto de la Abuela, en Godoy Cruz, donde almacenaban las drogas y las armas de fuego. Esa sede incluso era custodiada por otros integrantes de la narcobanda.
Los delincuentes también se movían en el mercado negro de las armas de fuego que las utilizaban para amenazar a sus enemigos. Incluso surge la sospecha de que las trasladaban a Chile para revenderlas en ese país donde aumentan considerablemente su valor.
Además del narcotráfico y las armas, la organización criminal también tenía contactos en Buenos Aires con personas que robaban vehículos, los traían a Mendoza y los adulteraban para que puedan circular como autos mellizos de los originales.








