Si se piensa en un caso emblemático de maltrato infantil en Mendoza, el nombre de Alejandro Gabriel Amitrano aparece al instante. Cumpliendo una pena prisión perpetua por el crimen de su bebé de apenas 1 año, lejos quedó aquel hombre fortachón y de pelo largo que fue atrapado en Entre Ríos cuando se escondía de la Justicia. Calvo y con 2 hijos que tuvo intramuros, esta es su vida en un penal de San Luis, a 29 años del recordado infanticidio.
Alejandro Amitrano, a 26 años del crimen de su bebé: tuvo 2 hijas y está detenido en San Luis
La vida del hombre que cumple una pena de prisión perpetua por el crimen de la bebé de 1 año, en uno de los casos de maltrato infantil más recordado de la historia de Mendoza
Era la siesta del 23 de noviembre de 1999 cuando Rosario Belén Amitrano, que en 5 días cumplía un año de vida, ingresó al entonces Policlínico de Cuyo. A la guardia de ese efector ubicado en San Martín y Vicente Zapata llegó con sus padres, en grave estado de salud. Debido a la compleja situación de salud de la bebé, en la noche quedó internada en terapia intesiva del Hospital Notti.
Belén Amitrano agonizó durante una semana. El 30 de noviembre, los médicos no pudieron hacer nada más. Tenía un cuadro de abdomen agudo, shock séptico, moretones y 4 costillas que se le habían fracturado en días distintos. Así nació la investigación por uno de los casos de maltrato infantil más recordados de la provincia.
La detención tras el crimen
Los médicos notaron que la bebé había sido gravemente golpeada. Los cañones de la investigación apuntaron contra su padre y su madre -quien terminaría sobreseída años después-. Sabiendo que su detención era inminente, Alejandro Amitrano escapó. Se mantuvo en la clandestinidad durante 13 años hasta ser detenido en Entre Ríos el 7 de enero de 2013. Allí, había forjado una doble vida.
Alejandro Amitrano nació en Buenos Aires pero vivió gran parte de su vida en San Luis, donde su padre -actualmente fallecido- era un gerente de una importante empresa de alimentos. Tenía todas las facilidades económicas a su favor y supo aprovecharlas para mantenerse prófugo.
Su suerte se acabó cuando lo detectaron en Entre Ríos, donde vivía con otro nombre y otra aparencia física pero que no pasaba desaparecibida por su importante estatura, su pelo largo y barba frondosa. Había formado una pareja con una mujer de esa provincia y estaban a punto de tener una hija, quien terminó naciendo un mes después de su captura por el crimen.
Fue trasladado por una comitiva policial a Mendoza, juzgado y condenado a prisión perpetua por homicidio agravado por el vínculo. El juicio reveló los detalles de un crimen silencioso pero al mismo tiempo brutal. No hubo mucho para discutir. El 10 de noviembre de 2014 se bajó el martillo en su contra. Dos años después, la Suprema Corte de Justicia confirmó el fallo.
La vida de Amitrano en la cárcel
Ya condenado a la máxima pena que establece el Código Penal, Alejandro Amitrano pasó un puñado de años en la cárcel de Almafuerte en Cacheuta. Luego de pedidos de su abogado defensor, en 2018 fue trasladado al penal La Botija, un establecimiento carcelario ubicado en el norte de San Luis. El motivo era sostener el vínculo familiar: en esa provincia vive su pareja con su hija, su madre y sus hermanas.
Alejandro Amitrano no ha vuelto a recuperar su libertad desde aquel enero de 2013. Pero sí ha sido autorizado para salir del penal en un puñado de ocasiones. Una fue en febrero de 2023, cuando nació su segundo hijo con su pareja de Entre Ríos que aún conserva. En esta ocasión, realizó los trámites y firmó para ponerle su apellido, algo que no había hecho con su hija anterior debido a la exposición mediática que suponía ser un Amitrano.
A sus 52 años, ya sin pelo y con un físico totalmente distinto al hombre que se repetía en los medios por aquel 2013, ha mantenido una vida carcelaria apegada al estudio. Construcción de termotanques solares, Licenciatura en Historia, portugués y hasta una capacitación en la Ley Micaela (contra la violencia de género) son algunos de los pergaminos que rezan en su prontuario de preso.
También ha padecido algunos problemas de salud. Algunos odontológicos y otros más que nada por afecciones en su columna vertebral. Incluso un médico recomendó que había que operarlo para superar las dolencias, pero eso no ha ocurrido hasta el momento.
Hace pocos días, también en noviembre -como si fuera un mes marcado por el crimen y otros momentos claves en su vida-, protagonizó una audiencia judicial buscando que le levanten una sanción en su contra. Un agente penitenciario detectó que mientras estaba en un curso de estudio utilizaba la computadora para chatear con sus familiares, algo que está prohibido para los presos. El juez Sebastián Sarmiento le rechazó el pedido.





