Este lunes, 30 de marzo de 2026, se cumplen exactamente tres décadas del motín más salvaje y recordado de la historia carcelaria argentina. En el penal de Sierra Chica, en Buenos Aires, un grupo de reclusos conocidos como Los 12 Apóstoles desató un infierno que duró 8 días y dejó un rastro de horror que aún estremece.
A 30 años del motín donde hicieron empanadas con carne de presos
El recordado motín en la cárcel de Sierra Chica mantuvo al país en vilo durante más de una semana
Un intento fallido de fuga se convirtió en una masacre interna, con rehenes, descuartizamientos y la macabra leyenda de empanadas elaboradas con carne humana de los propios presos.
Todo comenzó el sábado 30 de marzo de 1996, en plena Semana Santa. Trece presos, liderados por Marcelo Brandán Juárez, intentaron escapar escalando el muro con dos escaleras improvisadas y un arma calibre 11.25 que habían ocultado. La guardia abrió fuego y el plan se derrumbó en minutos. Pero lo que vendría después sería mucho peor.
El motín que sacudió al país
En lugar de rendirse, los presos retrocedieron al interior del penal, tomaron como rehenes a guardiacárceles, a una jueza, a su secretario y a 3 visitantes de Testigos de Jehová. Durante casi una semana controlaron un sector del penal, negociando con las autoridades mientras el país entero seguía el drama por televisión.
En el corazón del motín surgió el enfrentamiento con una banda rival encabezada por Agapito Gapo Lencinas, acusado de abusos sexuales y odiado por muchos internos. Los Apóstoles los atacaron sin piedad: 8 presos fueron asesinados a cuchilladas y golpes.
Los cuerpos fueron mutilados con hachas para ocultar evidencias y parte de ellos terminaron en el horno de la panadería de la cárcel, donde las temperaturas alcanzaban los 700 grados. El fuego no solo borraba rastros; también alimentó la peor de las leyendas.
Se prepararon empanadas con carne de las víctimas. Algunas fueron repartidas entre guardias y rehenes, que las comieron sin saber su origen. Aunque la justicia nunca condenó formalmente el canibalismo, los restos óseos encontrados en el horno confirmaron la incineración de cuerpos.
El 7 de abril, tras intensas negociaciones y la mediación de familiares y autoridades, los amotinados se rindieron. Salieron cabizbajos, con las manos en alto, mientras la cárcel era recuperada. La investigación reveló cráneos, huesos y dientes calcinados. El motín desató revueltas en otras cárceles del país y obligó a un debate nacional sobre las condiciones inhumanas de las prisiones.






