Una historia de sacrificios. El colombiano vuelve a la titularidad y contó recuerdos de su ciudad, Tadó. "No teníamos recursos suficientes, pero te podés divertir con muy poco", dijo

El Yeimar de la gente

Por UNO

Diego A. [email protected]Cada despeje de Yeimar Gómez se festeja con todo en el Gargantini. El colombiano que regresará a la titularidad este domingo contra San Martín en Tucumán nos contó su historia de vida.Nació en Tadó, ciudad pequeña del departamento de Chocó, que no supera los 20 mil habitantes. Con el esfuerzo de sus padres logró llegar al fútbol argentino pero no se olvida de sus inicios. "Tengo muy buenos recuerdos de mis amigos, siempre jugando a la pelota. No teníamos recursos suficientes pero es una ciudad en la que te podés divertir con muy poco y pasarla bien. Extraño sobre todo estar con mi familia", comentó Yeimar. Su padre, Jairo, vino a visitarlo el año pasado y espera convencer a su madre, Celestina, para que venga a Mendoza. "Con mis padres hablo todos los días, más con mi mamá. Cuando fui le regalé un celular. Al principio le costó pero ya se acostumbró. Siempre que me levanto a la mañana tengo un mensaje de ella. Eso me pone muy contento. A mi papá le cuesta un poco más porque trabaja más temprano y está siempre con las manos llenas de grasas. Él vino el año pasado y la pasó bien. Ahora la meta es traer a mi mamá. Lo primero que me dijo es que con frío no venía. Hay que esperar el verano (risas)", dijo.Lo que también extraña Yeimar es el calor de su ciudad aunque se acostumbró al frío mendocino. "Allá podés estar tranquilo, hay 28° o 30° todos los días, es otra cosa. Vivo en el medio de dos ríos de agua dulce y si te da calor, te bañás, te subís y estás como nuevo. Estoy acostumbrado a este clima. Hace nueve años que vivo en Argentina. El frío que hace acá no es el mismo que el de Rosario o Buenos Aires donde estuve", contó el colombiano cuyo primer club en el país fue Mitre de Pérez, una ciudad cercana a Rosario. El colombiano la peleó desde muy chico para llegar hasta este presente. "En mi ciudad no hay equipo profesional. El que tenía cerca era Deportivo Pereira. No jugué ahí. El primero fue el Boyacá Chicó, donde estuve siete meses. De ahí me vine para acá", afirmó.Los primeros tiempos en las inferiores de Rosario Central le costó adaptarse. "Se me complicó con el juego. Llegué muy chico con 17 años a Pérez, una ciudad cerca de Rosario, y ese equipo juega la Liga Rosarina. No podía jugar por ser menor de edad. Me probé en Central y quedé. Me sirvió mucho para foguearme. Tengo un recuerdo muy grato de Coco Pascuttini y Daniele (entrenadores de las inferiores). Me decían que era muy buenito a la hora de marcar y tenía que acostumbrarme al fútbol argentino. Estoy acá gracias a ellos, que me ayudaron mucho en la formación". Yeimar Gómez se ganó el corazón de los hinchas leprosos por su garra y esfuerzo permanente. El colombiano la peleó desde abajo y ahora disfruta del gran momento del equipo.

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