“Estamos yendo paso a paso, organizándonos”, cuenta su esposa, María Alexandra Gómez, en diálogo con Diario UNO. La frase, sencilla, encierra un proceso profundo. Porque después de lo vivido, no hay manual ni tiempos claros. Hay, sí, una reconstrucción lenta, cotidiana.
A un mes de su liberación, Nahuel Gallo reconstruye su vida entre mates, asados y un partido de la Selección
Gallo descansa, se alimenta y está rodeado de seres queridos. "Luego de tanta exposición este tiempo nos ayuda a recuperar la intimidad", dijo su esposa
“Sentimos que estamos empezando de nuevo”, dice. Y en esa idea se resume todo: una vida que se interrumpió de golpe y que ahora busca recomponerse desde lo más básico. Hay asuntos personales y privados que resolver, tiempos que respetar, heridas que no siempre se ven. Por eso, el foco está puesto en lo inmediato: el día a día.
“Tratamos de solucionar lo que podemos, juntos. Que su mente esté tranquila”, explica. La prioridad no es otra que esa: recuperar la calma. Bajar el ruido, ordenar lo vivido, volver a sentirse en casa.
El mate de la tarde volvió a ser un ritual en la vida de Nahuel Gallo
En ese camino, lo cotidiano adquiere un valor enorme. Compartir tiempo en familia, reencontrarse en pequeños rituales que antes eran habituales y hoy se resignifican. El mate de la tarde nunca falta. Tampoco las medialunas ni las charlas simples que ayudan a reconstruir cierta normalidad.
La comida, de hecho, ocupa un lugar especial en esta etapa. Durante su detención, Nahuel atravesó problemas intestinales derivados de una huelga de hambre que llevó adelante en el penal donde estaba alojado. Hoy, esa situación está en tratamiento y evoluciona favorablemente.
“Gracias a Dios está mejor. Come bien, dentro de lo que puede, y va recuperando todo lo que extrañó”, cuenta María Alexandra. Y en esa recuperación también hay una carga emocional: volver a los sabores propios, a lo argentino, a lo que remite a su identidad.
Hace poco viajó a Catamarca para reencontrarse con su familia: su mamá, sus hermanos, su abuelo en Guayamba, tíos y primos. Fue un regreso cargado de significado. Allí volvió a conectarse con lo más profundo: el afecto, las raíces, las costumbres.
“Eso lo hizo reconectar con todo lo que extrañaba: comer cabrito, su asado, los dulces tradicionales, las milanesas con puré”, relata. No es solo comida: es memoria, admite su esposa.
En cuanto a su estado general, Nahuel se encuentra bien. Duerme, descansa, aunque a veces aparece un cansancio intenso, lógico después de lo atravesado. Sin embargo, su estado anímico se mantiene firme.
"Sigue siendo alegre, alguien que va para adelante", contó su esposa
“Sigue siendo el mismo Nahuel alegre, echado para adelante”, describe su esposa. Y agrega un rasgo que se repite en su entorno: la capacidad de mirar lo vivido desde un lugar positivo, sin negar el dolor, pero eligiendo no quedarse allí.
Esa actitud también se refleja en la forma en que recibe el acompañamiento que comenzó a llegar desde distintos ámbitos. Invitaciones, reconocimientos, gestos de apoyo. Todo es recibido con gratitud.
Nahuel Gallo fue a ver a la selección argentina invitado por la AFA
“Siempre trata de aprovechar cada gesto bonito que le dan”, dice. Desde encuentros con referentes políticos hasta invitaciones más simbólicas, como haber asistido a un partido de la Selección argentina por invitación de dirigentes de la AFA. En cada caso, la respuesta es la misma: agradecimiento.
“Él siempre dice que el que agradece, merece. Y siente que todo este acompañamiento tiene que ver con eso”, cuenta María Alexandra. No habla de heroísmo, aclara, sino de fortaleza y resiliencia en medio de una situación límite.
Por ahora, Nahuel no volvió a trabajar. Se tomará un tiempo, una pausa necesaria. “Va a tomarse unas licencias, unas vacaciones”, explica su esposa. Pero la idea de retomar su actividad está presente.
“Va a volver, y va a volver fuerte, con muchas ganas de hacer lo que le gusta”, asegura. Sin apuro, pero con determinación. Como todo en esta nueva etapa.
Porque si algo queda claro en su entorno es que esto también es un proceso. Y como todo proceso, tiene sus tiempos. “Confiamos en Dios, en que todo lleva su tiempo. A veces es lento, pero lo importante es que sea con paso seguro”, concluye.
Así, lejos de la exposición, Nahuel Gallo reconstruye su vida desde lo esencial. Sin grandes gestos, pero con la familia, la salud, los afectos y la convicción de que, incluso después de lo más duro, siempre es posible volver a empezar.






