Por Diego A. Astorga
No encontrás los últimos botines de Messi. Tampoco los palcos vip de la Bombonera. Las camisetas son de todos colores. Lo único que hay es mucha tierra, basura alrededor, humo por la quema de cables, un cementerio israelita y lo más importante para ellos: dos arcos.
Estamos hablando de los casi extinguidos potreros. Situado en la "República de Las Heras", a pasitos del Acceso Norte. Ahí se entrena Real Mendoza, un equipo que el año pasado empezó su participación en los torneos de la Liga Mendocina. En la semana se los ve corriendo a los chicos. A veces jugando fútbol, otras veces, esquivando balas.
En el 2010 empezaron como una escuelita, pero se encontraron con la dificultad de que los chicos se iban a otros clubes por la edad. Muchas veces rebotaban por el rendimiento, quedaban a la deriva y presa fácil del alcohol, las drogas y la delincuencia. Por esa razón ingresaron a jugar a la Liga. Las planillas las paga la Municipalidad de Las Heras, como al resto de los clubes del departamento.
"A los chicos les falta más práctica y en algunos casos hasta bajar de peso. Por ahí en otro club no les tienen tanta paciencia. Los chicos que tienen 15 o 16 se quedan libres y no tienen ya edad de escuelita. Algunos han mejorado muchísimo. No faltar a los entrenamientos y partidos, es importante. Nos da pena que algunos no han salido. Vienen se integran y lamentablemente dejan. Otros cuando se acercan, cambian la cabeza. Acá encontrás de todo. Queremos ser como los clubes de antes, que no crean que gente fumando faso en la calle es normal", contó Ruiz.
Los chicos buscan llegar a Primera aunque sea en la Liga Mendocina. Solo quieren un lugar para entrenar con normalidad y por algunas horas olvidarse de los basurales y las balaceras.
"La agresión fue un hecho aislado"
El club se mantiene a pulmón. Además de Pato Alaniz, están su esposo, Diego Torrejón, como técnico, y Javier Luján, de ayudante. Entre los tres arman los entrenamientos.
Hace poco fueron noticia por la agresión del jugador Josué Torrejón, hijo del entrenador, contra el árbitro Germán Malovini en el partido contra Cicles Club Lavalle por la Liga Mendocina.
"La agresión fue un hecho aislado. No quiero meter a todos en la misma bolsa porque hay otros árbitros que son tan amables. Le regalan tarjetas a los chicos y les explican cómo sacar un lateral. Como hay árbitros que son muy soberbios, otros son un amor con los chicos. El que es copado le habla rebien a ellos. Hemos perdido millones de partidos y en ninguno tuvimos problemas. Salen perdiendo y salen cantando porque hicieron goles. Obvio que les duele perder. El entredicho con el árbitro venía de antes. No justifico al jugador y lo van a sancionar", comentó Alaniz.
>>> El comunicado de la Liga tras la agresión a Malovini
Cada fin de semana hacen de local en la cancha de El Plumerillo, club que no juega desde la década del 90 en la Liga, pero también les toca jugar de visitante. Se organizan para que no falte ninguno y hasta limaron asperezas por la rivalidad que hay entre cada uno de los barrios.
"Siempre vamos las mamás. Necesitan tener una hinchada. Ellos no están solos. Hemos logrado que todos tiren para un mismo lado porque hay bronca entre barrios. Llegaban acá y se miraban mal. Les explicamos lo que era el club y a la semana ya estaban juntos. El que no tiene plata, juntamos entre todos para que vaya".
El comienzo no fue sencillo y a pesar de todas las falencias, progresan de a poco. "Cuando empezamos nos tocó con Godoy Cruz. Nos hicieron 12. Este año lo empatamos 2 a 2 y nos hicieron goles en el final. Es todo cuestión de esfuerzo. Los chicos son del Santa, Belgrano, 26 de Enero. Hasta del barrio Santa Rosa tenemos", relató con orgullo la presidenta.


