Serrat dice: "Me halaga que me recuerdes / como tu primer amor / aunque tal vez me confundes/ con algún otro señor...". Y agrega, más adelante: "El que guarda tu recuerdo / como un regalo de Dios / en el libro de los sueños / entre un «hola» y un «adiós»".

Claro, el catalán le canta a una muchacha, a un amor perdido. Pero el fútbol y el amor se parecen. Eso dicen los que saben de las dos cosas o que, al menos, las sospechan.

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Sebastián Gallego Méndez es recordado el Godoy Cruz como en técnico casi ideal. Por eso, su anunciado regreso al Tomba, ha hecho soñar a sus hinchas.

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El Gallego Méndez tuvo un buen paso por el Tomba y vuelve en 2021.

El Gallego Méndez tuvo un buen paso por el Tomba y vuelve en 2021.

Su partida, en diciembre de 2016, les dejó a muchos una sensación de ausencia, de pena, de abandono. Quizás por eso, por recordar quién es, vale la pena repasar una de las últimas entrevistas que dio en Mendoza, a Diario Uno, ya fuera de la cancha.

Viajemos al pasado. Fue hacia fines de diciembre, antes de las fiestas, una mañana calurosa como casi todas.

La moza se acerca a la mesa para levantar el pedido. Él se para automáticamente para saludarla. Un instante antes ya se había disculpado por llegar tres minutos tarde como si eso hubiera vulnerado una regla de puntualidad mendocina, que jamás ha existido ni existirá. Quizás sea porque Sebastián Méndez tenga la atención puesta siempre en las necesidades del otro, más que en las propias. “La misión más importante que tengo en la vida es educar a mis hijos”, dice. Tan simple. Tan contundente. No hay más que eso. El Gallego, el que fue hasta este viernes a la noche el DT de Godoy Cruz, concentra en esa frase todos los motivos. El motivo.

Se va el miércoles y ya está armando las maletas. Ha juntado varias cosas durante un año de trabajo que merecen ser llevadas allí. Pero algunas no caben y por eso está triste. Traspira tristeza. Los afectos, el paisaje, las costumbres casi pueblerinas no caben en las valijas. Su relato está plagado de palabras y frases que delatan que este hombre de 39 años, casado y tres hijos que transitan por edades muy distintas, desde la primera infancia a la adolescencia, había encontrado su lugar en Mendoza. No son frases razonas. Es su subconsciente. Dice: “el 28 de diciembre del año pasado (2015) llegue acá, a vivir definitivamente”. Dice: “soy de Maipú”, cuando se refiere al lugar donde ha vivido este año. No duda un instante cuando dice que “voy a volver” y también está casi seguro que volverá para ser DT, otra vez.

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“No creo que pueda recuperar el tiempo perdido con mis hijos. La última vez que fui a Buenos Aires la mamá de mis hijos estaba desbordada. En estos 365 días creo que no he estado con ellos solo 30. Eso no es ser un buen padre para una nena de 4 años. Eso es ser un padre ausente. En el fútbol se gana y se pierde, pero el ser padre es un partido en el que no puedo perder”, dice.

Solo eso. No hay nada más detrás de su partida. “Cuando te sentís bien en un lugar uno no se quiere ir, por más que no tenga mucha explicación”, dice, mientras revuelve su cortado mediano y luego se para saludar con especial atención a quien se acerque. Antes, ha tenido precaución de desentenderse de su teléfono celular, por más que repique y repique.

Nietzsche

No es un tipo común. Menos un DT común. El fútbol es solo uno de sus intereses, importante pero solo uno. “El fútbol te embrutece. Te quita muchas cosas y, por momentos, te vuelve al estado más salvaje del hombre, al estado más puro, más básico. Nadie está exento de que le pase eso. En el fútbol te llega todo muy del golpe”.

Dice que le hubiera gustado ser licenciado en Historia. Es un sueño que no descarta ni mucho menos. Más aún, parece inevitable que lo sea salvo que se lo apropie la filosofía, que también es algo que lo apasiona.

“Debuté en primera cuando estaba en 4º año de la secundaria. Cuando estaba en 5º, viajaba con Vélez a jugar a Belo Horizonte con el Cruzeiro. No pude seguir y, entonces, me transformé en un lector compulsivo porque no me quedaba otra”.

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Méndez dirigió al Tomba en 32 partidos con 17 triunfos, 5 empates y 10 derrotas.

Méndez dirigió al Tomba en 32 partidos con 17 triunfos, 5 empates y 10 derrotas.

Recuerda que el primero fue Bukowski y después comenzó una sucesión interminable: Hemingway, Capote, Henry Miller… Después apareció Heidegger y todos los filósofos alemanes… Nietzsche… un equipazo según se lo mire, en el que San Agustín llegó como refuerzo. “En el fútbol te podés volver muy básico y creo que hay un instinto natural del hombre de no querer caer en la chatura”, dice.

Sebastián Méndez cuenta que esa inquietud por la lectura no le vino de la cuna. Sus padres llegaron de Galicia muy niños y tuvieron una vida de esfuerzo y trabajo. Eran panaderos y no había libros entre las bolsas de harina. Sin embargo le trasmitieron otras cosas, tanto o más importante que la lectura.

“Mi viejo tuvo una vida dura. No fue nunca de hablar mucho, pero me marcó con el ejemplo. Su mejor historia, su mayor logro, creo que fue tener su familia. Ahora creo que los nietos han ayudado a que él se rencuentre con la vida”.

Aún así, Méndez reconoce que esa inquietud por el conocimiento y la cultura ya estaba en algún rincón de su espíritu. “Hace un tiempo fui a la casa de mis padres, que son los que guardan todo ya que en mi casa no hay casi nada relacionado con el fútbol. Encontré un reportaje en El Gráfico de cuando yo tenía 20 años. Les llamó la atención que yo dijera que no entendía que me pidieran autógrafos a mí y no se los pidieran a Borges o a Bioy Casares”.

Pero el Gallego es claro y amplio. Dice que puede hablar de fútbol, literatura o filosofía con el mismo interés. “Depende del interlocutor, siempre. No soy selectivo. Me puedo adaptar a cualquier situación y creo que eso también lo aprendí de mi viejo. Disfruto comer tirado en el pasto o en un restaurante caro,… por más que esté casi seguro que mi vieja cocina mejor”.

Dice que la filosofía se puede aplicar al fútbol también, a cualquier trabajo, porque “la grandeza se puede aplicar hasta en los más mínimos detalles”. Luego acepta: “Aún así, no he leído todo lo que hubiera querido”. Pero dice que todavía hay tiempo. “Tengo 39 años y muchas ganas”.

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En estos 4 años, el Gallego dirigió a Belgrano de Córdoba, Palestino de Chile, Cúcuta de Colombia y Gimnasia La Plata.

En estos 4 años, el Gallego dirigió a Belgrano de Córdoba, Palestino de Chile, Cúcuta de Colombia y Gimnasia La Plata.

Encrucijada

Hay momentos en la vida que marcan un antes y un después. Un quiebre. Un cambio irremediable. A veces ese momento se percibe mientras se vive. Otros, se reconoce cuando pasa el tiempo. Quizás este, el presente, sea uno de ellos en la vida de Sebastián Méndez. Tal vez sea muy pronto para saberlo. Lo que sí es un hecho, es que una de sus encrucijadas la vivió el 13 de diciembre de 2009. El día, la última vez, en que pisó una cancha como jugador.

“El fútbol es una profesión que amé y que amo. Pero ese día, con Banfield en cancha de Boca, fue mi última función y marcó un antes y un después. Viví cosas muy lindas y otras muy malas. Pero tengo 10 operaciones encima y no me arrepiento de ninguna de ellas”.

Confiesa que le costó mucho superar el retiro. Incluso que “tuve que hacer psicoterapia”. Que recién logró acomodar esa pérdida “cuando nació mi última hija”, que ahora está por cumplir 5 años.

Luego vinieron otros desafíos. La dirección técnica, los libros, los sueños a cumplir, los sueños de los hijos,… los hijos.

El Gallego no se quiere ir. Quizás no se esté yendo. Algo de uno queda, si es que ha vivido. Todo no cabe en las valijas.

Frases

“Los 13 de diciembre, cuando se cumple el aniversario de mi retiro cómo jugador, me encierro en mi casa. Cierro las persianas y no atiendo el teléfono. Son cosas que uno no se olvida, que no puede olvidar”.

“Tuve muchos técnicos muy dispares y todos me han dejado algo. Uno siempre tiene algo especial con el técnico que lo hizo debutar en primera, por eso le tengo a Carlos (Bianchi) un cariño especial. Quizás la imagen de Marcelo (Bielsa) es la más fuerte por su don de gente, su capacidad de trabajo, lo que le trasmite a las personas. Una aplanadora.”

“Me he sentido muy bien en Mendoza. Muy bien. Por todo: la geografía, la gente, los hinchas, el club, las costumbres. Acá uno puede trabajar intensamente todo el día pero, cuando te vas a dormir, podes dormir tranquilo y sin ruidos. Acá todos se conocen, de alguna manera o de otra. Viví casi dos años fuera de Buenos Aires y me hizo muy bien. Las ciudades te mantienen siempre con la guardia en alto, filoso. No te podes dar el lujo de relajarte y es impersonal”.

“Podés ser bueno en lo que hacés. Podés ser exitoso, según los parámetros sociales, pero si fracasas como padre fracasas en todo. Y ese es un partido que yo no quiero ni puedo perder porque en tus hijos hay un pedazo de tu propia vida”.