Análisis y opinión

UPD, un evento extracurricular que abre el debate: transgresión o trascendencia

La editoralista invita a buscar alternativas para acompañar a los adolescentes que se despiden del secundario pero no a promover los excesos

El UPD o último primer día, para los adolescentes de quinto año constituye el cierre de una etapa. Es un ritual de paso que, no sólo, marca el principio del cierre de la trayectoria escolar, sino también, la proximidad de la despedida del grupo de pertenencia, con el que, no sólo, se compartieron tiempo y lugares comunes, sino también, una historia con valores y una cultura propia sellada por vínculos de lealtad.

Sin duda, para los padres, es un acontecimiento que tiene varias implicancias. Los preparativos del UPD son un trance de mucha tensión, porque prohibirle a un hijo o una hija la participación en un evento tan significativo, es sinónimo de alejarlo de los pares.

Además, la noche del UPD en sí misma, constituye un momento de mucha ansiedad, porque entre los riegos del festejo están las consecuencias del consumo principalmente de bebidas alcohólicas como: los vómitos, la deshidratación, las convulsiones, la intoxicación alcohólica, los accidentes, etcétera.l

Y sí, las cosas por su nombre, los desbordes y las hazañas son parte de estos ritos que buscan quedar en la memoria colectiva del grupo. Pero hay alternativas.

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El UPD es un ritual que marca el comienzo del fin de una etapa de la adolescencia.

El UPD es un ritual que marca el comienzo del fin de una etapa de la adolescencia.

El desafío de acompañar en el UPD

Una opción posible es acompañar. Sin embargo, es muy difícil mantener el eje de proximidad y distancia en un territorio tan cargado de peso simbólico para los adolescentes. Más complejo aún, es lograr que se entienda que colaborar con los preparativos y gestiones relativas al evento, no es habilitar descontrol o transgresiones.

En este sentido, el acento debería estar puesto en establecer límites de modo claro y asertivo, para preservar la integridad de los hijos.

Una clave para resolver este dilema que preocupa a tantas familias, podría ser usar la creatividad. Sin embargo, a largo plazo, la educación basada en el diálogo y la reflexión, son la solución a todo tipo de encrucijada de estas características, ya sea presente o futura.

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Secuestros de alcohol en los operativos de Diversión Nocturna.

Secuestros de alcohol en los operativos de Diversión Nocturna.

Entonces, ¿qué podemos hacer? Por una parte, recurrir a la creatividad, lo cual, implica establecer acuerdos para elaborar otra versión de este ritual de pasaje. Para cerrar una etapa junto a los pares, hay muchas opciones saludables: desde un encuentro al amanecer con un desayuno, durante el cual cada miembro del grupo puede contar una anécdota y llevar una carta de agradecimiento al grupo. También, se pueden hacer programas como ir: a un parque de aventuras, un paintball, una escalada o un trekking.

Libertad con responsabilidad

Por otra parte, si tenemos en cuenta de que los adolescentes buscan lo épico, podemos abrir el debate en tono reflexivo acerca de la disyuntiva: trasgresión o trascendencia. Hay una gran diferencia entre celebrar con la premisa de transgredir, lo cual puede traer aparejada una incidencia que empañe los recuerdos del grupo, o festejar, buscando la trascendencia, es decir, la perdurabilidad del acontecimiento asegurando que la identidad del grupo perdure.

¿Cómo lograrlo? Si queremos evitar que los sucesos históricos queden en el olvido construyendo sentido en el presente, tendríamos que habilitar la posibilidad de celebrar concretando con ellos alternativas que los comprometan a equilibrar el uso de la libertad con la responsabilidad. Esto, a mediano y largo plazo, los prepara para ejercitar sus derechos sin olvidar que ello trae consigo obligaciones.

El UPD es algo extracurricular que como familias debe interpelarnos, no para prohibir, sino para estar presentes. Es la oportunidad de transformar una amenaza, en el reto de pensar con ellos alternativas saludables y canalizar esa energía vital hacia algo significativo y trascendente. Sin duda, lo que marca la diferencia es el acompañamiento de los adultos, porque educar, es liderar a los hijos hacia la mejor versión de sí mismos.