Análisis y opinión

La muy lenta, pero constante degradación del kirchnerismo

El kirchnerismo es una mala racha que el peronismo -como un humano en su existencia- tenía que pasar, una mancha de ideologismo de brocha gorda que se va a ir destiñendo pero que será difícil sacar

La degradación política del kirchnerismo es muy lenta, pero firme, constante. Al mismo tiempo, esas mismas características de "despacio, pero seguro" se dan en la revalidación positiva que vive el peronismo (así, a secas), una tendencia que intenta volver a un camino más republicano que la agotadora y contradictoria etapa ideológica del cristinismo.

Dentro de esa tendencia, que es nacional, Mendoza es una de las provincias donde su PJ muestra claramente el cambio. En otros casos, por ejemplo en el peronismo del norte argentino, vemos un pragmatismo político de tonos diferentes.

Parte del peronismo del norte argentino (Tucumán, Salta, Jujuy, Catamarca) está enfrentado desde hace más de una década con Cristina Kirchner, quien como titular del PJ nacional intervino, en clara represalia, los comités de algunas de dichas provincias. Eso, y la nueva realidad donde parte de esos gobernadores tienen una alianza de conveniencias con Javier Milei, ha hecho que se esté desmoronando el otrora férreo poder del partido de Perón en el Senado nacional.

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El Senado nacional sancionó 4 leyes esta semana.

El Senado nacional sancionó 4 leyes esta semana.

Esta semana, por primera vez desde el retorno a la democracia el peronismo kirchnerista se quedó sin autoridades en la Cámara de Senadores del Congreso Nacional y a un paso de perder el famoso "tercio vetador" del que siempre hicieron gala los peronistas cuando frenaban los proyectos de leyes que proponían los presidentes no peronistas.

Todos los gobiernos quieren influir en la Justicia, pero las gestiones de Néstor y Cristina Kirchner siempre fueron directamente a colonizar la Justicia Federal, que es la que debe resolver los casos de corrupción de los funcionarios. Ese matrimonio siempre tuvo en claro que sus tramoyas poco santas podían traerles dolores de cabeza, razón por la que había que frenarlos a tiempo con la ayuda de los "amigos de toga".

Camporismo de capa caída

A ello hay que sumar lo que pasó con La Cámpora, o mejor dicho, con lo que va quedando de ella, tras la potente derrota que le infringieron en Mendoza los intendentes peronistas "territoriales" en las elecciones de concejales realizadas en seis departamentos. Los camporistas perdieron con ganas en las comunas donde fueron con lista separada del PJ provincial que conduce Emir Félix, como San Rafael, Luján de Cuyo y Rivadavia.

En cambio donde se adosaron al PJ de cuño mendocino (Maipú, Santa Rosa y La Paz) los camporistas por lo menos evitaron el papelón del ostracismo, pero con la amargura de tener porcentajes de entre 5% y 10% frente al resto del peronismo republicano.

Para Cristina fue otra muestra acabada de cómo se está terminando de apagar en nuestra provincia la luz de su "mano derecha", Anabel Fernández Sagasti. ¿Puede evitar el desprestigio una dirigente que sigue pegada políticamente no sólo a Cristina, sino a Máximo Kirchner? Ahora los K temen que el rechazo que sufrieron en Mendoza se replique en otras provincias.

Imposibilitada de volver a cualquier cargo público por estar condenada y privada de su libertad por actos de corrupción en la obra pública, Cristina Kirchner ha sido impactada en estos días por el cachetón que significó lo ocurrido en el bloque nacional de senadores peronistas.

anabel fernandez sagasti
La mendocina Anabel Fernández Sagasti,

La mendocina Anabel Fernández Sagasti, "mano derecha" de Cristina Kirchner.

Pichetto retorna

Cristina sigue de cerca cómo se reposicionan algunos referentes del peronismo. En particular el regreso a la lucha partidaria de Miguel Angel Pichetto, quien si bien continúa como una de las patas justicialistas en Provincias Unidas, intenta armar una nueva línea que junte a los peronistas de diferente pelaje bajo la consigna "El peronismo tiene que perdonarse", frase ganchera, pero medio ladina por la falta de autocrítica respecto de los hechos de corrupción de los líderes máximos del kirchnerismo.

Pichetto cree que "cualquier gobierno peronista es mucho mejor que este que nos está gobernando y nos está mandando a la miseria". Por eso les pide a los "compañeros" que "dejen de hablar del pasado, de los errores que hemos cometido y empiecen a mirar el presente y el futuro, construyendo una propuesta junto al centro político nacional para volver a ganar las elecciones".

Lástima que por ahora el principal aliado de Pichetto sea Guillermo Moreno, ese personaje nefasto que avalado por Cristina intervino el INDEC para mentir descaradamente sobre los índices de inflación. La palabra fantoche nos salta a la mente porque (seamos serios) Moreno no es un dirigente político sino una persona grotesca, usado como compadrito por el kirchnerismo para trabajos sucios.

A Moreno la Justicia le dio una pena de tres años de prisión condicional y seis años de inhabilitación para ejercer cargos públicos por los delitos de abuso de autoridad y destrucción de registros públicos durante su intervención en el INDEC.

Quiero y no puedo

Los que tejen más fino creen que Pichetto pretende instalarse como un tercera opción entre una Cristina presa y un Axel Kicilllof que como gobernador bonaerense quiere generar "un peronismo con nuevas canciones", pero que no parece tener la carnadura para impulsar esos cantares.

Siempre hay que recordar que la degradación del kirchnerismo cristinista no significa que esté muerto. Todavía tiene poder de fuego. Lo acaba de experimentar el propio Kicillof quien el viernes pasado perdió una de las peleas que estaba dando contra Cristina y La Cámpora para tratar de sentar más presencia entre las autoridades del Senado bonaerense.

miguel pichetto
El espacio que propicia Miguel Pichetto.

El espacio que propicia Miguel Pichetto.

Cristina Kirchner, desde la cárcel, logró imponer a uno de esos eternos del conurbano bonaerense, el nunca bien ponderado Mario Ishi, como vicepresidente primero de dicha Cámara, lo que representa el segundo en la línea de sucesión del gobernador. Hasta hace unos días Kicillof decía que no estaba dispuesto a negociar ese puesto.

En síntesis: Por ahora, con muchos días nublados, el peronismo es como el sol, siempre está. ¿Vio, lector, cuando uno sale a caminar en días nublados y se demora disfrutando de la brisa fresca creyendo que las nubes lo protegen de los rayos UV, y que a la noche cuando se mira en el espejo se encuentra con la cara toda tostada? Bueno, lo mismo pasa con este fenómeno político que viene marcando la vida de los argentinos desde hace 80 años.

El peronismo ya es parte del paisaje político argentino. Y enmarcado en una democracia republicana va a seguir siendo una realidad necesaria porque, como decía Borges con humor, "los peronistas no son ni buenos ni malos, son incorregibles".

El kirchnerismo, en cambio, es una mala racha que el peronismo -como un humano en su existencia- tenía que pasar, una mancha de ideologismo de brocha gorda que se va a ir destiñendo, pero que será difícil sacar del todo.

Es el dogmatismo que nunca vio dictadura en Venezuela y que pactó con los iraníes que atentaron contra nuestra paz; es atropello que se permitió faltarle el respeto a los argentinos fraguando durante años las cifras del INDEC que una simple visita al supermercado permitía desmentir; es la colonización de los institutos superiores de educación para formar profesores de secundaria que difundieran la doctrina nacional y popular y que descalificaran al liberalismo que nos aportó esta democracia republicana (no el libertarismo ultra de Milei); es populismo económico y una berretización de la ciencia económica, pero por sobre todas las cosas, ha sido un formidable latrocinio de sus dos principales conductores contra los bienes públicos de los argentinos.

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