Mi gran amigo y profesor Juan Carlos Cachanosky (ya fallecido), nos decía que los economistas matemáticos (neoclásicos, keynesianos, y sus derivados como los econometristas), eran un “merger” entre economistas que no saben nada de matemática/estadísticas, y matemáticos/estadísticos que no saben nada de economía.
Estadísticas científicas vs. estadísticas ideológicas
A propósito de los datos de crecimiento, empleo y empresas, el “mainstream” económico comete el error de buscar principios en las estadísticas
Siguiendo la tradición austríaca, Hayek completó este concepto de mi gran amigo, en su discurso de recepción del premio Nobel en 1974 que llamó La Pretensión del Conocimiento, donde precisamente, hacía referencia a esto, señalando la idea “soberbia” de cierta “moderna economía”, de querer ver verdades científicas por medio de las estadísticas y las matemáticas. Finalmente, uno de los padres de la Teoría de los Juegos junto con John von Neumann, el genio de Oskar Morgenstern, uno de los famosos participantes del más famoso aún seminario privado de Mises; en su libro Sobre la Exactitud de las Observaciones Económicas, hace una crítica devastadora a la idea de obtener principios mirando estadísticas, algo usual en la mayoría de los economistas y analistas. Lo llama “La Ilusión de la Precisión”. Es la teoría económica correcta la que fundamenta a la estadística y no al revés; por ejemplo, hablar sobre una estadística de precios no tiene ningún valor, si no tengo la teoría monetaria correcta detrás.
Usemos como ejemplo el “famoso” PBI
La fórmula del PBI fue creada por el profesor Simon Kuznets siguiendo los lineamientos de la Teoría General de Keynes. En un principio, Kuznets estuvo a punto de sacar al gasto público de la fórmula, ya que la guerra mostraba que su aumento hacía “crecer” la economía y luego de la guerra bajaba mucho. Pero finalmente lo dejó, ya que mostraba mejor, según su parecer, la situación en tiempo de paz; la esquirla keynesiana quedó intacta, debido a que el germen de su error estaba precisamente allí.
La fórmula del PBI es la siguiente: Y = CP + I + G + Expo - Impo, donde Y es la producción nacional; CP el consumo privado; I es la inversión; G es el gasto público; y el resto es el comercio del país, lo que sale suma (exportaciones), lo que entra resta (importaciones). Con esta fórmula, si el gobierno aumenta G, inmediatamente hace subir Y, lo cual, le da aval “pseudo científico” al aumento del gasto público como generador de valor en la economía, y a la intervención del Estado en la economía su vehículo ejecutor con el fin de “corregir la inestabilidad endógena que tiene el capitalismo”, según las propias palabras de Keynes.
La fórmula contiene dos errores claves, que la hacen una estadística ideológica. El primero de ellos, es que todo gasto estatal (repito, todo gasto estatal sin distinción del tipo de gasto), está fundamentado en una decisión burocrática y no de mercado. Siguiendo al economista francés Jean B. Say, mis clases de economía (oferta) son las que me permiten comprar mi ropa (demanda) en un juego libre del mercado. Si detecto que el mercado podría comprar mis clases, invierto capital para ello (estudiar, capacitarme, computadora, escritorio, silla, etc{etera), es decir, es un juego permanente sin comienzo ni final entre oferta y demanda. Nada de eso ocurre ni interviene en la decisión de hacer un gasto desde el Estado. Los fondos son sacados de forma compulsiva al sector privado y luego son gastados según las decisiones del burócrata de turno, que no participó en la acumulación de capital previo. Esto último agrega el problema del incentivo. Un privado acumula e invierte capital (algo que necesita tiempo porque implica disminuir consumo) porque estima que su producto y/o servicio será demandado por el mercado, si acierta gana dinero si no acierta quiebra. Un político decide gastar el dinero de los privados según su conveniencia electoral y/o de poder, es decir, nunca genera valor el gasto público. Algunos señalan qué pasa si el gobierno gasta ese dinero sacado de privados vía impuestos en algo que sí quiere el mercado; mi respuesta es: entonces no tiene sentido que intervenga y de paso un privado lo hará de manera más eficiente, dado los incentivos mencionados. Para cerrar este primer error, cabe señalar que, todo producto/servicio emanado del sector privado, indirectamente generado por ese gasto estatal, es falso conceptualmente (por ejemplo, cemento que un privado le vende al Estado para hacer una ruta, las gaseosas que vende un privado en una fiesta financiada con gasto público).
El segundo error, como lo ha mostrado el gran economista de la Escuela Austríaca de Economía Mark Skousen en su libro La Estructura de la Producción, y lo señala también en su libro La Formación de la Teoría Económica Moderna, la fórmula del PBI no tiene en cuenta la creación de bienes y servicios intermedios y mucho menos el ahorro. Esto se debe a que el PBI sólo se refiere a los productos y servicios finales a precios de mercado. El profesor Skousen ha demostrado que, si agregamos lo que falta al PBI, el consumo pasa de representar el 70% del PBI al 35%, algo que a Keynes no le gustaría saber. La inversión y el ahorro comienzan a tener una incidencia crucial en esta “nueva fórmula” denominada Gross Output (dicho sea de paso, la NBER que sería como el INDEC de USA, comenzó a calcular y armar este indicador del profesor Skousen desde mitad de los ‘90, a partir de su contribución). Claramente el PBI es un ratio ideológico.
Crecimiento, empleo y empresas bajo la lupa teórica y estadística correcta en Argentina
Si tomamos todo lo señalado anteriormente y lo aplicamos a mirar las estadísticas de crecimiento, empleo y creación de empresas en Argentina hoy, podemos ver que lo que se quiere señalar desde el “mainstream” económico es falso. Empecemos por lo publicado en el EMAE, que sería una aproximación del PBI que se conocerá en marzo.
Los datos muestran, siguiendo la fórmula tradicional del PBI, que la tasa de crecimiento ha sido del 4,4% anual y muestra los sectores que han crecido y los que no. El “mainstream” dice que el crecimiento es desequilibrado (esquirlas neoclásicas) y que el consumo cae y afecta a las industrias por la apertura comercial (esquirlas keynesianas). Si aplicamos la teoría correcta, esbozada al correr de la pluma más arriba, y haciendo algunas estimaciones ya que no es observable con precisión matemática lo que ocurre en el mercado (Morgenstern), al separar y construir una especie de “PBI privado”, la tasa estaría dando alrededor de un 6,5% de crecimiento. Esto surge de ajustar gasto público directo y lo que genera indirectamente en privados (por ejemplo, en industrias), y de ajustar el consumo a un nivel del 35% del PBI y sumar una estimación de bienes/servicios intermedios. Aplicando la misma estimación conceptual por ejemplo a la época de Néstor Kirchner, donde el PBI mostraba crecimientos del 8%, el verdadero crecimiento no llegaba al 1,5% (Antonio Margariti, economista de rosario ya fallecido, hizo un análisis similar para dicha época mostrando un resultado parecido).
Sigamos con los datos de empleo, por supuesto haciendo la salvedad ya explicada en notas anteriores con respecto a la diferencia entre empleo y trabajo. El denominado “empleo formal” se mantiene casi estable en alrededor de los 6 millones, existiendo una baja en este concepto (mirando datos del SIPA que no sirve porque sólo considera lo que se registra y mal); pero ha existido un aumento tanto en el empleo informal como en los mal llamados “cuentapropistas” (digo mal llamados como si estuviera mal ponerse un taller mecánico con 2 empleados todos monotributistas). La suma y resta arroja que, desde diciembre del 2023 a diciembre del 2025, el dato da positivo en unos 400.000 nuevos empleos. En todo caso ha crecido la informalidad del empleo y la oferta de productos/servicios por cuenta propia (empresas, aunque no figuren en las estadísticas) y ha bajado el empleo formal; lo que estaría dando avales para la reforma laboral que incluso se quedó corta; pero no hay tal cosa como aumento del desempleo (que de hecho ha caído) y la pobreza ha caído, sin importar el ratio que se utilice. En síntesis, no hay destrucción de empleos, quizás hay destrucción de puestos de trabajo (son los que genera el estado de manera directa e indirecta).
Terminamos nuestro análisis (algo que se podría extender al resto de la economía para hacerlo correctamente si se quiere saber la verdad) con la creación y el cierre de empresas.
El “mainstream” dice que se han “cerrado” muchas empresas (generalmente señalan más de 20.000) y el dato lo extraen de mirar la cantidad de aportantes a las ART, que es verdad que han caído. Pero no tiene en cuenta las aperturas y cierres que figuran en las cifras de la IGJ y tampoco tiene sumadas aquellas que no se inscriben, pero funcionan como empresas bajo un monotributo, por ejemplo. Otro error típico aquí es hacer comparaciones con épocas pasadas. Una empresa que se creó en el 2007 bajo tarifas congeladas, subsidios de todo tipo, precios controlados y préstamos estatales, no se la puede considerar como tal, es una ficción no una empresa.
Si una familia ha vivido del robo y de pronto no puede robar más y deben salir a trabajar, su nivel de vida se caerá a pedazos sobre todo al principio; comparar el estadío anterior (2003-2023) con el nuevo (2023-2025) es a todas luces un absurdo, es típica estadística ideológica.
Saber calcular la rentabilidad intrínseca que tiene todo negocio/emprendimiento es clave (algo que la mayoría no sabe, incluido economistas); saber entender si lo que tengo es un empleo o un trabajo es fundamental para poner las barbas en remojo urgente antes que sea tarde; y saber la teoría económica y financiera correcta, son cuestiones elementales, mucho más en el contexto actual donde el gobierno nacional baja gasto público e impuestos todo lo que el Congreso le permite (sólo piensan en subir gastos e impuestos), donde los gobiernos provinciales y los municipios siguen aumentando el gasto público y la presión tributaria sin comprender el momento, donde la justicia traba el desenvolvimiento del mercado generando ineficiencias, donde el mundo está cambiando a pasos agigantados. Los próximos dos años serán desafiantes, pero de una gran oportunidad.
¿Cómo hago para incorporar todo esto? Bueno, eso ya tiene otro precio.






