Análisis y opinión

Una buena noticia en los diarios del mundo: se cae la moda de los pantalones chupines

Gran noticia: ya no será obligación estar metidos a presión en esos trajes de saquitos petiteros y de pantalones "matambre"

Nada de Rodolfo Suarez, ni de Cristina Kirchner, ni de reformas a la Corte, ni del dólar soja. Para este columnista, y sabrán ustedes perdonar la impertinencia, una de las noticias de la semana ha sido la confirmación de que ha llegado a su fin el reinado de los pantalones chupines.

La noticia impactante de estos días alude a esos jodidos pantalones híper estrechos que por casi dos décadas han sometido a gentes diversas a verse ridículamente embutidos en ellos. Los españoles les llaman pitillos. Los ingleses, pantalones piel (skinjean).

En el mundo occidental hay coincidencia de que a la cultura chupina se le pasó el cuarto de hora. Quizás la peor versión de esos pantalones sean los chupines con el culo-bolsa. ¿Los tienen, no? Algo más fulero no se puede pedir.

La declinación chupinesca también llegará a los trajes de hombres, quizás la prenda más práctica, democrática y elegante que se haya inventado, que venía siendo infectada con sacos "petiteros", irrisoriamente cortos, y con pantalones "pitillos"a los tobillos, que aquellos que están más necesitados de consideración los usan con zapatos, sin medias.

¿Y el criterio?

Muchas personas que uno suponía criteriosas se dejaron ganar por esa dictadura. Quizás fue por falta de oferta más sensata en el mercado o porque el sastre a medida es muy costoso. O porque quisieron hacerse los modernos y resultaron patéticos al caer en esa trampa en la que también se suele incurrir por lo contrario, por ser exageradamente antiguo en el vestir.

Este columnista cree que esa defección chupina se debe a que las víctimas de esta moda no se miraron debidamente al espejo, esa cosa que es como la conciencia de uno.

Fíjese que ahora los bienpensantes han descubierto que los chupines son pantalones "poco inclusivos". Tarde piaron. Otros, más prácticos atribuyen esta declinación a la lógica del mercado de la moda que necesita la renovación para mantener activo el negocio.

Y no faltan los que explican el fenómeno como fruto de un lento pero continuo malestar de la gente del común que se cansó de tener problemas para conseguir pantalones rectos, algo que ya lo venía manifestando en las redes sociales.

Mirate en la foto

El diario El País, de Madrid, informó esta semana que las visualizaciones de los hashtags en contra de los chupines en las redes sociales ascendían a 467 millones. Y el londinense The Guardian estimó que la caída del pantalón chupin se comenzó a experimentar desde hace un año cuando efectivamente empezaron a caer las ventas de manera notable.

Cualquiera habrá podido observar en las fotos y videos de eventos sociales de las dos últimas décadas a gente petisa, excedida de peso, o con panza, metidos a presión en esos trajes de saquitos cortones y de pantalones "matambre", que les quedaban para el traste.

Esta moda le ha calzado bien a escasísimas personas. Los chupines son básicamente para jóvenes, o para flacos o para altos, todos los cuales no cubren el promedio de la población. La panza, digámoslo sin vueltas, se da de patadas con el chupín.

Este libelo

Además desde Europa y Estados Unidos advierten que las nuevas colecciones de las grandes marcas de ropa dejarán de incluir como prioritaria la onda chupina porque ya no es, dicen los que saben de esto, insignia de algo joven y moderno.

Los pantalones tipo calza o chupín fueron usados por reyes y hombres de la nobleza hace varios siglos. Hasta en las cortes sonaban estrafalarios. Pero ya se sabe que la moda se abroquela detrás del concepto de que "no incomoda".

Sin embargo, la moda, un rubro que para cualquier historiador o semiólogo es mucho más de lo que se cree, tiene por costumbre dejar en la psiquis humana rastros importantes. Mucha gente opta por reconstruir su vida por la vestimenta que usó en determinados momentos de su existencia.

Que a mí me parezca una moda fea (¿tendré que explicar que no soy alto, ni flaco, ni joven?) no quiere decir que este libelo anti chupín y anti trajes achicados sea una declaración de principios. Es sólo el esbozo de una crónica de costumbres, no de una verdad revelada.

Usted, lector/a, es lógicamente dueño/a de ponerse encima lo que le dé la reverenda gana. Pero si va a elegir algo achupinado, no se olvide de mirarse con detalle en el espejo.

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