Vendimias posibles

Un brindis con la tradición, las uvas y el olivo

El autor de esta columna plantea que además de la cultura de la vid Mendoza debe recuperar otras actividades de raíz milenaria, como el cuidado de los olivos

La Fiesta Nacional de la Vendimia es mucho más que un espectáculo internacional; es el reflejo de la identidad mendocina, donde se funden tradición, cultura y economía. Cada año, miles de espectadores se maravillan con la puesta en escena; pero detrás de los bailes, los cantos, se encuentra una historia profunda, arraigada en la tierra y en el trabajo incansable de los hombres y mujeres que hacen posible las cosechas.

La vendimia celebra la cosecha de la uva, el fruto que ha definido la historia económica y cultural de Mendoza. Desde los primeros viñedos hasta las modernas bodegas, la vid ha sido la columna vertebral de nuestra provincia, generando empleo, impulsando el turismo y proyectando la imagen de Mendoza a nivel internacional. Los obreros de viña, con sus manos curtidas por el sol y la tierra, son los verdaderos protagonistas de esta historia; su labor, a menudo invisible, es fundamental para el éxito de la industria vitivinícola. Su esfuerzo y dedicación merecen no solo nuestro reconocimiento, sino también políticas que garanticen sus derechos y mejoren sus condiciones laborales.

Pero la riqueza de Mendoza no se limita a la vid. El olivo, un árbol emblemático de nuestra cultura, ha sido relegado en las últimas décadas, pasando la provincia de ser la principal productora del país a ocupar el último lugar. La tala indiscriminada de olivos centenarios, un patrimonio invaluable, ha dejado una huella profunda en nuestra economía y en nuestra identidad. Es imperioso recuperar las hectáreas de olivos cultivados, no solo para revivir la tradición olivícola, sino también para generar nuevos ingresos para la provincia.

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Olivos de la Bodega Don Bosco, un paisaje que Mendoza debe cuidar.

Olivos de la Bodega Don Bosco, un paisaje que Mendoza debe cuidar.

La recuperación de la cultura del olivo requiere un esfuerzo conjunto. Se necesitan políticas públicas amigables que incentiven a los productores a generar nuevas plantaciones. Esto implica ofrecer financiamiento accesible, asistencia técnica, y la creación de mercados que garanticen la rentabilidad de la producción. Además, es crucial la concientización sobre la importancia de preservar los olivos centenarios, declararlos patrimonio cultural y promover su cuidado a través de programas de conservación y restauración.

Imaginemos un Mendoza donde la Fiesta de la Vendimia celebre no solo la cosecha de la uva, sino también la del olivo, donde la tradición vitivinícola se complemente con el renacimiento de la cultura olivícola. Una Mendoza donde los ingresos económicos se diversifiquen, generando mayor estabilidad y desarrollo para toda la provincia. Una Mendoza que, con orgullo, pueda volver a ostentar el título de principal productor de aceitunas del país.

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¿Por qué no imaginar una Vendimia con olivos?

¿Por qué no imaginar una Vendimia con olivos?

Para lograrlo, se requiere una visión a mediano plazo, una apuesta decidida por la innovación y la sostenibilidad, y un compromiso firme de todos los actores involucrados: el gobierno, los productores, los investigadores y la sociedad en su conjunto. Es hora de brindar por la Vendimia, sí, pero también por el futuro olivícola de Mendoza, un futuro que se construye con trabajo, con inversión y con la preservación de nuestro invaluable patrimonio natural y cultural. Es un brindis por un Mendoza próspero y con una identidad aún más rica y diversa.

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