Análisis y opinión

Todo mal: si no fuera por los planes sociales la pobreza llegaría al 50%

Según la UCA, a pesar de los subsidios la pobreza en la Argentina alcanza al 43,1% de la población y el 8,1% es indigente. La pobreza se profundizó en la última década en 15 puntos porcentuales

La protección social es la manera de amortiguar los efectos de la pobreza y la vulnerabilidad de los miles que no llegan a cubrir sus necesidades básicas. Y esto es porque la economía argentina no garantiza crecimiento estable y prolongado. Durante los últimos 40 años el crecimiento promedio fue de apenas del 1,5% anual, medio punto del crecimiento demográfico. Pero muy escaso para atender deudas sociales históricas o las demandas urgentes.

Nuestra sociedad acumula varias décadas fallidas en materia de crecimiento sostenido y distribución del ingreso. De hecho, esto ha ocasionado dos generaciones de nuevos pobres y una tercera en gestación. Hasta acá ninguna política económica ha mostrado ser virtuosa para promover un desarrollo productivo con equidad y que se sostenga en el tiempo.

Como dice el último Resumen de Informes de Deudas Sociales en la Argentina Urbana (2010-2022) del Observatorio de la Deuda Social de la UCA, ni las políticas de liberalización económica, ni las políticas de asistencia social son suficientes por sí solas para promover un modelo de desarrollo equilibrado en lo productivo y social, con capacidades de incluir en un mismo proyecto a los sectores del trabajo y al Estado integrando social y laboralmente a los excluidos del modelo social.

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Como explicó Eduardo Donza, investigador del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA), en Radio Nihuil, “un 20% o de la población está en una pobreza estructural que ya viene transitando una tercera generación de privación”.

Pero el problema no es solo el bajo crecimiento económico, sino que con cada nueva crisis aumentan los índices de pobreza. La sociedad argentina viene acumulando ciclo tras ciclo de pobreza estructural, crónica y persistente, con brechas de desigualdad creciente que impiden el crecimiento.

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Los planes sociales son un paliativo.

Los planes sociales son un paliativo.

En 1974 la pobreza en el país alcanzaba el 6% (un millón y medio de personas), con la recuperación de la democracia la pobreza se fue al 20% (6 millones de personas), con la convertibilidad se osciló entre el 20% y 30% bajo la línea de pobreza (10 millones de personas), todo antes de la crisis del 2001. Actualmente el 43% de la población urbana está afectada por privaciones económicas fundamentales (más de 17 millones de personas)

Como explicó Donza, Argentina no es más lo que era hace 40 años, cuando los hijos seguro que iban a estar mejor que los padres y casi seguro esos padres mejor que los abuelos. “Y lamentablemente a un 20% le toca siempre desde hace varias generaciones”.

La pobreza en la Argentina en los últimos 40 años nunca estuvo por debajo del 25%. Y es que como venimos diciendo, la mala praxis en cuanto a políticas públicas y desarrollo tiene inevitables consecuencias económicas y sociales en desmedro de la sociedad, más allá de la inclinación política o justificación partidaria.

“En relación a los países de la región hace 40 años teníamos una situación inmejorable, ahora estamos en un proceso inverso. Y el resto de los países como Chile, Brasil, Bolivia, Paraguay, van con una tendencia a la mejora y nosotros con una tendencia de decadencia. Y cada crisis nos deja varios escalones más abajo. Quizá estemos un poco mejor que otros países, pero porque antes estábamos muy bien” analizó Donza.

El dato a tener en cuenta: es que para levantar cada punto de pobreza tendríamos que estar generando en forma sostenida como Producto Bruto un 3% o 4% más.

50% de la población es asistida por un plan social

En Argentina, según datos de la Oficina de Presupuesto del Congreso, el gasto en Seguridad Social viene en aumento desde 2007, más allá del gobierno de turno.

Sin las prestaciones de la Asignación Universal por hijo, la Tarjeta Alimentar y la Pensión no contributiva para madres con siete o más hijos, de acuerdo con el informe del Congreso, habría 936.000 más pobres y 2.088.007 indigentes. Las tasas crecerían 5,2% y 46,8% respectivamente.

Esta visto que los planes no sacan a nadie de la pobreza, aunque no todo el que cobra un plan es pobre, ni el que no lo cobra es rico.

Cerca de la mitad de la población total, aproximadamente 23 millones recibe algún tipo de asistencia social: las de mayor alcance son el programa alimentario de la Tarjeta Alimentar y las asignaciones por hijo y embarazo y la más reciente y polémica el Potenciar Trabajo (del que hemos hablado en varias oportunidades).

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La tarjeta Alimentar es parte de uno de los programas de mayor alcance.

La tarjeta Alimentar es parte de uno de los programas de mayor alcance.

¿Los planes sociales sacan de la pobreza, aumentan el empleo o ayudan a la reinserción social?.

La respuesta es que claramente no. Pero hoy por hoy son un paliativo para miles de familias. Los planes sociales son una necesidad para asistir a las familias en base a la alimentación y educación pero la forma en que se administran hace que, en vez de mejorar el tejido social y productivo, solo aumente la cantidad de destinatarios.

En la crisis del 2001 había un solo plan, el Jefes y Jefas de Familia, que se fue multiplicando hasta superar el centenar largo actual. Y como ha ocurrido desde entonces son parches tras parches.

En estos 20 años, la cantidad de beneficios pagados por el Estado saltó de 1,6 millón a 12,12 millones, con un aumento del 657,5%. Aunque hay que aclarar que hay personas que cobran más de un plan debido a la superposición de beneficios entre distintas reparticiones.

Según datos de la Consultora Idesa durante el gobierno actual, la cantidad de planes nacionales creció 18,6% y el monto se duplicó.

“Si no existieran los planes sociales sería alarmante, la pobreza en lugar del 43 estaría en el 50. Entonces estamos en una situación donde es imprescindible que continúen pero con eso solo la situación no se soluciona nada, es un parche. Por supuesto que hay que controlarlos y los tienen que recibir los que lo necesitan. Pero si no mejora el mercado de trabajo y no mejoramos esas políticas de Estado de planificación y teniendo muy en cuenta las economías regionales, es muy difícil salir adelante” analizó Donza

Como vemos hay más gente cubierta por planes sociales. Este dato el gobierno nacional lo reivindica como un logro, cuando en realidad es la contracara del empeoramiento en las condiciones del mercado laboral.

En la realidad actual, eliminar los planes generaría un fuerte impacto, y se llega a esta situación, más allá de la pandemia, porque la economía argentina no es productiva.

Como lo hemos analizado en otras columnas, aunque la economía argentina crezca, no se genera empleo de calidad. Hay recuperaciones parciales pero los nuevos empleos se refugian en la informalidad o son de baja remuneración.

O las remuneraciones reales sufren un continuo deterioro. Esto no solo por la puja distributiva sino por la caída en la productividad media del trabajo y la tremenda inflación

Donza lo explicó de esta manera: “Tras la pandemia, la cuestión estructural ya se estabilizó porque se generó más empleo. Pero ese empleo no es de calidad, tiene malas retribuciones al trabajo. Como ventajoso es que los hogares tuvieron más capacidad para generar perceptores de ingreso pero por otro lado algo muy negativo es que se estabilizó esa generación de trabajo e ingresos para las familias, pero con tremendos aumentos de precios, tanto de la Canasta Básica Alimentaria como de la total. Pensemos que, con valores del 5, 6, y 7% mensual de inflación no hay ingreso laboral que aguante, no hay transferencia del estado que aguante”.

La pobreza multidimensional

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La vivienda es uno de los derechos fundamentales. Sin embargo, cada vez son más los que no pueden acceder.

La vivienda es uno de los derechos fundamentales. Sin embargo, cada vez son más los que no pueden acceder.

Las privaciones multidimensionales combinan la pobreza por ingresos y carencia en cuanto al acceso de derechos sociales fundamentales. Acceso a la salud, alimentación, a la educación, a la vivienda, a los servicios públicos, al trabajo y a un hábitat saludable.

Según el informe de la UCA, entre 2010 y 2022 el 70% de la población ha estado afectada en al menos uno de estos derechos fundamentales, el 48% en al menos dos de ellos y el 30% en tres o más.

Este 30% indica que al menos 13 millones de argentinos sufren de una exclusión severa en el acceso a bienes y servicios de inclusión social

El licenciado en Sociología, Eduardo Donza, explicó que “cuando uno ve la pobreza multidimensional, un 30% de los trabajadores ocupados viven en hogares en situación de pobreza. De los que hacen changas o trabajan en un programa de empleo, el 54%. Ahí vemos como se rompe esta idea de movilidad social y lo vemos desde hace tiempo”.

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La clase media empobrecida

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FEDEM trabaja por la inclusión socio educativa de los hijos de las familias que viven de los hornos de ladrillos.

FEDEM trabaja por la inclusión socio educativa de los hijos de las familias que viven de los hornos de ladrillos.

Cada vez que necesitamos analizar la pobreza y sus múltiples consecuencias , recurrimos a Graciela Baccarelli, presidenta de FEDEM (Federación de Entidades No Gubernamentales de Niñez de Mendoza) y titular de la Fundación Vínculos Estratégicos, con sede en el Algarrobal y que tiene como misión la inclusión socio educativa de los hijos de las familias que viven de los hornos de ladrillos.

FEDEM nuclea a más de 50 organizaciones sociales de niñez y adolescencia, y cada una de estas instituciones asiste en promedio a 150 chicos. Actualmente la federación recibe más de 10 millones de pesos del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación del Programa Argentina Contra el Hambre con el que asisten a 20 ONG con dos modalidades: bolsón de alimentos o viandas para desayuno, almuerzos y meriendas en los comedores.

Hoy por hoy más de 9.000 chicos reciben su almuerzo en estas instituciones y otros 10.400 toman la merienda. Mientras, 55.000 familias reciben por mes módulos alimentarios.

Graciela contó que observan a muchas familias pugnar por un lugar en alguno de los comedores o merenderos a los que asisten.

“La clase media está empobrecida y se observa que gente con trabajo, con bono de sueldo, con economía en blanco ya está asistiendo más a nuestros lugares no solamente por la asistencia alimentaria sino por los SEOS (Servicio Educativo de Origen Social) donde los niños y niñas, están en jardines maternales para que las madres y padres puedan estudiar o trabajar, y en apoyo escolar para las trayectorias débiles. Entonces se observa gente que está trabajando que realmente está por debajo de la línea de pobreza que quiere asistir a estos lugares y están las matriculas recontra ocupadas porque estos lugares estaban siempre más enfocados en brindar asistencia a la vulnerabilidad social ya sea en la indigencia o pobreza. Pero como se han aumentado los márgenes de pobreza es como que hay que reanalizar las situaciones de vulneración social de la provincia”.

Graciela relató que incluso va gente con mucha vergüenza a pedir asistencia. “Siento de corazón que desde hace 30 años no hemos movido la aguja. Acá lo que estamos viendo es que está cayendo a la línea de la pobreza la clase media. El que está pagando un alquiler, el que mandaba al hijo a una escuela privada. La persona que vive en un asentamiento probablemente tiene menos gastos fijos que la persona que está en una clase media-baja. Si esto disminuyera seguramente habría menos gente de la clase trabajadora, en blanco, bajo la línea de la pobreza”.

En la Argentina del siglo XXI la pobreza nunca dejó de afectar al menos a uno de cada cuatro argentinos y cuando eso ocurrió, duró poco tiempo.

Actualmente la pobreza monetaria y la no monetaria afecta a 4 de cada 10 argentinos: 17 millones de personas y la marginalidad más estructural afecta a 2 de casa 10.

Con todos estos datos, y teniendo en cuenta que el próximo año es de elecciones se presenta una nueva oportunidad histórica económica. Se sabe que un solo gobierno no resolverá la situación, pero si construye los cimientos del crecimiento con consenso político, quizá en 10 año estemos hablando de otra Argentina, menos empobrecida.

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