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¿Qué tiene que ver nuestra Fiesta con los millennials de EE.UU. que toman vino?

Hay un debate interesante en torno a quién debe determinar que no haya más reinas de la Vendimia. ¿La propia realidad, las encuestas, una consulta popular?

¿Reformar la Constitución de Mendoza? "No es el momento". ¿Terminar con la elección de la Reina Nacional de la Vendimia? "No es el momento" ¿Volver a las clases presenciales en las escuelas? "No es el momento". Tampoco era el momento para la minifalda ni para Los Beatles. El zarismo negaba que ése fuera el tiempo para la revolución comunista y Galtieri tenía las urnas bien guardadas porque no era tiempo de votar.

Nunca iba a ser el momento del divorcio y hoy es un derecho que nadie discute. Jamás de los jamases iba a ser el momento para que se casaran personas del mismo sexo. Proponer el aborto legal era poco menos que una afrenta al sentir nacional. Las mujeres estuvieron excluidas del derecho al voto hasta 1952 en la Argentina porque no era el momento, es decir porque los hombres habían decidido que ellas no estaban capacitadas para discernir quién debía gobernarlas.

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¿Quién debe determinar cuándo es el momento para, por ejemplo, no elegir más la Reina de la Vendimia, costumbre acusada de cosificar a la mujer a través de un concurso de belleza con estándares perimidos? ¿Será la propia realidad? ¿Tal vez las encuestas? ¿O directamente una consulta popular? ¿Será por decantación natural de las cosas? ¿O no será porque se impondrá el tradicionalismo?

Se va la primera

Cuando en 1936 el gobernador de Mendoza Guillermo Cano y su ministro de Industrias y Obras Frank Romero Day impulsaron y concretaron la primera Fiesta de la Vendimia, se basaron en algunos festejos vendimiales que habían visto en un viaje por las regiones vitivinícolas italianas, algunos de los cuales incluían la elección de una reina. Por ese entonces Italia era todavía un reino. Faltaban todavía 10 años para que Italia se convirtiera en una república tras la caída del fascismo.

Cano y Romero Day fueron visionarios y dieron pie a una Fiesta que con los años adquirió resonancia nacional y luego internacional. La primera gran transformación de la Vendimia se dio entre 1965 y 1973 cuando Abelardo Vázquez (el gran mago e ilusionista de la Vendimia) y otros artistas mendocinos hicieron explotar todas las posibilidades escénicas y argumentales que permitía el anfiteatro Romero Day. Se metieron con la Fiesta no con las reinas. Para esto último aún no era el momento.

Un nuevo "efecto Vázquez", esta vez sin la elección de reinas por ser algo que ya quedó apolillado, es el que están pidiendo quienes sostienen que para no dejar morir la Fiesta hay que renovarla según los cánones del Siglo XXI y no los de 1936.

Unos y otros

Partidarios de los cambios aseguran que todo lo que ha ocurrido con las mujeres en los últimos 20 años ha dejado desfasado ese cuento de reinas y princesas, de capas y coronas. El departamento de Guaymallén ha propuesto dejar de elegir reina en esa jurisdicción. Es una propuesta del oficialismo radical, que avala el intendente Iglesias y en días más se debatirá en el Concejo Deliberante.

Esto ha generado un fuerte revuelo, incluso puertas adentro de la Comuna donde a un funcionario se le ha pedido la renuncia por haber cuestionado la decisión municipal. El crítico opinó que "sacar a las reinas es atacar nuestra identidad y censurar la cultura".

Hace unos meses el jefe comunal de Malargüe anuló la Fiesta de la Vendimia y la suplantó por una festividad de la producción que no incluye ninguna elección de reina. En su caso fue para quejarse porque la ley antiminera 7722 no tiene en cuenta que ese departamento ha sido siempre minero y que es precisamente en ese rubro donde radica su posibilidad de volver a ser departamento con futuro.

Sin agrietar

Ahora, bien. ¿Por qué deberían ser más dignos de atención los que no quieren coronas ni capas que aquellos que creen que elegir reinas es una marca de la Vendimia y una tradición que hay que resguardar? No es que unos sean más importantes que los otros. Unos tienen una posición más de avanzada y otros prefieren resguardar lo establecido. El asunto es que se ha instaurado el debate y ahora es necesario darlo, sin que esto signifique cavar una nueva grieta.

Hay quienes advierten que hay que aportar datos concretos y menos ideología. Guaymallén ha dado algunos de los primeros: cada vez es más difícil encontrar chicas dispuestas a participar de las fiestas distritales. El interés ha decaído notablemente. En las fiestas departamentales mucha gente se retira al terminar el espectáculo sin esperar la elección de la reina. La gente joven va a las repeticiones del Acto Central porque prefieren la combinación de show vendimial y de artistas populares al final.

La opinión personal de este columnista es que la versión de la Fiesta de la Vendimia sin reinas tiene más posibilidades de fortificarse, renovarse y mantenerse en el tiempo que el festejo tradicional con tintes monárquicos. Pero es solo un punto de vista, no una declaración de guerra contra nadie.

Fíjese qué interesante este otro dato: mientras aquí divagamos sobre coronas y capas, un grupo importante de bodegas argentinas ha encargado un estudio en los Estados Unidos para conocer las preferencias de consumo de vinos en tres segmentos diferenciados de consumidores de ese país: los millennials (de 25 a 39 años) la Generación Z (de 21 a 24) y la Generación X (de 40 a 54 años). ¿Por qué en esos grupos? Porque en esos tres sectores ha aumentado el consumo de vinos y es entonces imprescindible para nuestros exportadores conocer cómo se los puede seducir con calidad e innovación a fin de que no dejen de consumir vino argentino.

¿Y sabe qué?: vino y fiesta deben seguir en yunta.