Análisis y opinión

Presencia de Mendoza en el "golpe institucional" que Marcelo Tinelli denuncia contra la Liga de fútbol

A Tinelli le va mal como dirigente del fútbol. Tuvo un año de perros en la TV. Y ya no tiene la influencia que le envidiaban los políticos

Marcelo Tinelli ha denunciado que le quieren dar "un golpe institucional" para sacarlo de la presidencia de la Liga Profesional de Fútbol. Y Mendoza está presente en esa asonada.

Es que Godoy Cruz, nuestro crédito en la AFA, es uno de los 15 clubes que propicia la patada simbólica en el tujes del otrora N° 1 de la televisión argentina, quien sólo mantendría el apoyo de 11 clubes de un total de 26 instituciones (ahora, con los dos nuevos ascensos llegan a 28). Esa fue la frutilla que coronó un año de perros para el Cabezón.

Le ha ido mal en casi todo. Quemó los últimos cartuchos con La Academia, su frustrada apuesta para seguir girando con una mezcla del Cantando y del Bailando sazonada con el apolillado condimento de escándalos reales o inventados, esos que en alguna época le rindieron buenos dividendos, al igual que las cámaras ocultas, hoy gastadas.

Todos esos formatos o maquetas sufren de eso que en ingeniería se llama la fatiga de los materiales y que llevan a su rompimiento. La repetición de un esfuerzo humano sobre un elemento produce ese estado de cansancio.

Su productora de contenidos (Laflia) no logró ningún éxito notable con otros ciclos que tenía en El Trece. El programa Súper Súper que producía para El Nueve porteño fue denunciado ante la justicia de ser una copia de Clink Caja, formato que es propiedad de Eduardo Metzger desde 1994. Lo bajaron.

Tampoco cuajó su intento de volver con un programa humorístico a cargo de sus cómicos de siempre y con chistes remanidos. Y le ha ido mal con la plata. Títulos en la prensa del tipo "La AFIP ejecuta a Tinelli por impuestos impagos" se hicieron comunes.

Los cheques

Cuando estuvo unas semanas separado de su actual mujer, Guillermina Valdés, las revistas y los sitios digitales dijeron que el motivo del enojo habrían sido unos cheques sin fondos que le entregó Marcelo y que le generaron un mal rato a la dama en su negocio particular.

Además los hinchas de San Lorenzo lo tienen montado. No diremos dónde. Están muy enojados con los manejos dirigenciales de San Lorenzo (en donde Tinelli está con licencia hasta mayo por sus ocupaciones en La Liga Profesional) y con los amargos resultados obtenidos.

Al "golpe institucional" contra su conducción en la Liga lo definió como "un accionar artero, no solo a las autoridades que fueron legítimamente electas en forma oportuna, sino también a la vida de la organización, que se trata de violentar". No obstante dejó abierta la posibilidad de llamar a elecciones.

Los mentideros aseguran que esos dirigentes de clubes -molestos con Tinelli- lo quieren rápidamente fuera de la conducción de la LIga Profesional. Concretamente, en el inminente enero de 2022. Pretenden que la Liga esté en "en manos de alguien alineado con el Chiqui Tapia, titular de la AFA".

El reparto de dividendos generados por la venta de derechos televisivos sería otro de los puntos centrales del enojo. Los diarios deportivos hablan de "la crisis sin fin de Tinelli".

Lo que no fue

Le fue mal en la política. Se desbarrancó en la tele donde supo ser Gardel. Ya no es un productor exitoso de contenidos televisivos. En San Lorenzo se hartaron. En la AFA lo quieren fuera de la LIga Profesional de Fútbol. Ya no figura en los listados de los argentinos más influyentes que se publican cada fin de año. Durante décadas estuvo abonado al top five junto a presidentes y empresarios.

Soñó con ser presidente de la Nación. Fue socio de un personaje tan cuestionado como el empresario kirchnerista Cristóbal López a quien le vendió su exitosa productora Ideas del Sur. Coqueteó con políticos. Lloró abrazado a Cristina en el velorio de Néstor Kirchner. Con el regreso del cristinismo al poder anduvo de cogote cruzado con Alberto Fernández e integró la aparatosa y poco productiva Mesa del Hambre, una puesta en escena que lo desprestigió. E incluso admitió, por ese entonces, que siempre había sido peronista. Fue un quiebre.

Llegó a meterse en tantas cosas que terminó sin hacer bien ninguna de ellas, ni siquiera la televisión donde supo nadar como pez en el agua a base de esa mezcla de avispado con calle y de su manejo de la información con fuerte llegada a la gente.

En los estudios de TV fue un tipo muy rápido para armar momentos interesantes a partir de la espontaneidad. Tuvo algunos tics machistas pero cachó rápido la onda para adecuarse al relato más feminista. Sin embargo, mecido por el confort, confió demasiado en sí mismo lo que le hizo perder creatividad.

Se repitió hasta el cansancio, con frases y muletillas rancias, y con una estética de locutor canchero de barrio, que hartó. Y, en lo personal, sorprendió cuando en el comienzo de la pandemia, con el país bajo acuartelamiento sanitario, él se pudo trasladar sin problemas hasta su mansión en Esquel.

Lo que Tinelli está viviendo ahora con el mundo del fútbol, un ámbito tenebroso que ahuyenta y combate a mucha gente honesta y capaz, es quizá la consecuencia de todo ese merengue en que convirtió su vida. Abarcó mucho y ahora no tiene con qué apretar.