El intendente de la Ciudad de Mendoza, Ulpiano Suarez, ha entendido con la urgencia del rayo que el rubro de la seguridad va a ser uno de los que más tendrá que burilar -en asocio con la Provincia que es la responsable principal- si pretende que su segunda gestión municipal lo deje bien posicionado para las precandidaturas a gobernador en 2027.
¿Por qué impactó tanto el robo al local de ropas de la calle 9 de Julio?
Pero esta advertencia no sólo es para él. Cualquier jefe comunal del Gran Mendoza que tenga pretensiones no sólo de un futuro político, sino de terminar con decoro la gestión que arrancó en diciembre pasado, deberá hacerse a la idea de que si no le pone el ojo a la seguridad, se las podría ver negras. La crisis económica tiene al aumento del delito como uno de sus acompañantes "de cajón".
El detonante de esta semana en la Ciudad de Mendoza fue ese aparatoso robo en un local de ropas ubicado en pleno centro (9 de Julio entre Peatonal y Rivadavia) que desvalijaron por completo. Diríase que los ladrones trabajaron "hasta agotar stock". Solo dejaron las perchas.
Sin embargo, hace bastante tiempo que se venían produciendo robos similares, de noche, en pleno centro. Ahora es la calle 9 de Julio, antes agarraron para el churrete varios comercios de la calle Espejo, o negocios de la avenida San Martín.
El olfato
La diferencia esta vez fue la fuerte resonancia que ese robo tuvo en la población. Son curiosas las razones por las cuales ciertos delitos parecidos impactan de manera diferente. Dios y el diablo están en los detalles, nos han enseñado algunos avispados. Quizás en este caso "el detalle" que se tornó insoportable para los ciudadanos fue la impunidad con la que "trabajaron" los ladrones.
Estuvieron cinco horas -desde las 21.30 hasta pasadas las 2 de la mañana- sacando productos del negocio en bolsas de consorcio y cargándolos en un auto rojo y a nadie le pareció raro, pese a ser un domingo a la noche. ¿Es posible que en todo ese tiempo no haya pasado por allí ningún móvil policial? Es cierto que la gente escapa a caminar de noche en determinadas calles. Pero, ojo, aquí estamos hablando de la calle 9 de julio en pleno centro, no de una arteria de la Cuarta este.
Lo concreto es que Ulpiano Suarez "olfateó" rápido la repercusión de este suceso, sobre todo cuando la dueña del negocio afectado denunció ante los medios de difusión que ese sector de la Ciudad era "zona liberada" para los delincuentes.
El jefe comunal llamó urgente a una reunión a autoridades provinciales y a referentes de los entes que agrupan a los comerciantes, para hacerle frente a este chubasco delictual. Por lo pronto, adelantó que se volverá al sistema de rondines nocturnos en bicicleta, hasta que se puedan conformar nuevas respuestas al fenómeno. El dato positivo es que en poco tiempo la Policía pudo detener a cuatro de los asaltantes y recuperar buena parte de la ropa robada y que todavía permanecía en bolsas de consorcio.
Desmayo y lágrimas
El intendente admitió que en la Ciudad harían falta 700 policías más, entre uniformados y preventores hasta lograr 12.000 efectivos, que es el número indicado por los técnicos para una Ciudad donde a diario se mueven más de medio millón de personas entre residentes y los que ingresan a trabajar, estudiar, hacer trámites, compras o pasear. Y reiteró su idea de que las comunas del Gran Mendoza deben ser analizadas como una unidad a los fines de tratar problemáticas como la de la seguridad.
¿Cómo no recordar al entonces gobernador Julio Cobos cayendo desmayado en la puerta de su casa en la Quinta Sección cuando una manifestación de vecinos lo apuró por el crimen de Susana Cruz de Rubino en ocasión de un robo?
¿Cómo olvidar que la gobernación del peronista Celso Jaque quedó sellada a fuego por la inoperancia para combatir el delito que él había prometido bajar en los primeros meses de gestión, situación que lo obligó a pedir disculpas y a lagrimear frente a las cámaras?
En alza
El Ministerio Público Fiscal ha adelantado datos del 2023 que marcan un alza importante en robos y hurtos, con mayor violencia, lo cual parece confirmar que la crisis económica ha puesto todo patas para arriba. Y que los daños colaterales que viene dejando desde hace años el descalabro económico son cada vez más pesados.
Cualquiera puede comprobar que hay muchas más personas con problemas de subsistencia, viviendo en la calle y buscando comida en los contenedores. La calidad de vida de muchos ciudadanos de clase media baja ha caído de manera estrepitosa, acercándose al umbral de la pobreza.
Pero, además, cualquiera puede advertir que en los últimos 25 años la Ciudad ha tenido mutaciones que han dejado marcas. El Centro se ha reconfigurado. Diríase que sólo mantiene su viejo esplendor por las mañanas; por las tardes se desvanece; y la vida nocturna se ha comprimido en zonas más seguras, como el polo gastronómico de Arístides, o se ha desgranado en los shoppings del Gran Mendoza que tienen seguridad propia.
Desde hace demasiado tiempo, de madrugada, cualquiera se dedica a pintarrajear paredes públicas y privadas o a dañar vidrieras o a grafitear frentes de escuelas o a destruir bienes como la cartelería o las señales. Los vecinos afectados reiteran la misma pregunta: ¿para qué están las 600 cámaras diseminadas a lo largo y ancho de la Ciudad, si nunca detienen a estos infractores que le amargan la vida a más de un vecino?
Vivir en torno a una plaza o a un paseo es ser candidato al enchastre. Hay bandas del aerosol que se ensañan en determinadas arterias, como la avenida Pedro Molina cuya vereda norte es un muestrario del enchastre desde la avenida San Martín hasta Belgrano.






