Análisis y opinión

Para Cornejo, la UCR nacional de Lousteau no capta la onda de los adherentes radicales

Hoy no existen liderazgos abarcativos en el radicalismo. Hay paladines provinciales y municipales o referentes legislativos, pero falta el elemento aglutinador

Alfredo Cornejo siente que las autoridades nacionales de la Unión Cívica Radical (UCR), con Martin Lousteau a la cabeza, están en una onda que no conecta con lo que ha demostrado más del 90% de los simpatizantes radicales que votaron por Javier Milei en el balotaje presidencial.

El hoy gobernador de Mendoza creyó tiempo atrás que Lousteau podía aportar algunos elementos interesantes al partido que fundó Leandro N.Alem. Incluso avaló en 2022 que Lousteau fuera un posible candidato de los radicales a jefe de Gobierno porteño. Ahora ve a esa conducción partidaria como desensamblada del momento que vive el país.

Cornejo ha dicho que la mayoría de quienes votan habitualmente a la UCR sin ser militantes quiere que al Gobierno nacional le vaya bien. "Pero no por el Gobierno en sí, sino -especificó- porque la Argentina no puede perder otros cuatro años sumida en la decadencia y en el aumento de la pobreza".

Su argumentación sostiene que Lousteau y la conducción central partidaria deben adherir al Pacto de Mayo porque de esa manera van a conectar con el sentir de los afiliados y adherentes. El mendocino ve que éste es el momento de MIlei y que los radicales deben acompañar con una crítica inteligente sin ir a un choque que aporte más dinamita a la ya existente. Y reitera: "hay que actuar con tolerancia hasta que se estabilice la economía".

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Aporteñados

Lousteau y la cada vez más aporteñada jefatura nacional de la UCR conjeturan que el partido "debe mostrar carácter y coraje" frente a MIlei y no perderse en tantos protocolos. "Antes que al Presidente -explica quien fuera ministro de Economía de Cristina Kirchner- debemos acompañar y defender a los que la están pasando mal" porque lo peor que puede pasar "es que la sociedad le tenga temor a Milei".

Dirigentes como Cornejo intuyen que el radicalismo va a tener posibilidades de reverdecer cuando el país se encamine mínimamente en el saneamiento económico. Hoy no existen liderazgos fuertes en ese partido. Hay paladines provinciales, regionales, municipales, dirigentes de consulta, figuras legislativas. Sin embargo falta el elemento aglutinador.

Lo tratan de suplir con el bloque de los 10 gobernadores de la UCR y del PRO. Con esa entente como escudo buscan hacer menos evidente la desaparición de Juntos por el Cambio, una realidad que algunos radicales aún se niegan a aceptar y que ha dejado pedaleando en el aire a buena parte de la dirigencia de ese partido.

Antes, cuando eran socios del PRO en JxC, la UCR sonaba como una caja de resonancia. Ahora es como un instrumento con sordina, agravado por la lógica preeminencia que tiene todo lo que diga y haga el presidente Milei, un fabricante nato de noticias.

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Alfredo Cornejo junto al resto de los gobernadores de Juntos por el Cambio.

Alfredo Cornejo junto al resto de los gobernadores de Juntos por el Cambio.

Los ariscos

Pese a los barquinazos políticos del mandatario de Chubut, Ignacio Torres, ahora sosegados, Cornejo insiste en ponerle fichas al bloque de los 10 gobernadores radicales y del PRO a los que promociona como factor de poder para poder negociar con Milei y hacer frente, en la interna partidaria, a las actitudes más ariscas de Martín Lousteau y de la dirigencia "evolucionista" que no aceptan un acompañamiento más comprensivo de la gestión libertaria.

Estos desencuentros internos a los que los radicales han sido siempre tan afectos, y que parecían haber dejado de lado en la etapa de la coalición con el macrismo, han vuelto con bríos. Sería interesante que los seguidores de Lousteau se hicieran una pregunta que en su momento hizo a la sociedad Raúl Alfonsín.

"¿Qué es hoy ser progresista en la Argentina?", inquirió Alfonsín a poco de asumir su presidencia porque desde la izquierda y desde la propia UCR le cuestionaban algunos de sus proyectos para modernizar el país. Demasiadas ideas liberales, le advertían. Alfonsín les hizo un breve repaso de cómo había cambiado el mundo en las décadas de los '60 y '70 lo cual había obligado a los políticos a tener que redefinir varios conceptos apolillados.

En esta Argentina destruída por décadas de populismo, deberíamos volver a hacernos algunas preguntas. Por ejemplo: ¿Tiene alguna lógica seguir venerando un tipo de Estado que, en nombre de un supuesto progresismo, ha generado pobrismo, inflación, clientelismo, falta de empleo, déficits eternos, inflación escandalosa, todo ello sazonado con negociados de malos políticos que se han enriquecido de manera vergonzosa con dineros públicos?

Es muy chúcaro este momento para la política argentina, sobre todo para los radicales que están condenados a sostenerse en un muy delicado equilibrio. Los del PRO ya están claramente definidos con el Gobierno aunque no haya cuajado la coalición formal con Macri. Los kirchneristas son claramente oposición al igual que la izquierda clásica.

Los radicales la tienen más difícil porque proponen un acompañamiento de las líneas directrices fijadas por MIlei para reencauzar la economía y para sanear la política y sus curros, pero se reservan el derecho a marcar inconveniencias de gestión o alguna posible afectación republicana. El lema de ellos debería ser: "ni quebrarse ni doblarse, avisparse".

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