Epígrafe: Jair Bolsonaro, el desconcertante presidente de Brasil.
Una de las ideas más interesantes de estas últimas horas la dio un filósofo argentino por adopción: Tomás Abraham. El pensador afirmó que si bien los lazos históricos con España e Italia nos hacen estar muy atentos a lo que pasa con el coronavirus en Europa, lo realmente decisivo para nosotros es lo que ya ocurre y lo que sobrevendrá en Brasil con la pandemia.
Asegura este escritor que dependemos de Brasil de una forma que no nos damos cuenta. Es que además de la ligazón económica con ese país, tenemos fronteras comunes. Y los lazos que hoy interesan “son geográficos y de contacto poblacional, no de raíces culturales”, le dijo Abrahm a Infobae.
De locos
El problema radica en que hoy Brasil es sinónimo de Jair Bolsonaro, su alocado presidente, quien se niega a decretar el aislamiento a nivel nacional, lo cual ha obligado a los diversos Estados integrantes de esa gigante nación de 210 millones de habitantes a decidir la cuarentena cada uno por su cuenta.
Los gobernadores brasileños, muchos de los cuales son del partido de Bolsonaro, están todos a favor del parate y del distanciamiento. Ya hay además una fuerte crisis en el gabinete presidencial.
Ocurre que los ministros más independientes, entre ellos el de Justicia, Sergio Moro, e incluso el responsable de Salud, están en una dura controversia con el Presidente quien se ha recostado en sus funcionarios con rango militar y sobre todo en sus tres hijos varones, que son más extremistas que el padre, para privilegiar la economía por sobre la salud, según ratifican las crónicas periodísticas de Brasil.
Para calentar más la pava, Bolsonaro no ha tenido problemas en llamar a concentraciones de apoyo a su figura. ¿Reuniones masivas en épocas de virus? Una más.
El predictor
En Estados Unidos el rey de la informática y filántropo Bill Gates, quien en 2016 predijo que en pocos años las guerras iban a ser suplantadas por pandemias, aseguró que en estos momentos es clave todo lo que digan los presidentes de los países, a quienes pidió cautela. “Todavía hay una ventana abierta. Hay que recuperar el tiempo perdido”, rogó.
Como si estuviera hablando para mandatarios como Trump o Bolsonaro, el magnate les recordó que es fundamental “tener un enfoque nacional consistente y cerrar” hasta que los números de casos empiecen a descender.
Actualmente hay Estados norteamericanos donde la cuarentena no es obligatoria. El otro punto fundamental para Gates es intensificar la cantidad de test para detectar los casos positivos de Covid-19 asintomáticos.
Pero la clave para él es que la política y la ciencia trabajen con inteligencia y cautela, cada uno en lo suyo pero a su vez en asocio, y hacerlo sin generar rumores con informaciones falsas o inexactas que muchas veces dificultan las tareas de la comunidad científica que está desarrollando tratamientos y la bendita vacuna.
Inesperado
En nuestro país donde esa conjunción de política y ciencia venía trabajando tan bien, y donde hasta la discrepancia presidencial con algunos empresarios por despedir personal estaba dentro del juego de contrapesos políticos en un momento de crisis, se ha dado por estas horas un inesperado punto de fricción en la sociedad.
Ocurrió cuando, de manera inesperada, el presidente Alberto Fernández puso como “un ejemplo” de dirigente argentino al gremialista Hugo Moyano, al que llenó de elogios, sin que el ciudadano común entienda aún a cuenta de qué.
Hace unos días celebrábamos en esta columna que el mandatario argentino se hubiese puesto ante la pandemia el traje de estadista en lugar del ropaje de líder partidario. Ojalá que lo de Moyano ha sido sólo un lapsus.
