Análisis y opinión

No nos llenen la heladera, no nos pongan plata en los bolsillos, ni cuiden la mesa: ¡saneen la economía!

No habrá posibilidades de mejorar "la mesa de los argentinos" si no se respeta el abecé de la economía

Usted, lector/a, debe sentir hartazgo cuando escucha cantinelas sobre el supuesto cuidado que el Gobierno nacional estaría poniendo para defender "la mesa de los argentinos". Es que usted sospecha que -otra vez- no se está tomando ninguna medida realmente efectiva para resguardar dicha "mesa".

¿Usted, lector/a, debe estar ansioso de explicarle a quien sea que el problema es que no se siente respetado como contribuyente ni como ciudadano. Al gasto público improductivo no le llega la sanidad ni el decoro republicano. No se atiende el déficit fiscal con lo cual no se ataca con medidas serias la inflación. Y se siguen emitiendo pesos sin respaldo de dólares en el Banco Central.

El dispendio de dinero público luego de las PASO de septiembre pasado hasta después de las elecciones legislativas de noviembre, a través de una emisión descontrolada de pesos, es parte del aumento de la inflación que estamos pagando ahora. No obstante, sin Plan Platita (antes de las PASO) como con Plan Platita (antes de las Legislativas) la derrota del Gobierno fue contundente.

No habrá posibilidades de mejorar "la mesa de los argentinos" si no se respeta el abecé de la economía. Hablamos de ese abecé que se aplica en Canadá, en Japón, en los países escandinavos (que tanto dice admirar Alberto Fernández), en los "tigres" asiáticos, en Europa, en Estados Unidos y en la China comunista.

¿Por qué no prueban con generar, de una vez por todas, además de sanidad económica, un poco de confianza en el mercado? Es muy difícil que algún inversor se sienta atraído por un país donde su gobierno tiene un doble comando de gestión. Un país donde la vicepresidenta tiene un poder de veto mayor al del presidente y en donde los legisladores cristinistas le votan en contra leyes que propicia el jefe del Ejecutivo, como el acuerdo con el FMI para evitar que el país caiga en default.

Paternalismo

Por lo pronto, tendríamos que rever esa idea paternalista y antidemocrática de ciertos gobiernos que afirman que nos van a llenar la heladera, o que nos van a surtir "la mesa, o que "nos van a poner plata en el bolsillo". Lo que el Estado debe propiciar es la creación de empleo genuino en la actividad privada.

Todo aquel que se gana su sustento tiene esas responsabilidades. Está más que claro que debe haber una red pública que asista a las familias de menores recursos o sin trabajo. Pero lo otro (como que los ricos y la clase media alta paguen la luz y el gas como si fueran pobres) son delirios de la peor política.

No nos deben cuidar la Mesa, deben cuidar la economía del país y no robar. En serio, muchachos. De poner la mesa nos ocupamos nosotros, con arreglo floral y todo.

¿Cuántas décadas han pasado sin que se ataquen las verdaderas causas de la inflación? ¿A cuanto zanguango tipo Guillermo Moreno deberemos seguir soportando? ¿Qué guerra contra la inflación podemos librar con un personaje como el kirchnerista Roberto Feletti manejando la Secretaría de Comercio? ¿Cuántos controles de precio fracasados y amenazas de aplicar la Ley de Abastecimiento deberemos seguir esperando?

Mentiras, fracasos

En dos años y tres meses del Gobierno del Frente de Todos, la inflación no ha dejado de crecer. Alberto no había puesto la inflación como tema central. Cristina no la nombra. El desmadre de los precios no apareció sin aviso previo, como el coronavirus. Era muy evidente. Pero recién ahora parecen haber descubierto el poder de daño de la inflación. Esta peste destruye el tejido social y la economía.

La inflación promedio de febrero fue del 4,7% pero si se toma sólo la de los alimentos ascendió a 7,5%. El anuncio de la "guerra" bastó para que, tres días antes de que empezaran los cañonazos, buena parte de los precios de alimentos pegaran un brinco, por todas las dudas y temores que generan los controles y los cepos.

En vez de fijar decisiones claras y sensatas para ir socavando ese problema, se prefiere declararle "la guerra" a la inflación justo cuando el término "guerra" asquea a todo el mundo gracias al invasor Putin, tan amigo del gobierno argentino.

¿Dónde están los intelectuales vip como el filósofo Ricardo Forster o el antropólogo Alejandro Grimson que no le advierten a Alberto que ningún presidente puede "ir a la guerra" en estos momentos? Forster ha sido señalado por la prensa porteña como quien convenció al Presidente de que había que crear una Secretaría de Resiliencia para mejorar la autoestima de los argentinos.

La autoestima de los argentinos va a subir cuando los gobiernos tengan más respeto por los dineros que los argentinos aportan al Estado y que los políticos populistas manejan para el traste. Nuestro país es desde hace muchos años una máquina de esquilmar los bolsillos.

En su mensaje al país del viernes pasado para hablar de la inflación, el Presidente prosiguió con su lenguaje guerrero. Dijo por ejemplo: "Necesitamos luchadores contra la especulación y la inflación en cada comercio, en cada mesa, en cada casa. Esa batalla necesita de cada uno de nosotros..Todos y todas debemos ser parte de la construcción de la solución".

Ese viejo entrañable llamado Albert Einstein nos enseñó que "locura es hacer la misma cosa una y otra vez esperando obtener diferentes resultados".