Análisis y opinión

Ningún gobernador fue bautizado por Milei con inmersión, pero eso sí, chapotean en el Jordán

Cada gobernador tiene su propio libreto para conectar con el presidente Javier Milei, quien, a su vez, ha aprendido a detectar los piojos de cada uno de ellos

A ninguno de los 20 gobernadores que mantienen tratos con Javier Milei les han metido la cabeza dentro de las aguas del Jordán para recibir el bautismo presidencial. Es muy difícil que esa inmersión total vaya a ocurrir.

Sin embargo, varios de esos referentes provinciales no sólo han metido los pies en ese Jordán sino que algunos incluso se han refrescado las partes pudendas en dicho río. Pero eso de la cabeza bajo el agua, no gracias. Les suena al macabro "submarino".

Es que si bien hay acuerdos de conveniencia entre el presidente y la mayoría de los gobernadores, también existe una zona densa (el extremismo ideológico, los insultos, los ataques a empresarios y a la prensa, el reciente crecimiento de la imagen negativa del titular de la Casa Rosada) que raramente los jefes de provincias vayan a avalar.

Axel Kicillof, presidente del PJ bonaerense
Axel Kicillof, el gobernador del PJ más opositor al gobierno nacional. Javier Milei le ha dedicado numerosos insultos de forma pública.

Axel Kicillof, el gobernador del PJ más opositor al gobierno nacional. Javier Milei le ha dedicado numerosos insultos de forma pública.

Digámoslo claramente: en ese team mayoritario de gobernadores que ha dado apoyo a algunas de las medidas más resonantes de Milei nadie ha huido de sus partidos originarios para sumarse en cuerpo y alma a La Libertad Avanza. En cambio sí lo hicieron de maneras poco edificantes otros referentes políticos. Patricia Bullrich, en el PRO, y Luis Petri, en la UCR, son claros ejemplos, aunque admitimos que éstos dos políticos no tenían (cuando fueron ministros de Milei) la responsabilidad ética de un gobernador votado por el pueblo.

Libretos y piojos

El dato destacado es que cada uno de los gobernadores tiene su propio libreto para conectar con el presidente Javier Milei, quien, a su vez, ha aprendido a conocerle los piojos a cada uno de los jefes provinciales.

El radical mendocino Alfredo Cornejo no negocia de la misma manera que los gobernadores peronistas antikirchneristas. A su vez, Martín Llaryora. gobernador de Córdoba, es un peronista que no se parece ni a sus pares del Norte ni a los kirchneristas.

Tampoco tienen el mismo guión el chubutense Ignacio Torres o el entrerriano Rogelio Frigerio, ambos del PRO. No debemos olvidar que el mandatario peronista de Tucumán, Osvaldo Jaldo, fue de los primeros en romper con el bloque kirchnerista del Parlamento para pactar con el libertario, sin temor al escarnio ni al chicote hoy deshilachado de Cristina Kirchner.

Esa conexión de los gobernadores con el presidente (o de éste con aquéllos, según sea el grado de necesidad circunstancial de uno u otro) no se ha realizado a través de caminos convencionales sino que se han usado diagonales. En ese sentido, la política se parece a la ciudad de La Plata.

La definición más usada es la de aliados estratégicos. Esta relación busca generar "sinergias" (las "efectividades conducentes" de las que hablaba hace un siglo el presidente Hipólito Yrigoyen) que ninguna de las partes lograría por sí sola. Pero ni uno ni los otros compran el paquete completo. Por ejemplo, los gobernadores desechan cosas como el relato anarcocapitalista o la batalla cultural.

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El mandatario peronista de Tucumán, Osvaldo Jaldo, fue de los primeros en romper con el bloque kirchnerista del Parlamento para pactar con el presidente libertario.

El mandatario peronista de Tucumán, Osvaldo Jaldo, fue de los primeros en romper con el bloque kirchnerista del Parlamento para pactar con el presidente libertario.

Muy particular

Los gobernadores van tratando cada asunto político que involucre a Milei de un modo particular. En algunos asuntos no se la hacen fácil al presidente. En otros, es Milei o su hermana Karina quienes los vuelven locos. Pero no se van de sus partidos.

Han entendido que el mensaje de la sociedad reclamando cambios fue contundente tanto en las presidenciales de 2023 como en las legislativas de 2025. La mayoría de ellos ha hecho carne la idea de que, aunque sigan peleando por la coparticipación y el financiamiento de la obra pública, se debe terminar de sanear la macroeconomía. Después se verá si el devenir político y la decisión de la ciudadanía mandan -o no- tener algo institucionalmente más convencional.

Esos partidos (en sus versiones provinciales) no tienen hoy un libreto nacional que los obligue de manera terminante, sobre todo en la UCR nacional, que en la práctica está acéfala. Por ejemplo: ¿quién va a tener autoridad partidaria para bajarle línea desde el Comité Nacional a gobernadores radicales como el santafesino Maximiliano Pullaro, el mendocino Alfredo Cornejo, o a los hermanos Valdés en Corrientes?

El tándem que componen un presidente raro y unos gobernadores de variados signos partidarios le ha dado visos de gobernabilidad al país. Ahí hay radicales, referentes del PRO, una paleta variopinta del peronismo no kirchnerista, más algunas versiones de partidos provinciales.

El dato

Sólo hay cuatro mandatarios de provincias que no tienen relación política alguna con Milei: son los de Buenos Aires (con un Axel Kicillof que es más dogmático que Cristina), La Rioja (Ricardo Quintela, el de las cuasimonedas), Formosa (del autócrata Gildo Insfrán) y Tierra del Fuego (Gustavo Melella, de origen radical pero ahora alineado con el peronismo)

Ya el hecho de que la mayoría de los gobernadores esté privilegiando la sanidad fiscal por sobre otras riñas partidarias es un dato valiosísimo.

Tras las elecciones legislativas de octubre pasado, el presidente reunió a 20 mandatarios provinciales en la Casa Rosada para consolidar el respaldo de los gobernadores a aspectos centrales de su gestión y tener más presencia legislativa (con avales de legisladores provinciales). El libertario debió rendirse ante una verdad de hierro: un voto negativo en el Congreso de la Nación puede ser fatal para la aprobación de leyes básicas de su mandato.

¿Se acuerda, lector, cuando al principio de su gestión, Milei hacía gestos de que iba a vomitar cuando se le hablaba de acuerdos y pactos? A veces nuestras intransigencias se vuelven delicuescentes.