Análisis y Opinión

Mariana Bosco, soberana nacional de 1993: "Mendoza es Vendimia y Vendimia es la Reina"

Casi desde siempre he vivido Vendimia en carne propia. Nunca me sentí cosificada y estoy convencida de que la Reina es símbolo de fuerza, poder y voz de los mendocinos

Estoy por cumplir 48 años en unos días, fui Reina Nacional de la Vendimia en 1993 -cuando tenía 18- y he vivido Vendimia “en carne propia” casi desde siempre.

Digo en carne propia porque una vez que te eligen Reina Nacional pasás a ser un poco del pueblo, como si fueras de la familia de muchos mendocinos y ellos fueran tu familia. Con el transcurrir de los años nunca dejé de sentir esa cercanía con la gente. Incluso en situaciones difíciles que la vida me puso por delante, siempre sentí el apoyo y el cariño de los mendocinos.

Al que no es de acá le cuesta mucho entender lo que sentimos. Somos un pueblo de montaña, donde el sol y la escasez de agua han forjado “la personalidad” de un pueblo duro, tranquilo pero con ideales y convicciones muy claras.

Mi niñez fue hermosa, vengo de una familia típica mendocina. De chiquita, con mis hermanos, para esta época, todo era Vendimia. Jugábamos y las nenas nos disfrazábamos de reinas (sí! con capa y con corona, jaja) Ni locos nos perdíamos el Carrusel ni la Vía Blanca para conocer a las reinas y recibir alguna que otra fruta arrojada desde los carros.

En la primaria siempre fui muy aplicada y estudiosa; mi papá me enseñó que ser buena persona y que el honor y el buen nombre no se negocian. Y así crecí. De mi mamá aprendí muchas cosas, pero sobre todo que con amor todo se puede. Ya en la secundaria tenía claro que quería ser abogada, siempre odié -profundamente- las injusticias: siempre fui “justiciera”. Nunca pude entender el maltrato y cada vez lo entiendo menos.

Un día, mis vecinos vinieron a decirme que querían que representara al barrio para la Vendimia. Parece una frase armada, pero es así. Yo ya estaba cursando primer año de abogacía en la UNCuyo y la idea me encantó. Todas queríamos ser reinas.

Me presenté para Dorrego y salí reina. Luego, de Guaymallén y más tarde fui Reina Nacional. Lo que viví ese año fue mágico. De un día para el otro pasé de ser una desconocida a que me conociera y me quisiera todo el mundo. Fue increíble. Ni hablar del orgullo que tenían mis papás, mi familia, mis amigos, mis vecinos...

Para mí fue una responsabilidad muy grande y así lo afronté: estudiando y preparándome para cada viaje o evento en representación de Mendoza. Muchos fueron esos destinos.

No solo durante el mandato sino también años después, e incluso hasta el día de hoy, he cumplido mi promesa de escuchar y hacer todo lo que pudiera y más por mi gente, y en gran medida lo he conseguido.

Nunca me he sentido “cosificada” ni mucho menos un objeto de belleza, sino más bien una luchadora y la justiciera que siempre quise ser. Valorada, respetada y, sobre todo, escuchada y querida.

El rol que cumple la Reina de la Vendimia siempre ha sido muy importante. Hablamos de una mujer que es símbolo de fuerza y poder y que le da voz a todo un pueblo. Ojalá nunca perdamos de vista todo lo que representa.

Después de todo, le guste a quien le guste y le pese a quien le pese, Mendoza es Vendimia y Vendimia es la Reina.

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