ANÁLISIS Y OPINIÓN

La supuesta "desaparición" de la marca UCR y la llama refugiada en las provincias

¿"La UCR nacional no existe más"? Dicen que se ha refugiado en las provincias y en las intendencias, donde varios gobernadores y jefes comunales tratan de mantener la pasión

Sorprende la desazón de varios radicales de a pie por los comentarios en las redes sociales sobre la situación de la Unión Cívica Radical a nivel nacional. Lo que más les afecta es que se diga que "el radicalismo no existe más".

Es cierto que ellos tampoco pueden explicarse por qué la conducción nacional de la UCR ha quedado en manos de un personaje polémico y de tan acotado liderazgo como Martín Lousteau.

Incluso se autocritican por "la pasividad de afiliados y simpatizantes de la UCR" y dicen sentir que a nivel nacional el partido es a veces "un sello de goma sin representatividad" y que "el poco poder que tiene lo rifan en rosquear a la vieja usanza del comité y el cafetín".

Los más informados entre los comentadores "del palo" en internet aseguran que el límite que colmó el vaso fue el pesado silencio de la conducción nacional del radicalismo sobre la propuesta del gobierno de Javier Milei de llevar como candidato para la Corte de la República a un juez tan desacreditado como Ariel Lijo, "sin que al partido se le haya movido un pelo".

La actual letanía de las bases radicales opta por rescatar el papel de la UCR en la lucha contra la corrupción y a favor de la honestidad en la función pública. Pero pone como una derrota que la UCR esté hoy sin líderes y sin proyectos que movilicen.

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Cornejo y Lousteau.

Cornejo y Lousteau.

Marca diluida

Admiten, tanto los militantes como los simpatizantes, que la llama radical se ha refugiado en las provincias y en las intendencias, donde varios gobernadores radicales y jefes comunales del desaparecido Juntos por el Cambio (JxC) tratan de mantener la pasión partidaria, pero no pueden negar que la marca UCR se ha diluido en la resonancia nacional". Sin embargo, no tener más "existencia" es otra cosa muy distinta.

El viejo dirigente cordobés Mario Negri ha dicho que el radicalismo sobrevive porque "transmite valores, más que políticas" y ha admitido que los fracasos económicos cuando la UCR fue gobierno han tenido mucho impacto negativo.

Otros explican que el secreto de la permanencia que tienen los gobernadores radicales es que han logrado sobreponerse a esa maldición poniendo énfasis en el saneamiento económico de sus distritos.

La debacle de Fernando de la Rúa en diciembre de 2001 los obligó a concretar gestiones más eficientes. En Mendoza el radical Roberto Iglesias (1999-2003) no sólo pudo terminar su mandato como gobernador en medio de aquel tembladeral, sino que incluso logró que su sucesor fuera otro radical: Julio Cobos (2003-2007). Y Alfredo Cornejo reabrió en 2015 el cauce para tres gobernaciones consecutivas de la UCR.

La pesadilla

Cobos, un carismático que comenzó su gobernación en una relación muy tirante con el presidente Néstro Kirchner, fue convencido pacientemente por el santacruceño de que el futuro del país era para una política transversal en donde el kirchnerismo y la UCR debían ser la locomotora del progreso.

En 2007 Cobos integró la fórmula presidencial junto a Cristina Kirchner que resultó triunfadora. Todo fue un mal sueño que duró seis meses para luego romperse. Se sabía que ni Néstor ni Cristina iban a compartir las decisiones de gobierno con nadie.

En 2015, ante una muy mala segunda presidencia de Cristina, el radicalismo volvió a inventarse bajó el formato de una coalición conducida por el PRO de Mauricio Macri. Cobos estuvo en contra, influenciado por su frustrada asociación política con los Kirchner.

La marca Cambiemos que luego mutó a Juntos por el Cambio tuvo éxitos y fracasos. Demostró el poder de la asociatividad contra el kirchnerismo, pero no pudo desarmar la bomba de tiempo que le dejaron los entramados populistas de las tres presidencias del kirchnerismo.

Otra vez la falta de éxito económico de Macri dejó mal parados a los radicales. Sin embargo hay que decir que tanto la UCR y el PRO tuvieron la habilidad de mantener la coalición por conveniencia de ambos y porque era la única forma de tener un control opositor más férreo sobre el cuarto gobierno kirchnerista de Cristina esta vez con Alberto Fernández de supuesto front man, gestión que resultó ser peor que los más negros de los pronósticos.

De cabotaje

En los 8 años en que el macrismo y la UCR funcionaron juntos, el radicalismo siempre fue segundo, el socio menor. El centenario partido pergeñado por Alem en 1891 no tuvo la fuerza para tener más influencia sobre lo ejecutivo de esa sociedad. En cambio sí fue importante en lo legislativo y en las gobernaciones de varias provincias.

Algunos se preguntan: ¿hay una memoria colectiva que por la falta de resultados económicos positivos de Alfonsín y De la Rúa está trabando la recuperación de la marca UCR?.

¿Puede ser que eso esté llegando al punto de que ciertos observadores audaces se animen a afirmar por estos días que "el radicalismo no existe más" y que lo que tenemos es una confederación de gobernadores radicales, que además tienen recelos entre sí.

Por lo pronto, digamos que esa supuesta "inexistencia" ipso facto de la UCR radical parece ser propia de un momento histórico singular.(la aparición como un terremoto de Javier Milei) y que ese tipo de análisis nacen invariablemente de "laboratorios" porteños.

Al peronismo también le auguraron la desaparición en varios momentos de su historia. Y ahí lo tenemos, cascoteado y amoratado, pero aún con hilo en el carretel.

Salvando las distancias y diferencias, al radicalismo podría pasarle lo mismo. Los partidos no desaparecen por decreto, sino por una paciente implosión.