En una secuencia de la película “La ciénaga” de Lucrecia Martel, Mecha (Graciela Borges) mantiene una relación de tensión con Isabel quien se encarga de acompañar, y sostener una casa venida a menos. Mecha y otras personas de la familia se refieren a Isabel como “Esta India” o “negra carnavalera”, y la sospechan constantemente de robo.
La ciénaga de la modernización laboral
En un contexto en el que el empleo es una necesidad y no una opción, la voluntad del trabajador se encuentra condicionada. La negociación individual, lejos de equilibrar la relación, puede profundizar la asimetría
Hace un tiempo discutíamos lo difícil que es nombrar a quienes trabajan en tareas de limpieza en hogares: “la empleada”, “la señora que me ayuda con la limpieza”, “la empleada doméstica”, “la domestica” “la chica que limpia” o como en la ley “el personal de casas particulares ”.
Este tipo de trabajo en la mayoría de los casos, es ejecutado por mujeres. Como en “La ciénaga” quienes desempeñan estas tareas suelen dirigirse a sus empleadores con una especie de reverencia: los llaman “el señor” o “la señora”, tratándolos de usted. Esa forma de nombrar no es neutral: expresa una relación de subordinación.
Si bien la actividad laboral en los lugares de producción -fabricas/ empresas- presenta diferencias frente al trabajo doméstico, ese miedo reverencial persiste. El desempleo funciona como un mecanismo disciplinador: “si no te gusta, te vas”. En ese contexto, la posibilidad de discutir condiciones de trabajo se vuelve limitada.
En Regreso a Reims Didier Eribon dice sobre su padre: “La fábrica lo estaba esperando; estaba ahí para él y él estaba ahí para ella” La frase condensa una idea central: el trabajo no aparece como una elección libre, sino como un destino condicionado por el origen social.
De este modo, la relación laboral se estructura sobre una asimetría: una parte impone condiciones y la otra las acepta. La libertad es formal, pero no real; y la igualdad entre las partes es más jurídica que efectiva. En esta relación de poder, sostenida ya casi por un siglo y medio, la voluntad de quien la recibe desaparece
Aun en el contexto actual, donde se habla de autoexplotación (Byung-Chul Han) o de supuestos “emprendedores independientes”, el trabajo asalariado dependiente sigue siendo la forma predominante. La paradoja es el enfrentamiento discursivo que se construye entre ambos modelos. Por un lado, el trabajador independiente: “manejo mis horarios, trabajo cuando quiero, nadie me controla”. Por otro, el trabajador registrado: “tengo vacaciones pagas, aguinaldo, ART, obra social, licencias”.
En este marco, el proyecto de reforma propone que trabajador y empleador se sienten en la misma mesa a escribir juntos como se van a otorgar las vacaciones y cuantas horas podemos acordar para trabajar.
El proyecto agrega el 197 bis a la Ley de Trabajo y dispone: “El empleador y el trabajador podrán acordar voluntariamente un régimen de compensación de horas extraordinarias de trabajo,”
Así también respecto de las vacaciones el nuevo art 154 de la Ley: “Las partes podrán de mutuo acuerdo disponer el goce de vacaciones fuera del referido período. Asimismo, el empleador y el trabajador podrán convenir el fraccionamiento del período vacacional, siempre que cada uno de los tramos no sea inferior a SIETE (7) días”
A primera vista, estas disposiciones parecen ampliar la autonomía del trabajador. Sin embargo, si se tiene en cuenta la desigualdad estructural de la relación laboral, cabe preguntarse en qué medida ese acuerdo es realmente libre.
En un contexto en el que el empleo es una necesidad y no una opción, la voluntad del trabajador se encuentra condicionada. La negociación individual, lejos de equilibrar la relación, puede profundizar la asimetría.
Entonces esta ley de modernización le devuelve la voluntad al trabajador y le permite sentarse en la misma mesa para: 1- En vez de pagar las horas extraordinarias que trabajó devolverle esas horas y disfrutarlas con su familia 2- Poder gozar de 7 días de vacaciones aun fuera del periodo establecido por la ley (es decir entre octubre y abril).
Queda claro: ahora Isabel y Mecha pueden convenir los días de vacaciones y la devolución de las horas.






