Análisis y opinión

Irse de boca y recular, un clásico nac y pop que nos regaló la gira por Rusia y China

El Presidente anunció que está "empecinado" en que la Argentina abandone "la dependencia" que tiene con los Estados Unidos. Y eligió a Rusia y China para decirlo

¿Habrá un tiempo en que la Argentina tenga una mayoría de políticos profesionales que no sean presa de pasiones ideológicas, facciosas y personales sino que estén motivados por el interés del país?

Muchos argentinos se siguen preguntando, por ejemplo, si tiene alguna lógica que le ofrezcamos al cuestionado gobierno de Rusia que la Argentina sea la puerta de entrada para los intereses de esa nación en Latinoamérica. Y que vendamos eso como política de Estado siendo que Rusia ha mutado en una autocracia donde no se respetan los derechos humanos y cuyo gobierno expansionista está a punto de invadir un país vecino.

¿Cómo debemos entender los desubicados y destemplados elogios que hizo el presidente Alberto Fernández Aal Partido Comunista de China? No había ninguna necesidad salvo la mala costumbre de irse de boca para después tener que recular.

El empecinado

Nuestro Presidente dijo ante Putin y Xi Jinping estar "empecinado" en lograr que la Argentina "abandone esa dependencia tan grande que tiene con los Estados Unidos y con el FMI". Sin embargo Estados Unidos sigue siendo el principal inversor en la Argentina y a ese país le venimos pidiendo ayuda en las negociaciones con el FMI para retomar el pago de la deuda y generar algo de confianza en el resto del mundo.

Cuesta asimilar a un dirigente como el gobernador Axel Kicillof que, tras llegar de esa gira presidencial por Rusia y China, nos propuso que "hay que entender al mundo sin anteojeras ideológicas", siendo que él ha hecho profesión de fe de esas anteojeras desde que está en política, batallando en contra del liberalismo político y el republicanismo. ¿Quién es el primero que debería sacarse las anteojeras?

Es como la diatriba permanente del kirchnerismo contra el campo, con argumentos viejos e inútiles, siendo que las cerealeras son las que le salvan las papas al Gobierno todos los años con los dólares que ingresan al país por las retenciones de esas ventas.

Fernández es el mismo Presidente que bregaba para que tuviéramos una buena relación con Joe Biden y que ahora, quizás para no enojar a Cristina y a Máximo, se quiere desembarazar de esa influencia. Es tan contradictorio el libreto ideológico de la Presidencia argentina que desconcierta a propios y extraños.

La franquicia

Algunos de los asesores presidenciales que aún guardan criterio político están desesperados para hacer entender que no hay proyectos para distanciarse de Estados Unidos y que lo de Rusia y China debe entenderse como "pragmatismo económico". Sin embargo, ese mismo pragmatismo no se utiliza de manera inteligente para aceitar las relaciones con vecinos nuestros, como Brasil y Uruguay.

El Mercosur, por caso, es un barco a la deriva. Con el uruguayo Lacalle Pou no congeniamos porque es liberal y con el brasileño Bolsonaro tampoco porque es un ultra de derecha. Sin embargo Xi Jinping es un ultra de izquierda y lo saludamos como un salvador de la humanidad, y Putin es un autócrata imperial y le ofrecemos que use a la Argentina como una franquicia de Moscú.

Fueron tantos los contratiempos políticos que le generaron sus dislates verbales en Rusia y China, que Alberto Fernández tuvo que salir a aclarar, otra vez, que lo que dijo con respecto a Estados Unidos no era exactamente así como se había leído. Y como para aliviar el enrarecido ambiente político, este sábado 11/2 le tiró un centro a Biden: "Cuando llegó el momento de darle una solución al acuerdo con el FMI, el gobierno de EE.UU acompañó, y eso lo valoro".

Es que no se trata sólo del FMI. Si se estanca ese acuerdo, se cerrarán otras puertas financieras que utilizan las provincias, como los créditos del BID o del Banco Mundial.

La retadora

Por eso, ya en versión más criteriosa, Alberto expresó lo siguiente, que se da de patadas con lo que el Gobierno ha venido haciendo, pero que ojalá ahora se cumpla: "La Argentina debe hacer todo para poder abrir el comercio y no ponernos condicionamientos políticos".

¿No es, acaso, lo que desde hace rato viene diciendo el presidente de Uruguay que necesita el Mercosur y que en el gobierno nacional y popular de la Argentina despertaba tantas críticas?

Fue bastante sintomático el rol papelonero que volvió a cumplir en medio de todo este brete la portavoz del Presidente, Gabriela Cerruti, cuando en su conferencia de prensa semanal volvió a caer en la trampa de confundir sus opiniones personales con las del Gobierno. La funcionaria retó y acusó a los periodistas y a los medios independientes de atrasar 60 años por ver "demonios" cuando se habla de Rusia y China .