Análisis y Opinión

Hay una Ciudad que late detrás del enchastre de los "firmadores" y otros vándalos del aerosol

Da tristeza comprobar el ensañamiento contra algunos sectores de la Ciudad. Permítanme dar mi opinión: esos vándalos del aerosol son unos reverendos bolas tristes

Da tristeza caminar por algunos sectores de la Ciudad y comprobar el ensañamiento de los vándalos del aerosol contra algunos sectores del centro. El ataque a las paredes de casas particulares, a los ingresos de edificios de departamentos, o a los comercios es incesante; a ello hay que agregar los daños a inmuebles públicos, como escuelas o locales de la Justicia.

Los enchastradores conforman grupos de tarambanas que hacen firmas y otros garabatos en todo lo que se les ponga en el camino. Creen ser una especie de elegidos para marcar presencia ciudadana y suponen estar guiados por vaya a saber qué supuestos de creatividad y rebelión. La mayoría de los integrantes de esa logia pertenece a la clase media.

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Vandalismo en la entrada a un edificio de departamentos en calle Pedro Molina casi Patricias.

Vandalismo en la entrada a un edificio de departamentos en calle Pedro Molina casi Patricias.

Quizás alguien pueda argumentar que son un emergente de la despersonalización de las ciudades (o cosas por el estilo) y quizás tenga algo de razón. Pero permítanme dar también mi opinión: creo que son unos reverendos bolas tristes.

Aclaremos

Separemos los tantos: una cosa son los que hacen street art con el criterio y el talento que trabajan los muralistas, de los cuales Mendoza tuvo y tiene referentes muy interesantes, y otra cosa son estos "firmadores" que se esconden para dejar estampadas sus deposiciones "artísticas".

Una cosa son los grafiteros talentosos que defienden la lógica de hacer respirar las paredes, como ellos dicen, pero que tienen alguna originalidad para decir o mostrar y que muchas veces toman algunos recaudos civilizados como el de pactar con los propietarios de paredes de baldíos, para conectar de manera sensible con el transeúnte.

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Detrás de todo este enchastre hay una casa, frente al colegio Martín Zapata.

Detrás de todo este enchastre hay una casa, frente al colegio Martín Zapata.

Otra cosa muy distinta es joderle sin asco la paciencia al ciudadano o a los consorcistas que acaban de pintar el frente de su casa o de sus edificios -con muchísimo esfuerzo- y que al otro día se encuentran con ese frente lleno de pintarrajos y garfios ridículos. Como si les dijeran "tu progreso me deprime" según reza un grafiti que está desde hace tiempo en una pared de la UNCuyo.

Los vecinos que viven en torno a las plazas de Ciudad o calles aledañas están entre los más perjudicados por la cofradía de los mamarrachistas que se esconden en las sombras para estampar las bombas de aerosol en paredes, puertas, ventanas o en el mobiliario que agrupa los medidores de los servicios públicos.

Es llamativo que no se logre parar a estos vándalos pese a que el Centro está plagado de cámaras de seguridad y que el Municipio cuenta con normas específicas para desalentar acciones que van contra la convivencia ciudadana. Porque de eso se trata, de convivir, respetándose unos con otros.

El lastre

En realidad todo eso de los enchastradores no es más que una copia fallida de lo que se hace en otras ciudades, con lo cual ese ejército anárquico termina ayudando a uniformar -no a diferenciar- los centros ciudadanos que quedan así bajo un pastiche de "firmas" y de otros garabatos.

Estos creativos truchos que cultivan la clandestinidad para cometer delitos en contra de los vecinos, sólo son copistas de cuarta que se sueñan contestatarios. Lo de estas sectas es un ensañamiento vil en contra de la Ciudad y sus contribuyentes, que asusta por la estupidez que trasunta y por su falta de originalidad.

Con éste lastre de tipo social y otros problemas que devienen de la crisis económica, Mendoza vive un creciente proceso de desjerarquización ciudadana. Así es como hoy aparece como fagocitada por eso que algunos sociólogos llaman el estilo "conurbanizado".

¿Qué hacer?

Hace bastante tiempo que no se escucha a las autoridades hablar sobre los desastres que están haciendo los "artistas" del aerosol. No se hacen campañas para frenar este flagelo. Varios lugares de Europa han logrado aunar fuerzas entre las autoridades y la entidades civiles para salvar a ciudades históricas, como Roma, de estos atropellos.

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Montevideo y Chile. Pintura reluciente. No dejaron que se secara y le plantaron el mamarracho.

Montevideo y Chile. Pintura reluciente. No dejaron que se secara y le plantaron el mamarracho.

En Mendoza, debajo de todos esos sitios vandalizados hay una ciudad que nos pertenece a todos y que sin embargo parece estar tomada por pequeñas logias que no respetan estilos, modos ni esencias. El edificio central del Poder Judicial está con varias pintadas desde hace años. Dejar hacer, dejar pasar.

Viviendas representativas de varias etapas arquitectónicas han sido atacadas sin asco. Escuelas de referencia, como la Patricias Mendocinas, ahora repintada, vivió varios años bajo una capa de ladinas y amontonadas "firmas".

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Puertas carísimas devaluadas por las

Puertas carísimas devaluadas por las "deposiciones artísticas".

Uno podría entender, haciendo un esfuerzo, que el ataque a una dependencia oficial fuese una forma de protesta contra el poder omnímodo del Estado. Pero ¿cuál es la crítica o reclamo que podemos descifrar tras los ataques a casas de familias que decidieron hermosear los frentes de sus viviendas?

En esas agresiones lo que reina es la hijoputez dañina de malcriados que se creen que combaten "el sistema" porque su firma aparece en varias paredes de la Ciudad. No más que eso.

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