Análisis y opinión

Escrachar "de canuto" a Alberto Fernández, la nueva moda argentina

Alberto Fernández no puede aparecer cenando alegremente en un hotel cinco estrellas de Europa sin creer que eso no va a generar reacciones en la Argentina

Parece que el ex presidente Alberto Fernández está destinado a ser el protagonista de imágenes captadas de manera furtiva. Es como que él y lo que representa tras su paso por la Casa Rosada favorecieran esa tendencia de algunos particulares que sienten la necesidad de fotografiarlo o filmarlo "de canuto" para exponerlo con intenciones de escrache.

Algunos "leen" esta tendencia como algo lógico a fin de "cobrarse" tanto despropósito que dejó su administración, codirigida durante cuatro años por Cristina Kirchner. Lo que en otro político venido a menos no llamaría la atención, en su caso se transforman en posibilidades para exponerlo y dejarlo en evidencia por su pasado presidencial y su ausencia de pericia para sanear la macroeconomía.

Su estancia actual en España lo certifica. Ya sea que abra una cuenta en un banco madrileño o que festeje la llegada del año nuevo en el exclusivo restaurante de un hotel cinco estrellas, todo es bueno para hacerlo hocicar en las redes sociales. Para colmo, Fernández tiene una personalidad tan extraña, tan llena de medias verdades y de promesas incumplidas, que pareciera prestarse para lo que está pasando.

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Son muchas las cosas que una parte del país tiene para reclamarle a Alberto Fernández por su estrambótica gestión, como en la pandemia.

Son muchas las cosas que una parte del país tiene para reclamarle a Alberto Fernández por su estrambótica gestión, como en la pandemia.

Las más buscadas, claro, son las imágenes que lo muestran en compañía de Fabiola Yañez, quien ha quedado en la imaginación popular como la osada primera dama que durante la pandemia hacía fiestas y saraos en la residencia de Olivos mientras el resto de los argentinos tenía estrictamente prohibidas esas actividades.

Quizás una de las razones para esta nueva moda sea la sensación de que en realidad Alberto Fernández "hizo" de presidente, pero no lo fue de manera cabal, sino que impostó una autoridad en la que muy pocos creyeron.

El "okupa"

Sin embargo, hay que remarcar que nuestro personaje tuvo la suerte de que la mayor parte de la ciudadanía respetó durante cuatro años la dignidad de la institución que él representó por voluntad popular.

¿Cómo olvidar cuando desde la oposición dirigentes como Lilita Carrió llamaban a defender la figura presidencial ante los embates de Cristina y de kirchneristas enervados que tildaban a Alberto Fernández de "okupa", "mequetrefe", y de "enfermo atrincherado"?

El historial político del ex presidente indica que siempre trabajó para otros. Su especialidad fue la de ser operador político. Quien lo modeló a fuego (para bien o para mal) fue Néstor Kirchner. Cristina siempre lo miró en menos, aunque con el correr de los años tuvo que ir al pie para pedirle que fuera su candidato presidencial porque a ella no le daban los números y necesitaba a un "moderado" para no espantar a la clase media.

Cuando Cristina arrancó su primera presidencia, Néstor le traspasó a Alberto en el mismo puesto de jefe de Gabinete, pero a los ocho meses la sociedad se rompió con la dama. Una cosa era tratar con Néstor, otra, muy desgastante, tratar con ella. Alberto nunca pudo superar los límites que, por distintas razones, ésta le impuso en esta última aventura entre 2019 y 2023.

Lo real es que no tuvo en su paso por la Presidencia ni el porte político ni el carácter para desmarcarse y superar esa chirriante irregularidad de que la vicepresidenta tuviera más autoridad que el propio jefe de Estado.

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Dirigentes como Lilita Carrió llamaron a defender la figura de Alberto Fernández ante los embates de Cristina y de su entorno.

Dirigentes como Lilita Carrió llamaron a defender la figura de Alberto Fernández ante los embates de Cristina y de su entorno.

Jarabe de pico

Siendo presidente, Alberto F. tuvo algunas oportunidades de experimentar caminos superadores, pero prefirió no usarlos. El "albertismo" fue pura ilusión de quienes lo querían ver liderando el peronismo para avanzar más allá de Cristina y de La Cámpora..

El Presidente miró para otro lado cuando se le insubordinaron funcionarios camporistas de segundas y terceras líneas, como aquel subsecretario de Energía, Federico Basualdo, que le hacía pito catalán y desconocía decisiones presidenciales. O de aquel ministro -Wado de Pedro- quien tras perder las elecciones legislativas de 2021 le armó al Presidente una revuelta que incluyó una supuesta renuncia masiva de funcionarios camporistas para obligarlo a hacer los cambios de nombres que mandaba Cristina.

Cada vez que Alberto intentó un acto de independencia respecto de su jefa, le bajaron el copete de un plumazo Padeció las famosas y reiteradas cartas políticas al país, especie de "encíclicas" partidarias en las que Cristina criticaba al gobierno de Alberto con más pasión que en sus diatribas contra Mauricio Macri.

A cada uno de esos mamotretos, que generaban una verdadera fiesta en la militancia camporista, le seguían seis u ocho meses en los que el Presidente y su vice no se dirigían la palabra ni se hablaban por teléfono.

Alguna vez se le escapó a Alberto ante un periodista amigo, que su sueño era el de superar veinte años de kirchenrismo para llegar a una etapa nueva del peronismo. Algo similar dijo Axel Kicillof, de manera más poética, al afirmar que había llegado el momento de ponerle otra música al peronismo porque la que existe está muy gastada. En ambos casos todo quedó en jarabe de pico.

Alberto Fernández llegó a presidente argentino de casualidad. Se envaneció con la idea de dirigir el país, algo que nunca hubiera conseguido por sí mismo, y creyó que una vez en el poder podría doblegar a Cristina. Un imposible, porque esa sociedad estaba llamada a fracasar desde el inicio. Ella creyó que Alberto estaba para los mandados importantes, como el de cuidarle el frente judicial que la acecha. Ni ahí tuvo suerte.

En concreto: son muchas las cosas que una parte del país tiene para reclamarle a Alberto Fernández por su estrambótica gestión. El escrache no suele ser lo más conveniente, pero un funcionario que dejó al país con un 44,7% de pobres e indigentes y un terremoto económico, no puede aparecer cenando alegremente en un hotel cinco estrellas de Europa sin creer que eso no va a generar reacciones en la Argentina donde el nuevo Gobierno nos recita todos los días que "no hay plata".