Por si a esta nota la lee alguien que tenga menos de 40 años, la primera oración debería contener una somera descripción del personaje Isidoro Cañones: un bon vivant medio chantapufi porteño que vivía de la fortuna ajena, un prototipo del fanfarrón playboy argentino.
El Isidoro Cañones mendocino vuelve a las andanzas y otra vez papita pal' loro
El personaje se parece a la historia del concejal Martín Antolín, quien llegó a sacarse fotos con Javier y Karina Milei y que hoy se sostiene con un hilo en el Concejo Deliberante de San Rafael
Si bien Isidoro comenzó como un personaje secundario de la reconocida tira Patoruzú, su popularidad y gran aceptación por sus giros chantunes, típicamente argentos, llevaron a que Dante Quinterno, su creador, escribiera una serie de revistas con sus historias (recomiendo desarchivar versiones virtuales y reírse un rato con esas locas andanzas).
Los Reyunos, escenario privilegiado
Bien podría Quinterno haber escrito algún capítulo de sus características revistas de Isidoro Cañones en Los Reyunos, uno de los espejos de agua más hermosos de Argentina enclavado en el suroeste de Mendoza, más específicamente en el departamento sureño de San Rafael: ¡gracias Dios por habernos regalado ese lago!
Pocos lugares más hermosos para fanfarronear en lancha que ese lago casi siempre “planchado” y “espejo de aceite” para la práctica de deportes acuáticos. Por ahí andaba el concejal Martín Antolín con su compañía blonda –la misma que lo acompañaba en la calle Arístides con copa en mano y en descapotable- amante del palito selfie para tomar imágenes regias, envidia de varios.
Selfie que te quiero selfie
El problema de Antolín y de muchos políticos, funcionarios y otras celebrities es su afán por subir sus andanzas a Instagram, Facebook, WhatsApp y Tik-Tok, algo de lo que muy pocos pueden escapar en tiempos donde mostrarse en redes sociales parece más importante que disfrutar.
Casi calcada la de Isidoro Cañones a la historia de Martín Antolín quien llegó a sacarse fotos con Javier y Karina Milei y hoy se sostiene en el Concejo Deliberante de San Rafael con un hilo de la calidad de los que uno puede robarse en un telo.
Los radicales salieron a matarlo otra vez. La mismísima vicegobernadora Hebe Casado –sanrafaelina como Antolín- dijo en una nota de la mañana de Canal 7 que el concejal “no aprende más”, cuasi maternal.
La taba siempre cae de su lado
Tiene suerte Antolín, a diferencia de Miqueas Burgoa, el famoso concejal de Guaymallén que saltó a la fama por tomarse unos drinks en Alvear, salir lo más campante manejando su auto y que fue salvado por sus pares radicales: aquí los radicales empujaron a Antolín al abismo.
La suerte la tiene con el oficialismo peronista porque una mujer filoradical asumiría en lugar del concejal libertario si este perdiera su banca. Ah, ¡todo huevo tiene pelo o pluma! He ahí la trampa: si Antolín cae, la oposición radical sumaría una banca dejando los números del Concejo muy ajustados para el justicialismo.
Antolín no está de campaña, pese a que el 22 de febrero de este año hay elecciones en San Rafael, porque no tiene para quién militar: los libertarios no lo reconocen como propio, el Partido Libertario –al que representó- ya lo expulsó de sus filas y ni peronistas ni radicales lo quieren en las suyas. Pero el pueblo lo puso ahí hasta 2027.
Las redes y la incontinencia
Todos caímos en la trampa de las redes sociales. Terminó siendo la forma más fácil de cavarse la propia tumba. Políticos en fotos en redes contraviniendo códigos ¡hay a motones! El tema es que no son Antonlín.
La posta es que usar chaleco salvavidas es incómodo para quien acostumbra bajar su lancha y darse una vueltita por algún lago mendocino. En la mayoría de los casos, los salvavidas están en la embarcación pero raramente los tripulantes los usan.
Cuando algún baquiano ve a alguien con salvavidas subiendo a una lancha, pregunta si es turista o si “no es de acá”: así de patas arriba está la obligatoriedad de usar esa defensa. Un incidente de ahogamiento por caída de una lancha en los lagos mendocinos es poco común, pero es correcto que la Provincia prohíba bañarse en los espejos de agua y obligue a llevar salvavidas aun haciendo la vista gorda. Es una forma de resguardar su propia responsabilidad frente a la desgracia.
El equilibrio obligado de la política
Así es la política: cada hecho tiene o debe tener su relato, lo que no se dice no es y no esperes que un político te diga las cosas tal cual son porque es el rol y el oficio del buen político contar las cosas sin mentir pero siempre caminando por una cornisa.
Por caso, esta semana se supo que un grupo de diputados nacionales, entre los que estaba el mendocino ex PRO y flamante afiliado libertario Álvaro Martínez, encabezado por la mediática libertaria Juliana Santillán –la que confundió la Navidad con las Pascuas y saludó el 25 de diciembre por “la Nochebuena de Resurrección”- viajó a China bancado, según contó la propia diputada, por el Departamento de Relaciones Exteriores de ese país que Javier Milei teóricamente odia.
El chisme se supo porque Santillán viajaba en primera clase y sus pares lo hicieron en clase turista. Entre ellos viajaron algunos radicales con peluca –o travestidos para los radicales ortodoxos- que apoyan la gestión del presidente. El resto eran todos libertarios.
Se sabe poco de la agenda de ese viaje y del beneficio que traería al país, aunque eso no viene a cuento. Lo traigo para dar otro ejemplo de sobreexposición, en este caso la de Santillán en redes sociales cuya caterva de contenidos es tan prolífica y abundante, que hizo que la emboquen apenas la vieron sentada en el mullido asiento que se convierte en cama con mesita de luz y florero de la aerolínea súper top Emirates.
Fuera de borda y los alardes
Loco que los protagonistas de esta nota sean libertarios que braman no pertenecer a la casta y la denuestan hasta el hartazgo, pero que aman llevar vidas de millonarios viajando en primera clase, descapotables y con motores fuera de borda.
Son las redes y su parte despiadada: lo que parece divertido de la exposición también es un tiro en el pie porque te vuelve vulnerable y pasible del acecho, más cuando te gusta la vida licenciosa y cargada de lujos. Aunque no hay que olvidar, como escribió alguna vez el gran Carlos "Indio” Solari, que "el lujo es vulgaridad”.








