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Educación ideologizada: si leíste a Montesquieu, no te hagás el sota

Un nuevo debate sobrevuela la Argentina. Es el de los "docentes adoctrinadores" que estarían ganando espacios en las secundarias e institutos de formación con una fuerte militancia política K

"A mí, más que ideología me gusta tener biblioteca. Una ideología sin biblioteca es muy peligrosa". La frase es de Arturo Pérez Reverte quien conoce muy bien ese paño porque en su país, España, las ideologías suelen profesarse de manera visceral, y eso -aclara- empaña la lucidez crítica.

Pérez Reverte tiene respeto por las ideologías que permiten albergar dudas. Sostiene, por ejemplo, que si se ha leído a Montesquieu y Montaigne, es decir si uno de alguna manera se ha "ilustrado", no puede retroceder y portar una ideología cerrada.

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En la Argentina ha explotado por estos días un debate basado en las consecuencias de un paciente pero continuo trabajo de ideologización que se ha dado en la educación en los últimos 17 años, en particular en los institutos terciarios de los que egresan los docentes que enseñan luego en las aulas del secundario.

Aquella reivindicación

Esta situación, afirman varios analistas de la política, coincidió con la reivindicación del ideario de los años '70 que Néstor Kirchner lanzó en su Presidencia (2003-2007). La explicación del entonces mandatario a su entorno fue que "eso nos va a dar fueros" porque "ser de izquierda, garpa" sobre todo entre los organismos de derechos humanos, la intelectualidad y los artistas. En efecto, todos estos sectores terminaron dándole una pátina progresista a un gobierno que los arropó y les reconoció con creces su apoyo.

En el caso de los institutos terciarios de formación docente, el resultado no sería otro que el de sucesivas camadas de militantes formados en el catecismo y la liturgia kirchnerista y no en la idea de un docente con formación crítica no ideologizada y abierto a educar en la tolerancia y en el respeto a las diferentes convicciones políticas.

Esto ya se venía advirtiendo en los últimos años aunque ahora han sido unas corrosivas declaraciones de la ministra de Educación del Gobierno porteño, Soledad Acuña, las que han encendido la mecha y han puesto este asunto a calentarse en la parrilla de la discusión pública. La funcionaria no sólo pidió denunciar a los "docentes adoctrinadores" sino que criticó a "los que eligen militar en lugar de hacer docencia".

La hereje

Sin embargo, lo peor de todo parece ser que la ministra Acuña se animó a proferir una herejía. Ha dicho, sin dudar, que en la Argentina los docentes enseñan mal, algo sobre lo cual solemos hacernos los desentendidos.

Zampar un concepto así en la Argentina de la corrección política suena mal en los oídos de muchos bien pensantes de la progresía trucha. Se enseñó mal durante los gobiernos kirchneristas pero también durante el macrismo. He ahí un verdadero problema nacional y popular sin asumir y por ende sin resolver.

Ponga atención al textual de Acuña sobre este particular: "El problema no es de los alumnos que aprenden mal y que por eso les va mal en las evaluaciones nacionales e internacionales. El problema es que enseñamos mal y enseñamos a enseñar mal".

No se quedó ahí la ministra Acuña sino que fue por más al plantear otros asuntos más complejos y discutibles, como por ejemplo que muchos optan por la docencia luego de haber fracasado en otros oficios y porque sólo les interesa tener un trabajo con estabilidad en el Estado, pero sin poseer verdadera vocación docente. Esto ha puesto en pie de guerra a los gremios docentes, en su mayoría de confesión kirchnerista, que han saltado como si les hubieran insultado a la madre.

A cooptar, mi amor

La idea del copamiento militante de las instituciones educativas es muy similar a la que subyace en los proyectos de reforma de la Justicia. En realidad se busca "colonizar" con finalidades muy distintas a las de un verdadero cambio.

En el caso de la Justicia, para frizar todos los juicios contra Cristina Kirchner por denuncias de corrupción. Y en el de la educación, para formar militancia que transmita el relato kirchnerista, en lugar de preparar ciudadanía pensante y cuestionadora desde la libertad y no desde una encíclica partidaria.

Estos son solo algunos de los temas que seguramente ni se mencionan en los planes de estudio de los militantes institutos de formación docente. Allí seguramente prima una necesidad de afianzar las propias creencias y los prejuicios.

Esa forma de entender la ideología, sin dar lugar a la importancia de la duda (a repreguntar, diríamos los periodistas) es la que impide ver la evolución que necesitan los procesos políticos. Con lo cual se nublan las chances de superación social.

"Una ideología que no duda de sí misma es muy peligrosa", sugiere con paciencia Pérez Reverte. Sí, señor, para dogmas, las iglesias.