Análisis y opinión

Dios atendió en Buenos Aires, si no pregúntenle a Sergio Massa

La sorpresiva remontada de Sergio Massa forzando un balotaje con el principiante Javier Milei fue producto de la indescifrable y ondulante conducta del votante argentino. La moneda ya está en el aire y caerá en 4 semanas

Dicen que Dios atiende en Buenos Aires y parece que es verdad, si no pregúntenle a Sergio Massa, que arrancó estas elecciones presidenciales como tercero con ganas de arañar el balotaje y terminó ganándoles a Javier Milei y a Patricia Bullrich montado en el aluvión de votos del Frente de Todos en el conurbano.

La épica e inesperada victoria del tigrense también tuvo otros puntales, como la remontada en Mendoza, atribuida por dirigentes peronistas locales a la rápida reunión y foto tras el estrepitoso tercer puesto para gobernador del 24 de septiembre, hace menos de un mes.

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Sergio Massa junto a sus aliados mendocinos. 

Sergio Massa junto a sus aliados mendocinos.

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Y otro elemento, importantísimo para quedar de frente al balotaje, aunque con una clara diferencia a favor: el mutis por el foro -léase desaparición- de Cristina y Alberto de la escena nacional más allá del destrato presidencial a la colega de Canal 7 Marcela Navarro. ¿Estrategia? Misterio reservado para los analistas.

Este domingo electoral ya es pasado, porque a última hora comenzó a escribirse el futuro inmediato: la segunda vuelta a cara o cruz entre Massa y Milei, que ya iniciaron la campaña, sabedores de que la moneda ya fue lanzada al aire.

Sin embargo, quiero remarcar un par de situaciones, a media mañana y pasado el mediodía y que, se me ocurre, tuvieron que ver con el repunte massista en las urnas.

Una temprana urgencia por ir a votar, documentada por un tránsito vehicular incesante en el Gran Mendoza, y de que algunas urnas, pasadas las 14, pesaran un poco más que en las PASO, como les escuché coincidir a algunos presidentes de mesa.

Esa intuición, al menos en Mendoza, quedó confirmada al atardecer, cuando la Junta Electoral anunció que en Mendoza había votado más gente: un 6% más que en la elección de gobernador. ¿Trabajo de campo del peronismo? Segundo misterio reservado para los analistas de la política.

También se habla del "voto miedo". ¿Miedo a qué? ¿A Milei? ¿A lo desconocido? Quién sabe.

El comportamiento del votante argentino es tan particular y ondulante como indescifrable. Las caras demudadas del oficialismo mendocino lo confirmaron este domingo apenas cuatro semanas después de haber empezado a probar la miel de la victoria de Alfredo Cornejo.

Más preguntas. ¿Corrió Massa con el caballo del comisario, es decir con amplios poderes para tomar decisiones inmediatas sobre el bolsillo de los argentinos, como la devolución del IVA a las compras con débito y la asignación de bonos a los públicos y privados?

¿No tenía Patricia Bullrich más que ofrecer que el aniquilamiento (palabra despreciable si las hay) y final del kirchnerismo?

¿Se empachó Milei con el batacazo de las PASO y no pudo ampliar su diccionario más allá de casta, dolarización y motosierra?

La moneda ya está en el aire una vez más. Ahora, a pensar en el balotaje del 19 de noviembre y en el debate del 12. Y será Massa o Milei. A cara o cruz, aunque con el tigrense con una buena diferencia a su merced.

¿Y mientras tanto? ¿Se darán cuenta los que le entregarán el bastón a Massa o a Milei el 10 de diciembre que la inflación y la suba de los precios nos están matando lenta e inexorablemente? Porque más allá de los festejos, las sorpresas y las derrotas, el tan mentado lunes -el temido día después- ya es realidad.

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