Existe una idea tan generalizada como equivocada: la rentabilidad es lo que sobra de las ventas luego de cubrir todos los costos. Incluso se suele utilizar el concepto “margen sobre ventas” como un indicador de rentabilidad. Y para que el error sea completo, se toman datos contables para su cálculo.
Cómo calcular la rentabilidad de un negocio sin morir en el intento
La mayor parte de las empresas y del mainstream económico desconoce cómo se calcula, algo clave siempre pero mucho más en estos momentos
La mayoría no comprende cómo se calcula la rentabilidad de un negocio.
Foto: Martín PravataNada más lejos de la realidad económica y financiera de una empresa, proyecto de inversión y/o negocio, que lo que dice la contabilidad convencional.
Precisamente, está basada en convenciones, he ahí su principal problema.
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Mi experiencia de más de 25 años asesorando empresas, negocios y personas, es que la mayoría no comprende cómo se calcula la rentabilidad; algo que siempre fue muy importante saber pero hoy mucho más, dado que la baja de la inflación, la eliminación de subsidios, la eliminación de políticas redistributivas y/o sectoriales, dejan en evidencia la mala gestión.
“No es la macro la que hace quebrar empresas, sino la mala gestión micro” decía Tom Copeland uno de los autores de una de las biblias de las finanzas: Valuation: Measuring and Managing the Value of Companies.
Los errores lógicos y matemáticos de la contabilidad convencional y la microeconomía tradicional
La contabilidad convencional parte de convenciones sobre cómo valuar activos, considera flujos a cosas que no lo son, y no incluye el costo de oportunidad del capital propio dentro de sus cálculos, entre otros errores u omisiones.
Tomemos un ejemplo típico, la valuación de los bienes de cambio.
La contabilidad utiliza básicamente 3 métodos (tiene algunos más pero estos son los más usados): FIFO (primero entrado primero salido), LIFO (último entrado primero salido) y PPP (precio promedio
ponderado).
Cualquiera que se utilice no tiene en cuenta el verdadero valor que un activo tiene, esto es, su valor de mercado.
Cuánto me paga el mercado si lo vendo en el estado que está hoy ese activo.
Una de las cosas más importantes al momento de valuar y de calcular rentabilidad, es saber cuánto capital hay invertido en esa empresa, negocio o proyecto. Los accionistas (algo mejor que llamarlos dueños, que tiene reminiscencia jurídica y no económica) deben saber cuánto capital tienen invertido, y la forma es calcularlo a precio de mercado.
Esto es así, porque el capital puede ser invertido en otras cosas, y la idea central es que los accionistas sepan la rentabilidad de ese capital colocado en una empresa, para poder decidir si siguen o no allí.
Si el capital se valúa en base a convenciones, nunca sabremos cuánto capital tenemos invertido y mucho menos su rentabilidad.
En cuanto a la microeconomía tradicional, aquella que enseñan la mayoría de las universidades, está muy lejos de mostrar lo que sucede en la realidad. Dicha realidad no se mueve en base a curvas de indiferencia, equilibrios o costos medios y totales. Tiene dos problemas fundamentales: no tiene en cuenta el tiempo ($100 de flujo hoy es igual que $100 de flujo dentro de 3 años) y no tiene en cuenta la productividad ($100 de flujo obtenido con $1.000 de capital, no es lo mismo que si se obtienen con $10.000 de capital).
A lo anterior, cabe agregar que se basa en el modelo de competencia perfecta, que no sólo no refleja la realidad de lo que sucede en el mercado, sino que tiene un grave error matemático (es decir, en su mismo idioma).
Siempre recuerdo a mi querido amigo Juan Carlos Cachanosky cuando nos explicaba este error, y cómo implicó que el propio Samuelson (autor principal de dicho modelo), tuvo que corregir su famoso libro “Economía”, cuando le marcaron este error matemático; todo desarrollado en su ensayo Certidumbre, Incertidumbre y Eficiencia Económica
La idea de Samuelson, es que en competencia perfecta, ninguna empresa puede modificar el precio, sólo puede modificar la cantidad. Esto se debe a que cada empresa no es lo
suficientemente grande como para imponer un precio, el producto es homogéneo entre los oferentes, existe información perfecta y la economía estaría en un equilibrio que nadie de forma unilateral podría romper.
Quedaría algo así:
D: Demanda
P: Precio
Q: Cantidad
O: Oferta
Matemáticamente hablando, la sumatoria de las D de cada empresa, debería dar la curva de demanda del mercado. Pero entonces, ¿cómo curvas de demandas totalmente horizontales (elásticas) podrían dar como resultado una curva de demanda en el mercado con pendiente negativa?
Exacto, no podrían. Este error matemático, tira por la borda el entramado matemático de Samuelson y su modelo de competencia perfecta. Es por esto, entre otras razones, que mi amigo Juan Carlos nos decía que un economista matemático (85% de los economistas que salen de las universidades), es un “merger” entre economistas que no saben nada de matemáticas (y yo agrego de estadísticas), matemáticos que no saben nada de economía (y yo agrego de finanzas).
El daño que la visión neoclásica/keynesiana le ha hecho a la ciencia económica, es tremendo.
Calculando correctamente la rentabilidad
Toda empresa, proyecto, negocio y/o inversión, tiene dos tipos de rentabilidad:
- 1) Rentabilidad operativa o del negocio: a) Flujo de fondos / capital invertido (a precio de mercado y sin convenciones).
- 2) Rentabilidad para el accionista (dueños): Valor Económico Agregado a) Rentabilidad Operativa - Costo del Capital (deuda + propio),
Uno de los grandes errores que cometen las empresas (y que hoy es clave para entender por qué cierran empresas “supuestamente” exitosas), es que incluyen cifras que nada tienen que ver con la realidad que la empresa, negocio, proyecto o inversión, transitan y/o van a transitar.
Un ejemplo típico es incluir en la estructura de costos, el valor que se paga en energía, sin considerar si contiene o no subsidio. Esto sólo podría implicar que una empresa quiebre o tenga que cerrar, ya que, durante muchos años tuvo fuertes subsidios que hacían ficticiamente baja dicha estructura de costos.
Hoy, al sincerarse el valor de la energía, la rentabilidad pasó a ser negativa.
En realidad siempre fue negativa, pero estaba camuflada por ese subsidio. Es clave para ello, calcular la rentabilidad intrínseca del negocio/inversión, es decir, la rentabilidad que tendría sin subsidio, dado que en el largo plazo, no existirá más ese subsidio.
Lo mismo sucede si hay subsidio en otros servicios, en la tasa de interés, etcétera. No muerdan el anzuelo porque luego termina en cierres de empresas, negocios quebrados, malas inversiones y proyectos dejados a mitad de camino, todo lo cual, implica capital hundido y perdido que no se recupera.
Aprovechen los subsidios, pero no crean que la rentabilidad obtenida es real.
Sólo la intrínseca (sin políticas económicas) es la real.
Quedará para otra columna, explicar cómo autosabotean la gestión los propios accionistas (ejemplo: usar la camioneta propia para llevar los pedidos).
Grabarse a fuego: Ninguna política económica hace rentable lo que no es rentable.
Muchas empresas que se montaron desde el 2003 en adelante, hoy tienen que cerrar porque no calcularon correctamente la rentabilidad, nada tiene que ver la macro. Es más, comprender el contexto macroeconómico en el que se va a desarrollar el emprendimiento, también es parte de la gestión; es responsabilidad del accionista estudiarlo para no caer preso de políticas económicas.
Síntesis. La verdad está más allá de la realidad, decía Aristóteles. Detrás de las políticas económicas está la “real realidad”, como decía el personaje de Gasalla.
Utilicen la lupa de la ciencia económica verdadera para mirar debajo del agua.