Permítanos, lector/a, una introducción que creemos necesaria antes de entrar específicamente en el comentario de la Fiesta vendimial de la noche del sábado.
Así se vio por TV la nueva Vendimia: un show con altibajos que no dejará marca
La mejor forma de generar tradición es haciendo cosas nuevas. Abelardo Vázquez, el gran creativo que tuvo la Vendimia en los años '60 y '70, necesita descendencia de ese talante. El problema de los creadores vendimiales desde hace varios años es que se retroalimentan entre ellos. No se airean. A veces pareciera que trabajan para el reconocimiento de la capilla en la que oran los hacedores culturales.
Los gobiernos de turno, organizadores de la Fiesta, también cierran caminos con aquello que suelen exigir en las bases de los concursos. Tienen miedo de molestar a los tradicionalistas, que son como la KGB vendimial. El equipo que no pone a la Virgen de la Carrodilla, a los huarpes y a los inmigrantes en el guión, tiene menos chances de ser elegido. Esa es la queja que hemos escuchado recitar a muchos de los creativos que quedan en el camino.
En los últimos 20 años varios de los directores de la Vendimia se han acercado a alguna novedad y han sido en general correctos artesanos; tampoco es que hayan sido malos. Pero han estado lejos, muy lejos, de la excelencia de fiestas señeras, inolvidables, como la Vendimia de Cristal, de 1971, ideada y dirigida por Abelardo Vázquez.
Ya hay un piso que la estructura vendimial no tiene permitido taladrar. Un mínimo de calidad está siempre asegurado. El camino hacia el techo de excelencia es el que tiene pocos visitantes. Los guionistas y directores no parecen estar preocupados por lograr esa superación.
El que lo mira por TV
Dicho esto, pasemos a lo que vimos por televisión. ¿Cómo se vio por TV Milagro del vino nuevo, el producto que patentaron Arístides Vargas como guionista; y Vilma Rúpolo y Federico Ortega Oliveras, como codirectores?
Se vio, como todos los años, fragmentado, y con el "pecado" que tiene la TV de aumentar con sus primeros planos los errores y las desprolijidades de bailarines y actores, que no fueron pocas en el escenario. La directora Rúpolo había admitido un día antes que hubiera querido tener un mes más de ensayo.
Entonces lo que se vio en la tele fue como un merengue, un show de varieté, que no logró amalgamar los diferentes cuadros ni tampoco contar una historia. Un par de glosas del talentoso pero reiterativo Arístides Vargas son como esa golondrina solitaria que no hace verano.
Pareciera que el guionista de Vendimia es alguien que hace jingles grandilocuentes para que luego algún director o directora los pegue como chicles en medio de una serie de cuadros inconexos. Tendríamos que probar que el guionista y el director o puestista vuelva a ser la misma persona. Por la coherencia, digo.
Aclaro: cuando más arriba dije "varieté", no fue para descalificar ese rubro en el que se han hecho cosas notables. Lo que digo es que el género vendimial puede incluir aspectos del varieté, pero es mucho más que eso.
Según lo que se ha venido cocinando en los 86 años de espectáculos vendimiales, estamos ante una amalgama de géneros. La Vendimia es un pastiche que en algunos pocos casos ha logrado ser magnífico: tiene algo de la ópera, del musical, del drama, de la comedia, de cosas que nos ha enseñado el cine, del radioteatro, de Favio.
Desacoplados
Quien ve la Vendimia en vivo y en directo en el Romero Day, observa un producto integral. Ese espectador disfruta de las maravillosas posibilidades que tiene ese anfiteatro. Las luces que nos asombran de un lado y del otro, el sonido envolvente entre los cerros, los movimientos de masas en el escenario central y en los otros tablados secundarios. Y a veces esa visión totalizadora que se tiene desde las gradas impide hacer foco en los errores de los artistas.
Pero, sobre todo, quien ve la Fiesta in situ experimenta la vibración inigualable de estar con miles de espectadores "en misa".
La televisión, en cambio, tiene la "desgracia" de que, al tomar de cerca a bailarines y actores, remarca los defectos y la falta de sincronización. El sábado hubo muy pocos cuadros donde la coordinación exhibió una coherencia que nos hiciera mirar sin estar esperando a ver quién o quiénes se desacoplaban del resto.
Para que pudiéramos ver algo diferente en TV, la fiesta tendría que estar editada. Imposible. El espectador vendimial de TV prefiere la espontaneidad del "vivo". Algo que aún no se ha logrado es hacer un guión específico para televisión, además del que se hace para el anfiteatro.
Como ya viene siendo habitual, uno de los puntos altos de la noche fue la orquesta y los cantantes en vivo, bajo la dirección musical de Mario Galván y Pablo Budini. Quizás habría que poner un cacho más de cuidado en el sonido para la TV. En algunos temas, el tono de voz de los cantantes fue tapado por los instrumentos.
Sana locura
A este reencuentro con la Vendimia luego del parate de la pandemia en 2021 le faltó que lo calibraron mejor, se notó la falta de ensayos, de aceitado. Faltaron conectores. A veces cansa ver ese corretear de los artistas de un lado a otro a fin de llenar el gran escenario. En el arte, como en la moda, muchas veces menos es más.
Hubo momentos logrados, como las bailarinas que simulaban flamencos de la laguna de Llancanelo, o el homenaje a San Martín, o el malambo final bailado por mujeres y hombres. Y quizás parte de su acierto fue porque estuvieron bien cronometrados. En cambio, otros pasajes de tinte teatral (el patio criollo, por caso), se extendieron demasiado y estuvieron apunto de perder su efectividad.
Lo que faltó fue coherencia conceptual para amasar todos los ingredientes y que el espectador pudiera hacerse una idea de cuál era el relato. No digo que no se pueda mezclar la Virgen de la Carrodilla con una drag queen o un trapero. Digo que las historias nos deben emocionar, motivar nuestra inteligencia y generar empatía, pero para eso se requiere de "muñeca" y de una inteligente locura.
Lo que vimos en el anfiteatro Romero Day no da para ponerle un desaprobado, pero tampoco para decir que Milagro del vino nuevo vaya a ser recordado como algo de excepción. Esta Fiesta no va a dejar marca.


