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Argentina, aún despelotada, se fortalece en el sistema

Por Manuel De Paz

La Argentina, que no suele ser ejemplo de muchas cosas, es por estos meses un sitio del mundo donde una crisis política y económica es manejada dentro de los márgenes que fija la legalidad. Despelotados, pero civilizados. No es poca cosa.

En realidad el gran antecedente del actual derrotero se encuentra en el fenomenal crash que vivió el país hacia fines de 2001 con la renuncia del presidente Fernando De la Rúa en medio del maldito corralito, los saqueos y la muerte y la violencia en las calles.

En aquel diciembre, pese a ese cuadro terrible de fracaso político, el sistema siguió funcionando. Y el secreto fue respetar a rajatabla los pasos que marcaba la legalidad. Ese marco legal ya preveía todos esos escenarios horribles y daba los remedios para solucionarlos o apaciguarlos sin que nos fuéramos al carajo.

Fue el bendito sistema el que nos salvó en 2001. El Poder Legislativo tomó las riendas. Primero se siguió la línea de sucesión prevista para estos casos. Tuvimos un primer presidente temporario, el senador Adolfo Rodríguez Saá, que resultó espantoso, al que rapidamente sucedió otro senador Eduardo Duhalde, quien logró llevarnos, haciendo el trabajo más duro de reacomodamiento, hasta el 2003 en que  volvimos a elegir presidente.

Camino a La Paz

A los que nos tocó vivir golpes de Estado y padecer a militares alzados contra la Constitución sabemos la enorme diferencia que hay entre una crisis vivida dentro de la institucionalidad, y una dictadura militar.

Por eso cuando leí que un jefe militar le había exigido la renuncia al presidente de Bolivia Evo Morales sentí un profundo asco.

A Morales, del cual tengo una opinión con varios claroscuros, debió habérselo cuestionado siguiendo siempre el procedimiento legal que fija la Constitución y que tiene, como en la Argentina, al Poder Legislativo como actor principal para sostener la emergencia hasta que se convoque a nuevas elecciones.

Podríamos decir que Morales abonó con su accionar de "presidente eterno"  acciones poco democráticas como ignorar un plebiscito de 2016 donde una mayoría (el 51,3% de los bolivianos) rechazó que se reformara la Constitución con la que se buscaba una nueva reelección de Evo, o como el de manipular los datos en la reciente elección presidencial, unos comicios que fueron catalogados por la OEA como"viciados de nulidad".

Pero así y todo, no se puede aceptar que un presidente en ejercicio sea volteado por una rebelión de la policía ni que sea el jefe del Ejército el que le ordene al presidente la dimisión. Eso es golpe de Estado. Máxime cuando todo indicaba que el amañado cuarto mandato consecutivo de Morales ya se estaba cayendo por sí solo

¿Pasó un ángel?

Los últimos cuatro meses han sido en la Argentina una montaña rusa. Las PASO nacionales fueron un cachetazo para el oficialismo, que ninguna encuesta logró prever, así como luego tampoco los sondeos previeron la remontada que Macri obtuvo y que le permitió alzarse con el 40% de los votos, sin que esto diera vuelta el triunfo en primera vuelta del Alberto Fernández-Cristina Kirchner.

En el interín han habido cortocircuitos, denuncias y contradenuncias, fuertes debates, descalificaciones y amenazas de apocalipsis sobre todo desde lo económico. Pero a pesar de todo eso, una invisible corriente cívica ha estado alimentando la vida cotidiana.

Tanto los que se van en pocas semanas, como los que serán gobierno desde el 10 de diciembre parecen haber entendido que el juego político tiene sus límites. Sanos límites. Sobre todo en un país con economía tan volátil.

De manera increíble, nadie en su sano juicio ha pedido en estos cuatro meses ni helicópteros, ni entrega del poder adelantada, ni agachadas maulas para sortear la ley. Y a los que se les ha calentado demasiado el pico, ha sido la propia realidad la que los ha hecho volver a centrarse.

Créame: los que curtimos varias décadas de argentinidad sabemos que esto no es moco de pavo.

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