Análisis y opinión

Argentina: daño colateral voluntario

Los constantes problemas que genera la política argentina nos ha dejado a los argentinos mirando anestesiados el deterioro generalizado

El daño colateral suele ser una reacción adversa a una consecuencia no buscada…

Tengo 55 años. Desde que tengo memoria, Argentina está en crisis. Desde hace décadas, padecemos ese demonio que todo lo destruye: la inflación.

La inflación devora el poder adquisitivo, los proyectos, las ilusiones, los sueños…, la dignidad.

También la educación, la cultura, la paz social.

Los argentinos hemos aprendido “manejo defensivo” ante este flagelo en una suerte de instinto de supervivencia. Hemos “logrado” vivir expectantes, alerta…extremadamente estresados.

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Miramos impávidos y comparamos. Por un lado, la realidad ya no solo de países desarrollados, sino la de países de la región con índices de inflación de 1 dígito anual. Una utopía en Argentina. Por el otro lado, solo miramos anestesiados el deterioro mencionado en estado catatónico…No es hiper, pero siempre está cerca.

Nuestros gobernantes, siempre creativos con nuestro dinero; le encontraron la vuelta. Regalar plata. Y más aún cuando se acerca fin de año y el fantasma de 2001 todos los años.

177 impuestos y contando. El comerciante, el industrial, el almacenero; todos se cubren porque si no, no sobreviven, no reponen, no comen.

Años y años de recetas perimidas, obsoletas, dañinas. 12 años de recesión con inflación. 30 tipos de dólar. Incorporaciones masivas a los estados nacional, provincial y municipal. Ahí justamente. Al Estado, ese que no produce absolutamente nada. 23 millones de cheques todos los meses para pagar jubilaciones, empleados; pero además planes, ñoquis y asesores que en la gran mayoría de los casos, pueden llegar a 35/40 solo para un funcionario/a. Verdaderas pymes.

Derroche, descontrol, cargos inexistentes con empleados inexistentes y/ó sin funciones específicas ni útlies.

El Estado: ese socio atorrante que tenemos todos los argentinos. Ese que participa vorazmente de nuestras ganancias pero no de nuestras pérdidas. Y sus conductores de turno, esos que nos miran desde un pedestal, desde otra realidad, con sueldos estratosféricos, esos que en esta temporada podrán veranear(solo para nombrar una nimiedad), esos que luego de dejar la función pública, mágicamente se transforman en empresarios. Ó, si no dejan la función pública, la abrazan con una fuerza inusitada durante 30/40 años sin haber arriesgado ni un solo peso propio en el desarrollo de su propia vida. Seguro completo, libre de daños colaterales. Una vida feliz y ordenada.

Dan envidia. Dan bronca. Quienes solo aprendimos a trabajar, no gozamos de tan excelsos beneficios.

Los contribuyentes obligados, pagamos una vida primer mundista; pero “disfrutamos” las delicias del tercer mundo. Con la inflación más alta del planeta. Y lo peor, es que seguimos teniendo las pantallas de la tele inundada de personajes probadamente parasitarios, inútiles y obsecuentes dando recetas futuras y tratando de colocarse en algún cargo para 2023.

No estamos aquí solo para durar. La vida no puede ser duración porque no hemos nacido para durar. Hemos nacido para vivir y desarrollarnos con dignidad.

Están jugando con nuestra dignidad, nuestro tiempo, nuestro dinero…nuestra paciencia.

Lo saben, lo ignoran. Y es peligroso.

El autor es Locutor Nacional

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