Es un ritual sanguinario que se celebra cada año en la comunidad de Citilcum, en Yucatán. La gente se reúne en el centro del pueblo, donde se instala una estructura formada por dos largas columnas de cemento con una viga encima, transversal, que viene a funcionar como un patíbulo.Allí se cuelgan piñatas artesanales, fabricadas con cartón y colores brillantes, pero en vez de contener caramelos y otras confituras, adentro se colocan animales vivos, como iguanas y zarigüeyas.
Una triste y sangrienta tradición que buscan prohibir
