La situación que se está viviendo en Afganistán, con el ingreso al gobierno del ejército de extremistas religiosos talibanes, tiene en vilo al mundo. Uno de los aspectos más preocupantes es el lugar en el que quedan las mujeres este tipo de regímenes. La doctora Estela Celia Kohn, quien fue parte de la organización Médicos Sin Fronteras durante 35 años y actualmente trabaja en el Hospital Español de San Rafael, vivió en Afganistán en dos oportunidades.
Una médica sin fronteras contó la dura realidad de las mujeres en Afganistán
Ella contó a Radio Nihuil su experiencia.
Vivencias difíciles
La doctora Kohn relató qué fue lo que vio y vivió durante los años de residencia en Afganistán con respecto a la vida de las mujeres en ese país.
Si bien destacó que cuando ella vivió en Afganistán los talibanes no gobernaban, sostuvo que igualmente era difícil para las mujeres, aunque habían adquirido algunos derechos como el de asistir a la escuela. "Creo que esas libertades ahora se van a perder", destacó.
Kohn manifestó que lo que ocurre en estas tierras es cultural, por esto quizás en Occidente cueste entender el fenómeno.
"Hay que vivir ahí para entender, se trata de una cultura milenaria donde la mujer tiene otro estatus en la sociedad musulmana, pero sobre todo en la afgana".
Consultada acerca de cuáles son las prohibiciones que, regularmente y no solo bajo un régimen talibán, viven las mujeres, la doctora dio dato que enciende la alarma con respecto a la situación.
"Las mujeres en Afganistán no pueden moverse solas en la calle tienen que tener a un hombre que las represente. No pueden asistir a una consulta médica por su cuenta, y si es una dolencia ginecológica, un sangrado por ejemplo, las tiene que llevar el marido y aceptar la práctica médica que van a hacer, y no en un periodo talibán. Yo calculo que ahora se va a poner todo mucho más duro".
Un país subdesarrollado
La médica vivió en Afganistán en el 2002 y luego entre el 2011 y el 2012 y contó lo que ella pudo apreciar de la situación política y social del país.
"En mi última misión, yo dije que se habían abierto los ojos, pero mal abiertos. Cuando pudieron usar los medios de comunicación -ya que con los talibanes no tenían acceso a la televisión ni a Internet, interpretaban mal la información. Por ejemplo, muchos bebés se morían por desnutrición provocada por la diarrea, porque ellos creían que había que darle leche en polvo y en este país no tienen agua potable, entonces la leche estaba infectada. Los cambios no fueron del todo buenos".
También destacó que el nivel de desarrollo de la población es muy bajo y que las diferencias sociales son abismales.
"Así como en Kabul hay palacios ostentosos, hay regiones más del interior, como la de Jalalabad, en donde algunas personas viven en cuevas, a -20° y sin agua potable".
En cuanto al medio de vida de los habitantes, explicó que es muy difícil la subsistencia porque no hay superficie cultivable. Muchas de esas personas viven del opio o de cultivar amapolas, en los 4 o 5 metros de superficie para cultivar hacen eso y lo venden. Ese es el gran negocio de los talibanes.
Vivir en peligro
La médica relató también que, en varias oportunidades se sintió en peligro. "Una vez, en el 2002, llegamos a un lugar en el que estaban robando un camión, entre una clínica y otra. Yo iba con mi traductor y el chofer y nos retuvieron ahí. Es un país peligroso, no se puede andar caminando en la calle".
Destacó que en las últimas misiones en Kabul, pudieron transitar, pero siempre con un guardaespalda. En cuanto a si notaban la presencia del ejército de Estados Unidos, según describió, sí se notaba, pero solo en algunos lugares, no en todos porque se trata de un país de gran extensión geográfica.




