Cada mañana antes del amanecer, cientos de camiones cargados con toros y vacas entran en el gran recinto del matadero de Nueva Delhi, donde varios jóvenes se apresuran a descargar la mugiente mercancía. Evitando las plastas de estiércol fresco, sacan a los animales de los vehículos, llevándolos a la subasta diaria y después al matadero. El trabajo es duro y el dinero que supone, escaso.Pero el negocio es enorme. Pese a la creencia hindú de que las vacas son sagradas -y al hecho de que su sacrificio está prohibido en la mayor parte del país- India es el quinto consumidor de ternera y el segundo exportador en el mundo.
Sube la presión contra la carne vacuna en India
