En un momento crítico para la estabilidad de Medio Oriente, el director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), el argentino Rafael Grossi, lanzó una advertencia tajante: cualquier intento de acuerdo de paz entre Estados Unidos e Irán será estéril si no incluye un régimen de inspecciones "extremadamente detallado" y el acceso inmediato de los técnicos internacionales a las plantas nucleares de Teherán.
Para Grossi, la situación ha cruzado un umbral peligroso. Según informó el diplomático, el organismo ha perdido la supervisión directa sobre un stock clave de 440 kilos de uranio altamente enriquecido (al 60%), una cantidad que, técnicamente, permitiría a la República Islámica fabricar hasta diez bombas nucleares si decidiera militarizar su programa.
Durante una conferencia de prensa brindada este miércoles, en coincidencia con los rumores de una posible prórroga de la tregua entre Estados Unidos e Irán, Grossi fue categórico respecto a la viabilidad de los tratados diplomáticos. "Irán tiene un programa nuclear muy ambicioso y extenso. Todo ello requerirá la presencia de inspectores. De lo contrario, no habrá acuerdo; solo existirá la ilusión de uno", sentenció.
La preocupación del OIEA radica en que, tras los recientes conflictos armados —incluida la denominada "guerra de los doce días"—, los inspectores no han podido verificar físicamente los sellos de seguridad colocados en junio de 2025. El material se encuentra almacenado en botes de gas dentro de túneles de difícil acceso en Isfahan, lo que hace imposible cualquier control remoto.
El riesgo de una carrera armamentista nuclear
Grossi explicó que, aunque no hay pruebas de un "programa institucionalizado" para fabricar la bomba, la capacidad técnica de Irán ha avanzado a pasos agigantados, superando incluso las limitaciones del antiguo acuerdo nuclear (JCPOA).
"Estoy genuinamente preocupado por una carrera armamentista masiva", señaló el titular del OIEA. El temor del organismo es que, si se pierde el rastro exacto del uranio enriquecido, otros países de la región —como Polonia, Corea del Sur o Japón— puedan sentir la presión de buscar sus propios arsenales nucleares ante la falta de garantías internacionales.
La respuesta de Teherán
Desde Irán, la respuesta no se hizo esperar. El Ministerio de Relaciones Exteriores reafirmó el derecho de su país al uso pacífico de la energía atómica, aunque dejó una puerta abierta a la diplomacia. "Enriquecer uranio es indiscutible para nosotros, pero el nivel de dicho enriquecimiento es negociable", afirmó el vocero, sugiriendo que el régimen de los ayatolás podría ceder en la pureza del material a cambio del levantamiento de sanciones y el cese de las hostilidades.
Por ahora, el escenario mundial observa con cautela. Mientras Donald Trump endurece su postura exigiendo un acuerdo inmediato y definitivo, Rafael Grossi insiste en que la única garantía de seguridad real no reside en las promesas políticas, sino en los ojos y los instrumentos de medición de sus inspectores en el terreno.




