"Las niñas de Alcàsser": un triple crimen, una conspiración y 170 años de prisión

Por UNO
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Miguel Ricart
Miguel Ricart
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Míriam García, Toñi Gómez y Desirée Hernández, las 3 víctimas de Alcácer.
Míriam García, Toñi Gómez y Desirée Hernández, las 3 víctimas de Alcácer.
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Míriam García, Toñi Gómez y Desirée Hernández, las 3 víctimas de Alcácer.
Míriam García, Toñi Gómez y Desirée Hernández, las 3 víctimas de Alcácer.
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Monumento en el cementerio de Alcácer que recuerda a Míriam García, Toñi Gómez y Desirée Hernández.
Monumento en el cementerio de Alcácer que recuerda a Míriam García, Toñi Gómez y Desirée Hernández.
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Miguel Ricart.
Miguel Ricart.
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Escena donde encontraron los cuerpos y se recopilaron pruebas así nomás.
Escena donde encontraron los cuerpos y se recopilaron pruebas así nomás.

Muy pocos quizás lo recuerden. Pero recientemente un documental de Netflix de cuatro capítulos y la muerte del periodista Juan Ignacio Blanco lo trajeron a los primeros planos nuevamente. 

El conocido como el crimen de Alcácer,Alcàsser, quedó en la historia como el primer caso mediático de la historia de España. Alcácer es una pequeña localidad de España, en la provincia de Valencia y en 2016 tenía apenas 9692 habitantes.

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¿Por qué quedó como tal? Porque los medios tomaron un papel tan relevante que terminaron por entorpecer cualquier investigación en curso, investigación que, encima, dejó más dudas que certezas, por las formas de recavar pruebas, por las autopsias, las dudas en el escape de uno de los implicados, por las pruebas que no se recopilaron y porque nunca se llegó a dar con la verdad al 100%. Las teorías conspirativas emergieron en la TV a través, muchas veces, del mencionado periodista y del padre de una de las víctimas, Fernando García. 

Concretamente el caso trató de la desaparición de tres adolescentes: Míriam García, Toñi Gómez y Desirée Hernández. Se las vio por última vez la noche del viernes 13 de noviembre de 1992, cuando se dirigían haciendo "dedo" a un boliche de la vecina localidad de Picasent donde se celebraba una fiesta de su instituto.

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La búsqueda de las conocidas como "niñas de Alcácer" tuvo una fuerte repercusión en los medios de comunicación de España. El 27 de enero de 1993, setenta y cinco días después de su desaparición, dos apicultores encontraron los cadáveres semienterrados en una fosa en el barranco de la Romana, un paraje de difícil acceso próximo al pantano de Tous. El hallazgo de los cuerpos y el conocimiento posterior de las vejaciones a las que fueron sometidas conmocionaron profundamente a la sociedad.

Las investigaciones policiales apuntaron a que el triple crimen fue cometido por dos personas: Antonio Anglés y Miguel Ricart, de 26 y 23 años respectivamente. El primero, considerado el presunto autor material de los hechos, huyó en el mismo momento en el que las fuerzas de seguridad procedieron a su localización. Antonio Anglés aún se encuentra en paradero desconocido. En cambio, Miguel Ricart fue detenido, juzgado y condenado a 170 años de prisión en un juicio muy mediático, de los que solo cumplió 21 años antes de ser puesto en libertad, hace poco tiempo.

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La instrucción del caso fue duramente cuestionada por algunos de los padres de las niñas que, de manera alternativa, desarrollaron una teoría conspirativa. Según esta, la versión oficial era una tapadera para encubrir a los verdaderos criminales: un grupo de políticos y empresarios poderosos involucrados en la producción de vídeos snuff. Aunque buena parte de la teoría se sustentaba en especulaciones esta teoría se arraigó con fuerza en el imaginario colectivo de la sociedad gracias a su intensa exposición mediática.

Todo alimentado porque no había ninguna prueba de ADN que los vinculara a las niñas halladas muertas. Es que sólo hubo una confesión de Ricart, que cumplió la condena finalmente y varias dudas que rodearon a su detención. Porque primero dijo que habían cometido el crimen y apareció golpeado, lo cual pudo haber sido brutalidad policíaca; después se declaró inocente. Y finalmente mantuvo su postura pero fue condenado.

¿Qué decían las pruebas?

A finales de julio de 1995, el Instituto Nacional de Toxicología remitió al juez un informe de los cabellos, semen y manchas de sangre hallados en la caseta del barranco de la Romana, lugar en el que, según las declaraciones de Miguel Ricart, las tres niñas fueron violadas y torturadas. De acuerdo con el informe, los cabellos correspondían a Mauricio Anglés, los restos de sangre a Roberto Anglés y el semen a uno de los hermanos Anglés que no era ni Mauricio ni Roberto (por eliminación, era de Antonio Anglés).

Por lo tanto, el informe demostraba que los Anglés conocían esa caseta y que habían estado en ella (algo que ellos nunca habían negado), pero no permitía deducir que hubieran participado en el crimen porque no se podía demostrar que estuvieran allí aquel día. Ningún resto biológico recogido en la caseta pertenecía a las niñas. Y tampoco que hubiera restos de ellos significaba que se había cometido algún crimen en la caseta que era usada por los adolescentes y mayores para tener sexo, clara y evidentemente.

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En el interior del coche de Miguel Ricart, usado para raptar a las niñas, se halló un único pelo cuyo ADN también fue analizado. Resultó ser del propio Ricart.

El informe de Frontela

Inmediatamente después de las primeras autopsias y por requerimiento de las familias, el catedrático Luis Frontela realizó una segunda autopsia, más minuciosa, a los cuerpos de las adolescentes. En esta autopsia estuvieron presentes como observadores el equipo de forenses valencianos y dos guardias civiles que tomaron imágenes del procedimiento.

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Frontela llevó a cabo un estudio del ADN de los pelos que se encontraban en los cadáveres y su ropa. Se hallaron quince cabellos: tres pelos de pubis encontrados en la ropa de Míriam y Desirée pertenecían a Miguel Ricart; tres pelos encontrados en la ropa y el cadáver de Toñi pertenecían a un segundo individuo; cuatro pelos encontrados en la ropa de Toñi y el sujetador de Desirée pertenecían a un tercer individuo; un pelo hallado en la ropa de Desirée pertenecía a un cuarto individuo; y un pelo cano de cabeza encontrado en la ropa de Desirée pertenecía a un quinto individuo. Los tres restantes se encontraban dañados y no se pudieron analizar. Este hecho confirmaría la participación de, al menos, cinco personas en el crimen, entre las que se encontraría Miguel Ricart, que en su momento llegó a decir que había tenido sexo consentido con las chicas. 

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El estudio de las larvas halladas en los cuerpos, a las que Frontela solo tuvo acceso a partir de fotos y videos tomados durante la primera autopsia, sugirió que el tamaño de los insectos no se correspondía con el estado de putrefacción de los cadáveres. De este hecho, Frontela dedujo que las adolescentes fueron enterradas en dos lugares diferentes. Además, la ausencia de livideces (amoratamientos) de los cadáveres le llevó a pensar que los cuerpos de las niñas o bien sufrieron una fuerte hemorragia o bien estuvieron sumergidos en el agua, aunque no tuvo datos suficientes para demostrarlo.

El informe derivado de las autopsias fue remitido al juzgado tres días antes del comienzo del juicio, tres años más tarde, pero se hizo caso omiso. Tras el juicio, sólo dos eran los culpables.

El rol de los medios

Durante los meses en que las adolescentes se encontraban desaparecidas, prácticamente todos los medios de comunicación de la época se hicieron eco de la noticia.

Programas de televisión como Quién sabe dónde (TVE-1) de Paco Lobatón sensibilizaron a España durante su búsqueda.

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Sin embargo, muchos analistas coinciden en señalar que la noche del 27 de enero de 1993 fue el inicio de la telebasura en España. Esa noche se conoció el hallazgo de los cadáveres y el programa De tú a tú (Antena 3), presentado por Nieves Herrero y Olga Viza, trasladó su plató a Alcácer. El programa contó con la presencia de los familiares de las desaparecidas, cuyo dolor fue retransmitido en directo a medida que se iban conociendo los macabros detalles de la recuperación de los cuerpos. Herrero llegó a mostrar una gran falta de tacto durante la emisión, al decirle a la madre de una de las víctimas que sostenía una de sus fotografías "abrace a su hija, abrace a su hija".

Además, el "público" asistente, que eran habitantes del pueblo que conocían a las familias, aplaudía enfervorecido a medida que se iban conociendo las primeras detenciones esa misma noche que finalmente quedaban en la nada. El programa y la propia Nieves Herrero fueron criticados por estos hechos durante años pero quedaron en la historia como los de mayor rating. 

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Incluso si se quisiera hacer a propósito, no se lograría un programa tan crudo. 

Por otro lado, durante el juicio a Ricart (1997), los programas Esta noche cruzamos el Mississippi (Telecinco) de Pepe Navarro y El juí d'Alcàsser (Canal Nou) de Amalia Garrigós también generaron mucha polémica por centrarse en los aspectos más morbosos de los asesinatos con el fin de conseguir buenos datos de audiencia.

En ellos se mostraron fotografías de los cadáveres (dado que el mismo Fernando García confesó luego haber robado el expediente del caso y fotocopiado todo) y se discutieron temas escabrosos, como si las chicas tenían la regla o si se les habían quemado los pezones.

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El propio padre de una de las chicas, García y Juan Ignacio Blanco usaban estos programas como plataforma para difundir su teoría de la conspiración. Incluso Blanco afirmaba tener un video sobre lo que pasó realmente con las chicas, que en el documental de Netflix le pidieron ver (y no difundir) y éste se lo llevó a la tumba y aún no ha sido difundido.

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Más del rol de periodismo  

El periodismo basura no se limitó a la TV en vivo y alcanzó también a la prensa escrita. En abril de 1997, el abogado Emilio Rodríguez Menéndez firmó y publicó una supuesta entrevista con Antonio Anglés en el diario Ya, del que era editor. Las fotografías de Anglés que aparecían en la entrevista fueron analizadas por la Guardia Civil, que desde el primer momento negó que se tratase del fugitivo. Dos meses más tarde, la revista Interviú detalló que se trataba de una manipulación informativa tramada para aumentar las ventas del diario que atravesaba una fuerte crisis económica. El falso Anglés resultó ser un modelo argentino que aseguraba desconocer la intención con la que le fueron tomadas las fotografías. El director del diario, José María de Juana, dimitió de su cargo.

¿Y en qué quedó todo?

Todo un sinfín de situaciones que mancharon la memoria de las chicas. Todo un dolor que aún llevan las familias, 27 años después, incluso las familias de los acusados, dado que Ricart tenía una hija que en el documental de Netflix sale de espaldas para resguardar su identidad (se cambió el nombre). Y una sola realidad: difícil será realmente saber qué les pasó a las chicas, y conocer toda la verdad al respecto, más allá del juicio que dictó sentencia, dada tamaña manipulación mediática, tamaño desmanejo policial a la hora de recavar las pruebas y cómo se ignoraron otras pruebas presentadas durante el juicio, además de la misteriosa desaparición de Antonio Anglés. 

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