En 1987, Evelyn Lauder tenía 51 años. Llevaba casi tres décadas casada con su amado Leonard (hijo del creador de la marca de cosméticos Estēe Lauder) y miraba con orgullo de madre cómo crecían los jóvenes William y Gary. Fuera de casa, era la vicepresidenta de la compañía familiar y dirigía con pasión la División Fragancias. Tenía una vida cómoda y feliz. Hasta que recibió un diagnóstico positivo de cáncer de mama y decidió reordenar sus prioridades y emprender nuevas luchas.Además de su pelea personal por sobrevivir, Evelyn le propuso a su amiga Alexandra Penney (editora de la revista Self) concientizar a las mujeres sobre la prevención y el tratamiento de esta enfermedad. Para empezar, crearon el famoso lazo rosa y lo distribuyeron en todas las tiendas de Estēe Lauder. Eligieron ese color por su asociación con el mundo femenino y lo replicaron en múltiples acciones: surgió la idea de instaurar un mes específico al año para hablar del cáncer de mama, el apoyo incondicional para todo tipo de campañas y la original iniciativa de iluminar de color rosa los edificios emblemáticos de las grandes ciudades. Desde la Torre Eiffel en Francia, la CN Tower en Canadá, el Empire State en Estados Unidos, el Taj Mahal en India y hasta nuestro Obelisco porteño se vistieron especialmente para la causa.
La historia del lazo rosa por el cáncer de mama
