Marita Lorenz, la primera amante que tuvo Fidel Castro cuando llegó al poder en Cuba, asegura en las entrevistas que ha concedido para presentar sus flamantes memorias "Yo fui la espía que amó al comandante" (Paidos), que solo se arrepiente de una cosa en la vida: no haberse quedado en la isla después de renunciar a convertirse en la asesina del líder de la Revolución Cubana.Su turbulento idilio con el dictador cubano en 1959 desembocó en lo que ella creyó ser un aborto y que la empujó confusa a EE. UU., algo que la CIA aprovechó para convencerla de viajar a La Habana con dos píldoras para asesinar a Castro a finales de 1960.
La amante que pudo haber matado a Fidel Castro
