Un orgasmo en menos de dos minutos. Parece una publicidad pero no. En Europa es furor el Satisfyer.
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“¿Tú también? Solo esta tarde me han preguntado doce chicas más por él. Está agotado”, decía la empleada de una tienda. En otros sex shop españoles eran pocos o nada lo que quedaba.
“Se vende muchísimo, pero no son los chicos los que se animan a regalárselo a sus novias; ellos prefieren algo en lo que también puedan participar”, aclaran desde el mostrador y aseguran que hacerse con el modelo de Satisfyer que tiene cuerpo de pingüino es una hazaña prácticamente imposible: “Ese sí que ha volado, no lo encuentras ni por Amazon”.
La fiebre por el Satifyer es un auténtico huracán y fenómeno social.
El secreto a voces que llevaba meses prodigándose por corrillos, redes sociales y chats grupales femeninos de WhatsApp es una realidad. El vibrador que ha desterrado al orgasmo con penetración de la vida de las mujeres y que promete alcanzar el clímax en apenas dos minutos (si llegan, las hay que lo consiguen en menos de uno) está, básicamente, por todas partes.
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“En un minuto vi el cielo, y lo cronometré porque le había puesto un WhatsApp a mi amiga avisándole de que lo iba a probar”, explicó una joven desde sus redes.
“Después de 20 años juntos, me ha hecho darme cuenta de que mi marido es un inútil”. Los milagros del succionador de clítoris se vocean hasta en los medios generalistas: “Una revolución sexual para muchas mujeres”, contaban el viernes desde Buena Vida, un programa español.
Cuando el feminismo y el capitalismo convergen en el orgasmo femenino
La familia de vibradores de la marca Satisfyer consta de varios modelos y tipos (los hay para hombre y mujer), pero ha sido el Satisfyer Pro 2 Vibration el que se ha convertido en la nueva estrella de la temporada.
Se maneja con la mano y a través de una suave boquilla ergonómica ofrece una succión –entendida como una pulsación– que también acaricia la cabeza visible del clítoris. El vibrador del momento combina succión con vibración y permite regular hasta 11 velocidades.
A mayor velocidad, mayor rapidez para alcanzar el orgasmo. Su precio no es elevado –ronda de forma oficial los 60 euros, algo como $3.750–, pero su mercado potencial entre las millennials se oferta de forma más asequible en Instagram.
Que un succionador de clítoris, con un nombre que podría hacer recular y santiguarse a las más liberadas, haya invadido los cajones de las mesitas de noche responde a varios indicadores socioculturales. El éxito del Satisfyer es, por un lado, otra consecuencia más en ese auge de la política feminista entre las mujeres, que reclaman como suyo el placer sexual y el conocimiento de sus propios cuerpos. El sexo se aleja de la mirada masculina (y de la penetración) que había condicionado, hasta ahora, su propia experiencia. Por otra parte, esa forma de alcanzar el orgasmo, prácticamente instantánea, encaja en la lógica de mercado de una sociedad acelerada que ha monetizado el tiempo como ninguna otra generación en la historia.
Cíclicamente, cada oleada de pensamiento feminista ha traído consigo, entre otras muchas otras consignas, una resignificación del cuerpo femenino y sus placeres; una voluntad de reclamar la identidad femenina sin la mediación del hombre. En 1974, Nora Ephron escribió en Política vaginal sobre los grupos de mujeres que se reunían para descubrir en grupo el interior de sus vaginas. En la misma época, en España, Karmele Marchante y sus compañeras feministas de LAMAR (Liga Antipatriarcal de Mujeres Antiautoritarias y Revolucionaras) organizaban jornadas de autogestión «para conocer nuestro propio cuerpo con espéculos». La cuarta ola feminista del s. XXI va más allá y pone en jaque al estresante coitocentrismo, ensalzando al clítoris para demostrar que el sexo centrado en el binomio pene-vagina es heredero de una cultura patriarcal, reproductiva y reduccionista. El Satysfier se celebra, aquí también, como una especie logro feminista y político de las millennials.
Tanta liberación, ¿para correrse en un minuto? Sí, y es aquí donde el succionador de clítoris encaja a la perfección en la realidad socioeconómica de la generación quemada. Entre toda esa sensación de estar trabajando constantemente, de vivir atrapadas en las notificaciones y de mostrarnos siempre disponibles en nuestros trabajos, correos electrónicos y teléfono móvil; entre ese barullo de autoexplotación forzada en la era de la productividad sin frenos, el Satysfier es una herramienta más que nos permite optimizarnos para pasar, acto seguido y satisfechas, a la siguiente tarea.
Fuente: El País de España




